Relatos eróticos Marqueze. El Sexo que te gusta leer.

Relatos eróticos Marqueze. El Sexo que te gusta leer.

MI ESPOSA Y SU PRIMER SEXO ORAL A UN DESCONOCIDO (REAL)

Relatos eróticos Marqueze. El Sexo que te gusta leer.



La verdad es que no sé cómo comenzar esta experiencia, que por cierto fue real, aún estoy perturbado ya que fue tan excitante como trasgresora. Trataré de ordenar las ideas y ser lo más detallado posible. Antes de relatar los hechos debo aclarar que somos un matrimonio chileno de 38 y 34 años, con hijos y siete años de casados, ambos profesionales con buen pasar económico. Yo soy un tipo normal, caucásico debido a mis antepasados europeos, de 1.76, contextura media. Mi esposa es blanca de lindas facciones, cabello castaño, bajita de 1,52 pero de una figura que llama la atención de los hombres, ya que tiene grandes pechos (pezones de areolas grandes y rozadas), linda cintura, culito bien formado y unas piernas bien torneadas que cuando usa mini y escote deja babeando a muchos hombres en la calle, lo cual me calienta mucho. Debo mencionar que para llegar a incursionar en un trío oral hubo toda una experimentación sexual previa que no estaba dirigida a un encuentro con terceros, si no que más bien eran solo fantasías de una pareja que se lleva muy bien en la cama. Para estas fantasías utilizamos juguetes, como consoladores realísticos, para simular que ella practica sexo oral en un trío. También fantaseamos con que yo soy un vecino o un desconocido que la posee con sus rudos amigos. Cuando estos juegos elevan su excitación al máximo, ella me monta, poniendo su lindo culito en posición para ser penetrada por mis dedos y dar rienda suelta a la fantasía de ser fornicada por su vagina y ano a la vez. Debo aclarar que a ella no le agrada mucho el sexo anal, debido a que se queja de las proporciones de mi pene, que aun sin ser de enormes proporciones me dificulta penetrar su pequeño orificio, es por esto que ella prefiere que le introduzca uno o a lo más dos dedos en su culo. Estos juegos se han vuelto recurrentes en nuestra vida sexual y un fetiche para ambos ya que eleva mucho nuestro potencial sexual. No hay nada más calentón que escuchar a tu mujer gemir de placer y pedir que todos los machos le den por todos los orificios y se corran en su cara y sus tetas, esto la lleva tener unos orgasmos explosivos. Expuesto lo anterior relataré nuestro encuentro casual con un tercero. Fue un caluroso día sábado de enero, dejaríamos a los niños con mi cuñado y su esposa, iríamos a comer a un sushi bar de Plaza Ñuñoa y luego ir a bailar a una disco. Durante el día le había pedido a mi esposa que fuera vestida de forma calentona, que mostrara y resaltara lo más posible sus curvas, que cuando llegara de ir a dejar a los niños debía verse ojalá casi como putita. De vuelta, me encontré con una esposa vestida muy al límite de lo socialmente aceptado; una polera extremadamente escotada, que dejaban ver la mitad de sus tetas, sujetadas por unos sostenes negros que dejaban ver el nacimiento de sus pezones, se había puesto un mini negra extremadamente corta y ajustada, la cual usaba sólo para nuestras fantasías caseras, unas sandalias de terraplén pero altas en el talón que estilizó la figura y resaltaban su culito, había maquillado sus labios de color muy rojo. Tenía un aire de actriz porno de los 70`s, lo que me dejó realmente caliente, pero a su vez asustado, ya que una cosa es vestirse en privado así y otra muy distinta es salir de carrete con tu esposa vestida de prostituta. Pensé que tal vez era mucho para la ocasión y que debía recatarse un poco, que algún conocido la podría reconocer, no se vería bien una ingeniera de bataclana en la calle. Como ven, estaba dudoso pero caliente. Todo comenzó a tomar otro cariz cuando me pidió que revisara su conchita, lo que dijo subiéndose la mini dejando al aire su sexo absolutamente afeitado, mis bolas cosquillearon y mi pene se abultó rápidamente. Subió una pierna a un sillín y me acerqué a revisar, moví sus labios vaginales para un lado y otro revisando que no hubiese ningún pelo, abrí también sus cachetes por si había alguno pero también había pasado la afeitadora por ahí. Su conchita se veía como la de una quinceañera y exudaba un excitante aroma, quise besar su rendija pero ella no me lo permitió, me dijo que después tendría tiempo para explorar. A esa altura mi pene me molestaba en el pantalón ya que estaba extremadamente caliente. Le pedí que se pusiera una tanga que me encanta, es de tiritas delgadas e hilo dental, por delante es un triángulo de color cebra muy pequeño. Cuando se la colocó me preguntó si se vería al sentarse, le dije que se sentara, lo cual hizo pero con las piernas cruzadas, le dije que no se veía nada, mentí, se veía a un kilómetro el triángulo de color blanco y negro, luego bajó la pierna para ver si se veía, tuve que tragar saliva, no solo se veía el calzón, también se podía ver su pelada concha separada por el hilo dental negro…le respondí: no se ve nada quédate tranquila, ella dudosa y con cara pícara me dijo ¿seguro?. La verdad es que estuve a punto de abortar la salida, ya era mucho, una cosa es vestirse de puta, otra muy diferente es mostrar la concha en público. Pero luego pensé, solo será por esta noche, si no lo hacemos me arrepentiré de por vida, es solo un juego. Hasta ese momento ella se veía muy segura, el inseguro era yo, estábamos llevando nuestra intimidad hacia fuera de estas cuatro paredes y eso me tenía muy dudoso, pero a su vez muy caliente. Una vez en el auto nos dirigimos a la Plaza Ñuñoa, en el camino no podía evitar mirar a mi esposa, su escote se veía increíble, ese buen par de tetas redonditas me tenían a full, pero lo que me tenía vuelto loco era su entrepierna, la mini era tan corta que no alcanzaba a cubrir su pequeño calzoncito, incluso se podía ver su monte de Venus absolutamente rapado. Estacionamos en el subterráneo en el cual no había muchos autos, nos bajamos no sin antes besar ese abultado escote. Caminando hacia el ascensor me fui unos pasos atrás, quería ver a mi esposa en todo su esplendor, su piernas se veían espectaculares y su culito moviéndose de un lado para otro me tenía hipnotizado, la falda era muy corta, si se agachaba un poco se le verían sus redondos cachetes y probablemente su desnuda rajita. Ya en la calle nos fuimos tomados de la mano, estaba algo más fresco, se estaba terminando de oscurecer, por lo que ese sector de restoranes y bares no estaba muy concurrido. Estábamos en la luz roja esperando cruzar, cuando un taxista se detuvo frente a nosotros y se quedó mirando a mi esposa con una cara muy morbosa, luego le tiró un beso muy sonoro y le dijo que estaba muy rica. Yo en ese momento me puse tenso y le grité “sigue trabajando feo culiao”. El tipo me miró y soltó una carcajada para luego decir “¿cuánto te costo la maraca?” y aceleró. Ella me pidió que me calmara y yo quedé emputecido. La miré y le dije, no ves que fue mucho, estás mostrándote toda en la calle. Cruzando la avenida me dijo apretando mi mano que era solo mía. Llegamos al sushi bar, yo aún estaba ofuscado, en el lugar no había mucha gente, de hecho casi nadie. Ella quería estar en la terraza con vista a la calle, pero no se lo permití, no quería pasar la misma rabia. Entramos, ella de mala gana accedió y nos sentamos en un rincón alejados de un par de parejas, me volvió a pedir que me calmara, que al fin y al cabo fui yo el que pidió que se vistiera así. Ella tenía razón, pensé que no valía la pena seguir dándole vuelta al percance, era nuestra noche y había que pasarlo bien. El lugar era agradable, no muy iluminado, con mesitas y sillones de cuero de colores negro, blanco y rojo. Atendían garzones jóvenes, a nosotros nos tocó un muchacho moreno de buena apariencia y muy educado. Nos ofreció la carta y nos dio algunas sugerencias. Pedimos un menú para dos, un tequila margarita para ella y una cerveza para mí. Bajé la botella de un par de sorbos, lo que me relajó y me hizo volver a estar caliente, recordé la entrepierna rasurada de mi esposa y que en la posición en que estaba podía verse su calzoncito y tal vez parte de su concha, eso me provocó una poderosa erección. El muchacho cuando trajo los sushi no quitaba la vista de las tetas de mi esposa, nos sonreía pero volvía su vista al escote. Ella lo notó ya que le coqueteó con la mirada, eso me gustó, no era lo mismo que con el taxista, acá nosotros controlábamos la situación. Luego de un tequila margarita más para ella y un ron para mí nuestra calentura era evidente, nos pusimos a besar enroscando nuestras lenguas, mis manos estaban en la cintura de ella pero teniendo contacto con la parte baja de sus tetas. Mi pene estaba que reventaba y sentía que la punta se mojaba con fluido pre seminal. Mi esposa estaba con las dos piernas abajo, por lo que pensé que debía verse su calzoncito y sus labios vaginales. Miré alrededor por si alguien miraba, ahí estaba el garzón mirándonos de reojo, haciendo que limpiaba el mesón del bar. Seguí besándola apasionadamente, pero ahora mi mano estaba descaradamente tocando sus tetas, ella no decía nada, pero su rápida respiración me decía que estaba caliente. Ella me dijo al oído “parece que quieres hacer un show al garzón”, lo miré de reojo y él bajó la mirada. Lo tienes caliente, ves cómo te mira el pendejo, ella responde que sí. Le pedí que entreabriera las piernas para que viera sus calzones, mi intensión era que viera su almejita rasurada. Ella accedió dándome un jugoso beso, desde mi posición podía ver el color cebra, pero también uno de sus labios vaginales asomado tímidamente. El muchacho se agachó un poco para ver mejor el espectáculo, yo miré alrededor por si había alguien más viéndonos, como nadie más miraba dirigí mi mano a su concha y comencé a descubrirla completamente, ella me dijo que me estaba pasando de la raya, eso me hizo aterrizar y calmarme ya que habíamos ido ya muy lejos. Jamás pensé que podíamos estar en esa situación, a lo más en fantasías o en algunas pajas furtivas, pero esto era la realidad y se nos podía salir de control. Yo a esta altura me encontraba excitadísimo, en lo único que pensaba era en culeármela donde fuese. Mi esposa fue al baño a arreglarse y acomodar sus ropas mientras yo pedí la cuenta, el muchacho casi ni me miró, se notaba nervioso o incómodo, le dejé una muy buena propia. Una vez fuera del restaurant, le pedí a mi esposa que se fuera unos metros más adelante para mirarla, ella me pidió que por favor no hiciera ninguna escena se celos, le dije que fuera tranquila meneando su culo. Me fui varios metros detrás, el barrio estaba ahora con mucha más gente, algunas mujeres que se fijaban en mi esposa balbuceaban cosas y reían, probablemente hablando de cómo estaba vestida. Hombres jóvenes y otros no tanto la quedaban mirando calentones, otros se daban vuelta a mirarle el trasero, mientras yo estaba caliente con la escena. Cuando subimos al auto yo estaba que reventaba, no sentía ningún pudor, el estacionamiento estaba casi lleno de autos y algunas parejas pasaban cerca de nosotros. Dudé en encender el auto y sentí que mi esposa me miraba con duda, observé por el retrovisor, unos tipos pasaban a lo lejos, me decidí, saqué rápidamente mi miembro endurecido y le dije que me la chupara, que no aguantaba más, ella miró a todos lados agarrándomela y me pidió que le avisara si venía alguien, luego se agachó a darme una feroz mamada. Sentía que era la mejor chupada de mi vida, el lugar era excitante y mi esposa estaba muy puta. Mis huevos estaban que reventaban, sabía que no duraría mucho, necesitaba aliviarlos. Ella emitía unos gemidos suaves y decía que estaba muy rica y dura, se puso con las rodillas en su asiento, lo que dejaba su culo casi totalmente al aire, los agarré, sobe, les di de palmadas, acaricié su ano, pensé que si llegaba el tipo del auto de al lado, se llevaría un espectáculo infartante al ver ese tremendo trasero y su rajita casi a la altura de la ventana. Me calentó la idea de que nos vieran en el auto mientras me la chupaba. Ella sorbía ruidosamente mi pedazo de carne y masajeaba las bolas cargadas. Sentí que era inevitable soltar los chorros, le dije que fuera suave, que ya me venía, a lo que ella respondió que le diera toda la leche. Miré por el retrovisor por si había gente y con un gemido ronco comencé a descargar semen en abundancia en la boca de mi puta, la que gemía a cada descarga en su boca. Cuando acabé completamente le pegué una fuerte nalgada y le dije que era una verdadera puta chupa penes. Ella se alzó y me miró con una excitante cara de caliente, tenía semen en la cara y un largo y espeso chorro en su pelo, entreabrió su boca, la cual estaba llena de semen, la cerró y tragó todo, con sus dedos se ayudó a arrastrar los restos de su cara a la boca, luego nos dimos un caliente y mojado beso, después eché mi cabeza hacia atrás exhausto, viendo por el espejo lateral que una pareja de adultos mayores pasaba lentamente por detrás de nosotros mirandonos, tenían una cierta cara de sorpresa, yo sonreí pero no le dije nada a mi putita. Mientras ella se limpiaba el pelo con un pañuelo yo pensaba en donde ir, aún era muy temprano para ir a bailar, además yo seguía caliente y muy probablemente mi esposa también. Ella me preguntó si nos iríamos a la disco ahora, a lo que respondí que era temprano y si le parecía ir a un Drive In, ella rió y me preguntó si yo seguía caliente, a lo que respondí afirmativamente, ¿y tú? Le pregunté, ella dándome un beso me dijo: mucho. Hacía tiempo que no visitábamos uno de esos lugares, había uno que visitábamos regularmente cuando éramos pololos y que se llamaba Drive In Sarao en Las Condes, pero fue lamentablemente cerrado. Cuando no teníamos mucha plata pero sí un auto, estos sitios servían para tener sexo sin que te molesten, además de beber algo. A nosotros siempre nos ha calentado tener sexo en el auto, tal vez no sea cómodo pero sí es muy excitante. Ahora nos dirigíamos a uno que queda en Avenida Vicuña Mackenna, el servicio no era muy bueno pero servía para botar tensiones o calentura acumulada. En el camino, turnaba mi mano con pasar los cambios del auto y jugar con la concha de mi puta esposa, la cual estaba muy mojada. Le pedí que se sacara los calzones, a lo que accedió sin titubear, se notaba que estaba caliente, le pedí que asomara los pezones a través de su escote, a lo que también accedió, así recorrimos el camino al nuestro destino mientras ella me agarraba el paquete. Antes de llegar, decidí pasar a comprar cigarros, más que por las ganas de fumar era para cambiar de puesto, yo había ideado un juego caliente mientras manejaba: Debido a que nuestro voyerismo de la noche me tenía excitado decidí seguir con el juego y aprovechar que mi esposa se estaba mostrando sin recato. La idea era que ella condujese hasta el Drive In y que la persona que nos llegase a atender le viera sus tetas y su conchita y ver su reacción. Cuando bajé del auto a comprar, le pedí que se cambiara de puesto sin bajarse del auto ya que así no se cubriría las tetas tapando sus ricos pezones. Le dije que no tenía ganas de seguir manejando, ¿qué te propones? preguntó riendo, ya verás respondí cerrándole un ojo. Entramos al Drive In por el costado de una casona, antes de estacionarnos vi que en la entrada había dos tipos, uno muy joven y otro relativamente viejo. El último nos indicó con una linterna hacia donde debíamos dirigirnos. Busqué un lugar medio apartado sin vecinos cerca, pero rodeado de muchas plantas. Todos los vehículos estacionados estaban con los vidrios traseros empañados y en algunos se veían siluetas moverse acompasadamente en su interior, lo que me provocó mayor lujuria. Una vez estacionado comenzamos inmediatamente a besarnos y manosearnos, como dije anteriormente, las tetas de mi esposa estaban al aire y su mini no tapaba su pelada concha. Por experiencia sabíamos que la gente que atiende no se demora más de dos minutos en aparecer. Mi corazón latía fuertemente, estaba nervioso pero excitado, en un momento ella me dice que paremos ya que va llegar el garzón, a lo que repliqué que no importaba, que viera lo linda que es mi mujer, entre besos y manoseos ella rió me dijo que estaba loquito, para luego introducir su lengua en mi boca. El corto rato se me hacía eterno, entre el manoseo de su entrepierna y las tetas miraba hacia atrás para ver si aparecía alguien, pero no pasaba nada. De pronto, en el momento que chupaba y mordisqueaba sus grandes pezones, alguien golpeo la puerta trasera del lado del piloto. Miré hacia atrás, y vi una sombra de pie junto a esa puerta, mi esposa quiso taparse instintivamente las tetas y juntar sus piernas pero en voz suave le dije que no lo hiciera a lo que respondió con una sonrisa pícara “bueno amor”. Ella bajó la ventana y el tipo se acercó, nosotros teníamos la luz interior apagada, por lo que imaginé no se vería mucho desde fuera. Yo sólo podía ver en la penumbra parte de su camisa clara y sus pantalones, su rostro no lo podía ver desde mi posición. Aún así algo tiene que haber visto, ya que cuando mi esposa lo saludó él respondió tosiendo de forma notoriamente falsa, estoy seguro que podía ver a lo menos sus tetas. Nos dijo que debíamos pagar una entrada que incluía dos tragos, pedimos dos cervezas. Debíamos pagar por adelantado, por lo que debía hurgar en mi billetera, como estaba oscuro tuve que prender la luz interior, cuando lo hice todos los atributos de mi putita salieron a la vista, ella colaboró enderezándose para que resaltaran ese par de tetas preciosas, el tipo volvió a toser y a rascarse un brazo. Traté de ser lento en sacar la palta para que él pudiera mirar lo más posible. Mi esposa lo miraba de vez en cuando, pero lo mejor fue cuando entre abrió sus piernas, el tipo piso su mano en la puerta junto a mi mujer y con la otra hizo ademán de tocarse el paquete. Nerviosamente extendí un billete, él lo tomó, se quedó unos segundos parado, dijo que ya volvía y luego se fue. Mi esposa me miró con cara de reproche pero riendo y me preguntó que si ahora yo estaba feliz, que en el restauran le mostró su conchita a un pendejo y ahora le muestra todo a un señor que está a sólo un metro, le respondí que estaba muy feliz y muy caliente. Al preguntarle qué cara tenía el tipo, me dijo que abrió los tremendos ojos cuando prendí la luz y que con cara de caliente movió la cabeza para mirar mejor la rajita de la concha, ¿te calentó? pregunté, a lo que responde que desde los manoseos del sushi bar es que está caliente. Pues bien, ahora vamos a seguir con el show, nos vamos a besar y manosear, cuando él llegue le vamos a dar un espectáculo que no olvidará. Enseguida la besé y nuestras manos se descontrolaron, bajé por fin a su calva vagina y comencé a lamer suavemente, sus labios estaban hinchados y su abertura muy jugosa denotando su extrema calentura. Luego subí a besar sus tetas mientras ella luchaba por desabrochar mi pantalón, la ayudé y ella comenzó a hacerme una rica paja, mientras yo pasaba la lengua suavemente por sus pezones, los que a esta altura estaban duros y paraditos. En ningún momento apagamos la luz interior a la espera del tipo, el que según mi esposa debía tener cerca de sesenta años. A los minutos el tipo volvió, ya que sentimos que golpeó la ventana trasera, no hicimos caso y seguimos en lo nuestro, se acercó carraspeando para hacerse escuchar pero nosotros continuamos en lo mismo. Cuando se puso junto a la ventana con una bandeja en las manos sólo mi esposa lo miró, yo seguía con un pezón dentro de la boca y con la otra jugaba con la concha. El tipo emitió una especie de bufido animal y nos miró por alrededor de uno o dos minutos, hasta que dejó la bandeja sobre el techo de auto. Luego con una mano se empezó a tocar sin pudor el paquete, observé a mi esposa quien no paraba de alternar la mirada entre el paquete del tipo y su rústica cara, pareció que en ese momento yo no existía para ella. El desconocido hizo el ademán de tocar un pecho de ella, pero rudamente le dije que no, que solo debía mirar sin tocar. Me llamó la atención que la muy puta no realizó ningún gesto de rechazo a esa mano intrusa. De pronto ella empezó a pajearme de forma dura y me dijo bruscamente “te la voy a chupar”, hice el respaldo de mi asiento para atrás y ella se acomodó para darme placer, como estaba semi sentada, le pedí que parara el culo para que éste quedara frente al tipo. Ahora, desde mi nueva posición podía ver al desconocido, aun que su cara no se veía muy bien ya que estaba fuera del rango de la luz interior. Con el tremendo espectáculo del culo de mi esposa, que estaba desnudo, parado, rasurado y su ano a la vista del tipo, éste no dudó en bajarse el cierre y sacar su miembro. Me llamó la atención su pene, ya que si bien se veía de tamaño normal, la cabeza de éste era desproporcionada y muy blanca. Él comenzó a masturbarse mirando lascivamente el culo de mi puta. Ella al ver que el tipo tenía toda su verga afuera no paraba de mirarlo, es más, cada vez que ella lo miraba éste sacaba la lengua y la sacudía dirigiéndola a su culo, esto nos tenía calientes. El hombre tenía los pantalones a la rodilla y se tocaba entero, se apretaba las bolas, pellizcaba sus pezones, se movía como copulando con mi puta, ponía caras realmente degeneradas. Mi esposa que había estado en silencio mirando al garzón y chupándomela, comenzó a acariciarse los cachetes y a mover las caderas como si la estuvieran fornicando a lo perrito, signo de que ahora quería algo sólido dentro de su concha. Pensé que tal vez la muy caliente quería que se la mandara a guardar el viejo y no yo. De un momento a otro ella se incorpora, se recuesta en su asiento de medio lado, ofreciéndome su culito para que la gozara, pues así hice. Sin dificultad introduje mi pene por su húmeda rendija, emitiendo ella un rico gemido de placer. El personaje seguía en lo suyo pajeándose y blandiendo su cabezón pedazo de pico. Mientras bombeaba la rica concha de mi puta, reparé en que la cara de ella había quedado a la altura de la ventana frente al pajero, por lo que mientras yo se la metía y sacaba, ella gemía y mordía sus labios mirando con lujuria ese miembro a medio metro de distancia. El tipo nuevamente se afirmó de la ventanilla del auto muy cerca de las tetas. Ella le tomo la mano y se la posó en el pecho derecho, esa escena fue tan caliente que mis bombeos fueron más rápidos, me acerqué al hombro de mi esposa para ver mejor cómo le tocaba las tetas. Los dedos del hombre se fueron directo a masajear los pezones, mientras ella gemia y le pedía que le tocara las tetas fuerte, ante esto el desconocido comenzó nuevamente a bufar y a susurrar que estaba rica. Yo estaba sudando muchísimo y me sentía como soñando, como que lo que pasaba no era realidad, estaba gozando como loco, esto era muy distinto a nuestras fantasías, ¿pero hasta dónde podía llegar este acto? Chúpale las tetas a mi esposa le dije roncamente y él sin dudarlo se acercó, mientras la muy puta se acomodó sin oponerse. El tipo pareciera que no lamía unos buenos pechos hacía tiempo, estaba desesperado, mi esposa le pedía suavidad cuando se ponía desesperado. La imagen era calentona, había un tipo desconocido chupando las tetas de mi esposa frente a mí, los rosados pezones de mi amada desaparecían en las fauces de este bruto, el cual dejaba baba por todos lados. En un par de ocasiones el tipo tuvo que escabullirse entremedio de las plantas, ya que pasaban autos con parejas buscando dónde estacionar y así evitar ser visto, escena que imprimía más picardía a nuestro goce. Luego de estar algunos minutos chupando tetas, el tipo se incorpora y comienza a pajearse a pocos centímetros de la cara mi esposa, yo había bajado la intensidad de mis movimiento y observaba a mi esposa, esa verga y su punta mojada con los pensamientos más porno que podía tener y probablemente ella estaba en concordancia con mis fantasías, ya que mojaba sus labios y no paraba de mirar esa velluda masa de carne y sus colgantes bolas de viejo. El bruto comenzó a ensalivar la cabeza de su campeón mientras la cubría y descubría con la mano. El rostro de él estaba enrojecido, de sus sienes canosas corrían gotas de sudor y su rostro estaba desencajado, hasta que con voz temblorosa le pidió que se la “chupara por favor”, reiteró que era limpio y que hace mucho tiempo que nadie se lo hacía, dudé una milésimas de segundo, ella ni siquiera me miró y le dijo suavemente “dámela” abriendo su boca y sacando levemente la lengua. El tipo rústico se acercó pasando su bomberil miembro por la ventana y mi esposa lo recibió con suaves lamidas en la cabeza, mientras él emitía sordos gemidos de placer. La cabeza de ese miembro apenas cabía en la boca de mi esposa, era realmente grande semejante a un huevo y el orificio era también fuera de toda proporción, el cuál parecía que fuera a vomitar semen en cualquier momento. Ahora mi esposa se ayudaba con una mano como si fuera una experta actriz porno y de vez en cuando premiaba mis investidas con húmedos besos. Mi esposa abrió la puerta para facilitar la mamada, a lo que el hombre mayor aprovecho para masajear torpemente la concha penetrada por mí, de vez en cuando yo sentía sus toscos dedos tocar mi resbaloso tronco. Ella en tanto gozaba tremendamente, dado su rostro que expresaba las mil sensaciones que debía sentir, de vez en cuando sacaba el curioso pene del tipo y lo miraba con mucha lujuria como si fuese un trofeo, para luego seguir chupando más fuerte y duro. Nuestro improvisado compañero ya daba claras señales que no resistiría mucho más, sus brazos y piernas estaban tensos y su torvo rostro expresaba que muy pronto se vendría. En poco segundo comenzó a gemir y a reproducir sucias palabras a mi esposa: puta, chupa, maraca, cómetelo, perra, entre otras que no recuerdo. Me acomodé con mi verga aún dentro de ella para ver el espectáculo que sabía debía venir. El rústico se encorvó y sacó su cabezón miembro de la boca de ella, realizó unas cuantas sacudidas a pocos centímetros de la boca emitiendo sordos gemidos, mientras ella golosamente abrió su boca y puso su lengua en posición de recibir leche. Yo en tanto miraba con nerviosismo la escena, me parecía que el extraño glande había adquirido mayores proporciones y su gran ojete se había abierto aún más, de pronto, al igual que si fuese una jeringa comenzó a emitir violentos borbotones de blanquecina y espesa leche, los que iban a parar en la frente, nariz, boca y lengua, su pelo tampoco se salvó. Los chorros no paraban de salir, mientras que la muy puta le pedía que le diera todo el moco. Había visto en películas exageradas corridas, pero me pareció que esta le ganaba a todas ya que cerca de un minuto estuvo expeliendo semen sobre la cara y boca de mi amada puta, mientras ella como podía trataba de atrapar los chorros con su boca. Cuando la bestia acabó por completo, comencé a darle rápidas embestida a la maraca, sin perder detalle de esa tierna carita, empapada de perlina viscosidad que pesadamente se deslizaba hacia su barbilla. Yo estaba que explotaba de placer, mis bolas estaban nuevamente muy cargadas. Retiré mi pene rápidamente, ella se recostó en el asiento y me acomodé para venirme en sus tetas y cuerpo, mientras ella acariciaba mis bolas retiré toda la funda mi campeón hacia atrás y con un sordo gemido comencé a tener el mejor orgasmo de mi vida. Mis chorros si bien no eran tan espesos y abundantes como los de mi antecesor, igual lograron caer en las tetas y cara de mi meretriz. El tipo que aún estaba afuera viendo la escena, se tambaleaba y trataba de subir el pantalón dificultosamente, una espesa gota colgaba de su ahora arrugado miembro. Me acomodé pesadamente en el asiento exhausto, mi esposa no estaba en mejores condiciones y estaba lánguida, su cuerpo brillaba de semen y sus ojos estaban cerrados. El viejo sin decir nada se fue lentamente, tomé la mano de mi esposa que entrelazó a la mía, estuvimos un largo rato sin decir nada, de fondo en la radio se escuchaba everybody´s gonna learn sometimes del grupo Korgis, era el fin de una improvisada noche de sexo extremo.




confesiones mujer de engaño

Relatos eróticos Marqueze. El Sexo que te gusta leer.




Con mis manos busqué su enorme falo, y lo metí en mi conchita. Al principio solo permitió que la cabeza entrara, y yo apretaba las piernas y le gritaba que lo metiera todo, pero él se hacía de rogar. Pero cuando menos me lo esperaba, lo metió todo de un solo golpe, mi gemido pareció más un grito que otra cosa. Siguió metiéndolas de golpe hasta el fondo y sacándola lentamente.
Hola soy Sofía, una mujer de 23 años, casada desde los veinte. No hemos tenido hijos pues esperamos a terminar nuestras carreras. Lo que estoy apunto de contarles es algo que pasó durante el primer año de nuestro matrimonio al establecernos en un edificio de departamentos cerca de el centro de Guadalajara, Jalisco.

Como un matrimonio que apenas comenzaba, no podíamos pagar algo más caro así que nuestro primer hogar fue ese pequeño departamento. Mi marido trabajaba de vendedor en una empresa automotriz, y salía desde las 9 de la mañana para regresar pasadas las 7 de la tarde. Y yo por mi parte, iba a la escuela por la mañana y regresaba cerca de las 2 de la tarde y me dedicaba a los asuntos hogareños. En nuestro piso había cuatro departamentos donde vivían dos familias con hijos y una pareja, Angélica y Javier, que aunque no tenían hijos aún, la chica tendría algunos meses de embarazo.

Yo seguido me topaba con Javier en las escaleras cuando llegaba de la escuela y él llegaba de su trabajo para pasar la hora de comida con su mujer. Subíamos los cuatro pisos platicando de cualquier eventualidad y al llegar al piso nos despedíamos con un “hasta luego” y no había más que eso.

Javier era un chico de unos veintiocho años delgado y alto, de piel blanca y unos ojos verdes que más que intensos eran alegres. Su voz era muy tosca aunque su sentido del humor era muy agradable. Mi esposo seguido salía al pasillo y se sentaban juntos a fumarse un cigarrillo. Muy seguido se les escuchaba riéndose, platicando de no se que cosas.

Las vacaciones llegaron, y la escuela me dio un grandioso mes para descansar de ella, así que yo pasaba casi todo el día en la casa, a veces platicando con mi marido por el Messenger, o viendo algún programa de televisión. Una de esas tardes, cuando salí a comprar lo que necesitaba para la comida del día, me topé de nuevo con Javier quien se veía cansado. Al preguntarle me dijo que su esposa se había puesto delicada por el parto, y que la había llevado con su mamá para que la cuidara los dos últimos meses de su embarazo.

Mientras platicábamos noté que muy seguido me volteaba a ver las piernas, como queriendo descubrir si traía ropa interior debajo de mi falda. Al principio me incomodó, pero no le di mucha importancia. Siempre me ha gustado presumir mi cuerpo, enseñarlo. Siento muy bien cuando se me quedan viendo al caminar por las calles. Eso vuelve loco a mi marido. Si bien no tengo unos senos muy grandes, tengo muy buen trasero y mis piernas siempre me las han envidiado mis amigas. Soy blanca y de ojos miel. Mi pelo es ondulado y me gusta mucho el color rojo para teñírmelo.

Bueno, me desvié un poco de la historia. El caso es que Javier me dijo que estaría viviendo solo durante los dos últimos meses de embarazo de su mujer y la cuarentena después del nacimiento. Yo solo le dije que deseaba que su esposa se recuperara y me dirigí a mi departamento. Al llegar sentí un calor extraño. Me puse a pensar en la manera en que Javier me veía, como si me deseara, como rogándome que le dejara ver más que mis piernas. Por supuesto, aunque me excitó un poco traté de que no pasara a más pues llevaba apenas cuatro meses de casada, pensé en mi esposo y ese día hasta ahí quedó el asunto.

Los encuentros entre Javier y yo se hacían cada vez más frecuentes desde ese día, hasta llegué a pensar que él me esperaba para poder platicar conmigo. Estuve tentada a comentarle a mi esposo cuando llegó, pero ellos ya se habían vuelto como amigos, así que no quise importunar su amistad. Y para ser un poco más sincera, me gustaba encontrarme a Javier, me gustaba la manera en que me miraba, como desnudándome con la mirada, y claro, si eso pasaba es por que de alguna manera yo lo había dado pie a que lo siguiera haciendo.


Muchas veces entraba a mi departamento con la entrepierna completamente húmeda por la excitación que me causaba las pláticas y las miradas de Javier. Aunque hasta ese día no había existido ninguna insinuación de su parte más que las miradas.

Uno de esos días, mientras hacía mis deberes, vi cuando Javier llegó en su carro. En ese momento sentí ganas de topármelo, pero quería darle un toque excitante al asunto, así que me puse rápidamente una falda sin ropa interior por debajo. Una blusa que me permitiera mostrar mi escote (por muy pequeño que este fuera), tomé mi bolso y me salí con el pretexto de comprar las cosas para la comida. Javier y yo nos topamos en el segundo piso cuando él subía y yo bajaba. Cuando nos saludamos pensé que no había notado nada, pero al despedirnos me dijo con una sonrisa que se me veía muy bien la conchita rasurada.

Tal vez cuando volteó para arriba hubo algún momento donde sin quererlo lo dejé ver por debajo de mi falda y había notado que no había vello púbico en mi entrepierna. En ese momento me puse muy roja, me avergoncé y no dije nada, solo seguí bajando y fui a comprar lo que necesitaba. Al volver, él estaba sentado en las escaleras esperándome. Si me sorprendió un poco, pero traté de ignorarlo, solo lo saludé y fui hacia mi departamento.

Cuando abrí la puerta de el departamento, él me preguntó si lo de no ponerme ropa interior lo había hecho por él, le respondí que no, aunque el sabía que mentía. “¿No me invitas a pasar Sofía?” me dijo después. Le comenté que mi marido podría llegar en cualquier momento, pero él ya sabía que mi marido llega hasta pasadas las 7 de la tarde. Dejé las cosas sobre la mesa de centro de la sala, y cuando me agaché para hacerlo sentí como sus manos me sostenían de la cintura por detrás. Mi corazón comenzó a palpitar aceleradamente. Me alejé rápidamente y me soltó por un momento, pero en seguida se me volvió a acercar tomándome de nuevo por la cintura ahora de frente.

¿Qué estás haciendo? dije con un tono molesto, pero al terminar quise quitarme, pero él era más fuerte que yo. Comencé a sentir sus labios en mi cuello, y sus dedos metiéndose entre mis labios vaginales. Enseguida lo empujé alejándolo de mí. Mi respiración estaba a cien, y sentía mi vagina palpitar al igual que mi corazón. Los jugos vaginales se escurrieron por mis piernas y él solo se quedó parado a dos metros de mí. Me dijo que lo sentía, que había pensado que yo también lo quería, se dio la vuelta y se fue a su departamento.

Mi respiración no cedía, y mi vagina seguía tan caliente como cuando él la había manipulado con sus dedos mágicos. Comencé a masturbarme pensando en lo que él hubiera podido hacer si yo lo hubiera dejado, y alcancé un orgasmo enorme que me hizo temblar. Tenía la mano completamente empapada de mis jugos lubricantes, pero mi vagina seguía palpitando. Yo seguía calientísima y no quería conformarme con un dedo para calmar mi calentura. Tomé una toalla y me sequé la entrepierna y mis piernas, pero de mi vulva seguía saliendo líquido.

Tomé las llaves del departamento y salí de el. Crucé el pasillo y estaba apunto de tocar la puerta del departamento de Javier cuando me di cuenta que su puerta estaba entre abierta. La abrí lentamente y entré. Las cortinas estaban cerradas, el departamento estaba completamente oscuro aunque solo eran las 3 de la tarde. Entré sigilosamente, estaba muy nerviosa, me excitaba lo que estaba haciendo. La poca luz que pasaba a través de las cortinas me permitía ver por donde caminaba.

La puerta de la habitación principal estaba abierta, en la cama distinguí la silueta de Javier acostado boca arriba. Solo tenía puesto un bóxer claro. Entré a la habitación, Javier había decidido tomar una siesta después de mi rechazo. Dejé mis llaves en el tocador sin hacer ruido y me acerqué a él lentamente. La respiración de Javier era todo lo que se escuchaba en la habitación. Me senté a un lado de él, con mi mano toqué mi vagina, estaba muy mojada y la acaricié un minuto dudando si debería estar haciendo lo que hacía, si debería estar ahí.

Con cuidado saqué su flácido pene por la abertura del bóxer, un pene hermoso, jamás había visto en persona un pene sin circuncisión. Me hinqué en la cama y me incliné. Puse su pene en mi boca y comencé a chuparlo tiernamente. Pronto comenzó a adquirir tamaño, era impresionante, unos 20 centímetros si no es que más. Seguí masturbándolo con una mano, y con la otra acariciaba mis labios vaginales. Mi mano estaba de nuevo llena de lubricante de mi vulva.

Javier despertó sin decir una palabra, solo sentí sus manos acariciando mi cabello mientras metía su enorme y delicioso falo en mi boca. Dejé escapar unos gemidos de mi boca, y sentí la respiración de Javier, sentí como se aceleraba. Lo despojé de su bóxer y él se levantó acariciándome los hombros mientras me daba un profundo beso que me causó un estremecimiento en todo mi cuerpo.

Me despojó de toda mi ropa, y siguió besando mi cuello y mis hombros, pasándose a mis senos.

Enseguida me recostó lentamente y fue besando desde mi cuello hasta abajo, llegando a mi pubis. Con sus manos abrió mis labios vaginales, y con su lengua buscó mi clítoris y comenzó acariciarlo con la punta de su lengua.

Yo estaba vuelta loca, mis gemidos eran tan fuertes que temí que alguien nos escuchara. Con ambas manos agarró mis nalgas, y levantaba mi cuerpo, arriba y abajo, mientras con su lengua chupaba todo mi sexo y momentáneamente metía su lengua en mi orificio. Pronto cedió, y me volvió a besar la boca.

Él tenía la cara completamente mojada por mis líquidos sexuales, pude percibir el aroma y el sabor de mis jugos cuando me besó.

Con mis manos busqué su enorme falo, y desesperadamente lo metí en mi conchita. Al principio solo permitió que la cabeza entrara, y yo apretaba las piernas y le gritaba que lo metiera todo, pero él se hacía de rogar. Pero cuando menos me lo esperaba, lo metió todo de un solo golpe, mi gemido pareció más un grito que otra cosa. Siguió metiéndolas de golpe hasta el fondo y sacándola lentamente.

Así estuvo más de 10 minutos, yo sentía que a cada acometida mi cuerpo perdía fuerzas. Mis gemidos era todo lo que se escuchaba en la habitación. Comenzó a hacerlo cada vez más rápido, mi cuerpo comenzó a entrar en un estado de excitación que jamás había sentido.

Las lágrimas comenzaron a salir de mis ojos, y dejar de gemir o reprimirlo era completamente imposible. Unas ganas de llorar combinadas con unas ganas de reír y de gritar se hicieron presentes. Javier seguía cogiéndome rápido y fuerte y yo terminé casi con un desmayo y un grito, un orgasmo como jamás lo había sentido.

Duré 5 minutos antes de recuperar por completo el control de mi misma, la sensación del orgasmo me duró todo ese tiempo y yo apretaba las sábanas sintiendo el calor del semen de Javier, entrando en mis entrañas.

Después de ese orgasmo cada caricia era como uno más pequeño, mi cuerpo quedó tan sensible que cuando Javier metió dos dedos volví a tener otro orgasmo más pequeño.

Cuando recuperé las fuerzas me levanté sintiendo la cama completamente húmeda. El cuarto por completo olía a mi líquido lubricante y a sudor de los dos. Me puse mi ropa y regresé a casa, ese día no pude mirar a mi marido a los ojos.

Me prometí a mi misma jamás volver a serle infiel, pero en estos tres años he caído de nuevo más de una vez. Estoy segura que querrán saber como fue.

Autora: Sofía

La caliente Luisa

Relatos eróticos Marqueze. El Sexo que te gusta leer.


Ella se corrió cuando esas pollas se corrieron llenándola de semen. Los dos que la habían enculado no las sacaron y esperaron a mearse en el ano de ella. Los líquidos calientes del pipi expelido la pusieron más caliente aún. Por eso dejó a otros dos que se la metieran a la vez por la figa. Sufrió con esa tremenda penetración que parecía romperla en dos, pero volvió a correrse con ella.
Luisa estaba muy bien para sus dieciocho años. De buen físico y guapa de cara, era una chica que resultaba atractiva para los hombres jóvenes y mayores con los que alternaba. Era tiempo de verano y en la urbanización de la playa donde veraneaba se montó una salida nocturna a una discoteca de moda, el Panal. En dos coches se fueron tres chicas, entre ellas Luisa, y cinco chicos. A las once de la noche llegaron al Panal. Bajaron de los coches y se metieron en la discoteca. Luisa destacaba, con su vestido por encima de las rodillas y su melena negra suelta. Los chicos hablaron entre ellos para ver quien se lanzaba a por ella esa noche. Al final quedaron que fuera Juan Luis, uno que era alto y musculoso, el elegido.

En la discoteca todos pidieron unos cubatas. Luisa, muy animada, se fue a bailar enseguida. Por eso no se dio cuenta como uno de los chicos le echaba algo en su cubata. Era un preparado que se disolvía con algo de yumbina, un estimulante sexual de efectos seguros. Juan Luis cogió el vaso y se lo llevó a Luisa a la pista de baile. “Toma que tendrás sed”, le dijo en un paréntesis del baile. Ella le dio las gracias y se tomó medio vaso de golpe. Luego siguió bailando suelto como lo hacía hasta entonces. Sus tetas bamboleaban con el baile y los hombres la miraban con cara de salidos.

Ella no se daba cuenta, seguía en lo suyo. Pero llegó el momento del baile lento. Juan Luis la agarró y empezó a bailar con ella pegado como una lapa. Luisa le echó los brazos por detrás del cuello, y notó como se endurecía la polla de Juan Luis con el roce. “Bandido, estás salido”, le dijo, apartándose un poco. Juan Luis reaccionó volviéndola a abrazar fuerte e intentando besarla en la boca. Ella no quería, pero empezó a sentir oleadas de calor, ardor sexual, y al final dejó sus labios abiertos a disposición de Juan Luis.

Morrearon como posesos, se metieron las lenguas, ella sintió lo dura que estaba la polla de su pareja, y lo húmeda que se estaba poniendo su figa. Notaba el flujo a oleadas en ella y sin saber por qué deseó que Juan Luis la hiciera suya y disfrutar de su polla.

Juan Luis, al ver que ella estaba a punto, la invitó a salir fuera a dar una vuelta. Salieron amarrados por la cintura, mientras los otros chicos los miraban. Una vez en el exterior la llevó hasta su coche, un 124 blanco. Se metieron juntos detrás, la echó en el asiento trasero, le levantó el vestido y comenzó a meterle mano a la entrepierna.

Luisa gemía, le pedía que no se aprovechara, pero no protestó cuando él metió una mano dentro de sus bragas introduciendo dedos en su chorrosa figa. “Estás chorreando, puta”, le dijo al sacar los dedos y chuparlos llenos de flujo. “Eres un cerdo”, le contestó ella. Juan Luis entonces le sacó las bragas y la dejó abierta de piernas con la figa al aire.

Sin darle tiempo a decir nada, se bajó los pantalones, se sacó la polla y se la metió hasta el fondo. Ella se quejó, se la estaban follando y desde que lo había hecho con unos amigos en una excursión hacía varios meses, la única vez, no había vuelto a tener una polla dentro de ella. Juan Luis era muy brusco. La follaba a golpes, mientras le sacaba las tetas fuera del vestido y las chupaba, mordiendo con saña sus gordos pezones. “Estás buena, estás rica de verdad. Eres una hembra de puta madre”, le dijo. De pronto notó que iba a correrse y la sacó.

La puso en la boca de Luisa y le echó el semen allí, en sus labios, su nariz y también en sus pezones. Cuando acabó, le lamió la figa hasta que ella se corrió, para dejarla a gusto. Entonces, con ella medio desnuda, tirada en los asientos, Juan Luis salió fuera, se subió los pantalones, cerró las puertas del coche, y se fue a la discoteca. Allí le esperaban los otros cuatro chicos y un tío mayor que era pariente de uno de ellos. “La tenéis en el coche preparada para follar. Me la he tirado, pero pienso que quiere más.

No le vendrán mal unas cuantas pollas”, les comentó. Los cinco se fueron enseguida fuera. Las otras dos chicas estaban bailando y ni se dieron cuenta. Llegaron al coche, lo abrieron y Luisa se asustó al ver tanto tío cerca. “¿Qué me vais a hacer?”, les preguntó, pero sin taparse, con sus piernas abiertas, su figa a la vista y sus tetas llenas de semen.

No le dieron tiempo a pensar. La cogieron, entraron todos en el coche, la pusieron encima de ellos, empezaron a meterle mano por todos lados, y uno se puso al volante.

Se la llevaron al apartamento del tío mayor, que estaba cerca, en el Saler. La dejaron arreglarse algo para bajar del coche. Y la llevaron cogida entre dos al apartamento. Nada más entrar en el mismo, dos de los chicos le quitaron el vestido y el sujetador. Quedó desnuda ante ellos.

Los chicos y el tío mayor se bajaron los pantalones, se quitaron los calzoncillos y pusieron sus cinco pollas al alcance de Luisa.

Ella, que se notaba salida como una zorra en celo, no les puso pegas cuando la echaron en una cama de matrimonio de una habitación y se lanzaron todos a sobarla. Luisa notó dedos en su ano, en su figa, en sus tetas. Sintió como le pellizcaban los pezones, le azotaban las nalgas. Luego masturbó con sus pechos las pollas de los cinco. Después le metieron dos pollas juntas en el ano.

Ella se corrió cuando esas pollas se corrieron llenándola de semen. Los dos que la habían enculado no las sacaron y esperaron a mearse en el ano de ella. Los líquidos calientes del pipi expelido la pusieron más caliente aún. Por eso dejó a otros dos que se la metieran a la vez por la figa. Sufrió con esa tremenda penetración que parecía romperla en dos, pero volvió a correrse con ella.

Las dos pollas se corrieron, después de salir de su figa, en su boca. Y a continuación se mearon en su garganta. Luisa recibió el semen y el pipi como si fuera un néctar exquisito. Al final, el último que quedaba se la metió por el culo, le estiró el pelo, se corrió en su ano y la sacó después para mearla en las tetas. Ella estaba hecha polvo, y también se estaba meando. Lo hizo en la cama, soltando un gran chorro de pipi que mojó a los tíos.

Haciéndose los ofendidos, dos de ellos le soltaron dos bofetadas. Luego se quedó desnuda, despatarrada, pringada de semen y orina, con los cinco tíos en la cama, sin saber si habían terminado. Y no lo habían hecho.

Recuperados del primer asalto, la sometieron a dos más. Al final, sus agujeros le escocían y sangraban, sus pezones le dolían mucho, y sus nalgas estaban rojas de tanto azote.

Se duchó, se puso el vestido sin ropa interior. Sus bragas, que olían a hembra, se las habían quedado los tíos. Salieron del apartamento, todos. Eran las 4 de la mañana. La llevaron a casa. Y prometieron que nadie contaría nada de lo sucedido.

Autor: HIGINIO H

BUKKAKE A POCHI

Leer confesiones de sexo, confesión erótico, leer historias enest sexo, confesar Enviar a admitir, leer historias de sexo Relatos Eroticos, Relatos Porno | Infieles | Amor Filial | Jovencitas | Intercambios | Maduras. Relatos de Sexo Gratis | Cuentos Eroticos | Relatos Porno Gratis | Cornudos | Morbocornudos.

La follafamosos


Estimados amigos les contare una gran historia acerca de mi esposa, ella siempre queriendo complacer todos mis deseos y placeres , hemos compartido una experiencia inimaginable.
Tenemos 5 años de esposos y 4 de novios, siempre alegres y muy ardientes morboseando en la intimidad solo para los dos; pero un dia se me ocurrió algo distinto practicar un bukkake (eyacular varios hombres sobre la cara y boca de una mujer) bueno se lo comente a Pochi asi se llama mi mujer ella tiene 30 años – yo 32- obviamente me dijo que no, podíamos imaginar todo pero jamás realizarlo.
Bueno deje pasar el tiempo y le volvi a proponer y se me volvió a negar-“como crees que dejare que se corran en mi cara y tomarme toda la leche de varios hombres, estas loco”, bueno un dia revisando su correo de casualidad encontré un mensaje de su amigo Xavi que vendría Lima y quería visitarnos (vive en España-nosotros en Colombia),entonces aproveche eso y bueno le indique a mi mujer que vendría-él era su ex antes que me conociera-y le dije que podría ser la oportunidad de realizar una fantasia ,ella se quedo pensando.
A los días antes que llegara Xavi –solo se quedaría 2 dias- mi mujer me pregunto si era verdad la proposición de hacer realidad la fantasia a lo cual le conteste que si, me dijo:”esta bien pero solo serán pocos hombres y los que yo elija esta bien” , lo dije si. Le di un papel y apuntamos: Xavi-su amigo, Levi-su alumno de universidad 23 años, Raul-amigo de Xavi que solo tiene referencias de él por correo también vive en España, Martin-su sobrino de 18años es medio raro por eso quiere ayudarlo a definir su sexualidad, y yo.
Entonces quedamos con todos sin explicarles exactamente que se trataba. Llego Xavi de viaje y el primer dia ni lo vimos solo en la noche le invitamos tal como Raul a una cena en mi casa. Llegaron bien elegantes cenamos con ellos y Pochi trajo una botella de vino,lo bebimos y luego saco un vodka, justo llego Levi y se unió a la reunión.
Para eso Martin estaba jugando play –station en mi cuarto, tomamos 3 botellas y comenzó la función, mi mujer se fue al cuarto a preparse ,mientras yo les explicaba que íbamos a jugar algo impactante pero que a la vez debía ser confidencial lo cual ellos aceptaron y les indique las reglas de juego. Tenian que sacar sus vergas y Pochi se las chuparía uno a uno hasta que este duros y excitados, ellos podrían manosear penetrar a ella pero cuando quiere mojarse tendrán que hacerlo en su boca y cara ; la idea les fascino tanto que podía sus caras de morbo.
Bajo entonces Pochi con su babydoll rojo y un tazón de la cocina para juntar la leche de ellos. Todos se pararon y la miraron , mientras yo me quitaba la ropa Xavi besaba a mi mujer en los labios y Raul le frotaba las tetas, Levi le estaba sacando la ropa interior para ver el culazo de mi mujer, yo miraba y me masturbaba, ya todos estaban desnudos y manoseando a Pochi cuando le agarra la verga a Xavi y le dice: “esto es por lo pasado “ y seguidamente le metió una señora mamada que tanto fue asi que Martin bajo a ver que pasaba cuando vio a todos desnudos se quedo boca abierto, Pochi se dio cuenta de ello y le dijo: “Martin  ven” cuando se acerco mi mujer le beso y se agacho le abrió la bragueta y comenzó a succionar este dócil pene que termino mas tieso y duro  que Pochi le pregunto :”Te gusta Martin tu tia te dar tu primera vez y tu me daras tu le primera lechecita ok bebe”, Martin solo movio la cabeza en señal de si. Entonces Pochi se monto en su sobrino y Xavi le dijo:”Quiero el culo” lo que respondió:”esta bien para ti todo”, Raul y Levi le dieron sus vergas y ella mamaba mientras le daban por adelante y por atrás.
Tanto fue el sobresalto que cuando le chupaba los huevos a Levin que le dijo :”eso profesora cómaselo todo” lo que ella hizo sin dudar, Raul estaba muy excitado que pidió a Xavi su turno por detrás pero Pochi le dijo que no :”le toca a Martin tu házmelo lo la concha” entonces se cambiaron de lugar y comenzó a moverse encima de Raul mientras se alimentaba de la vergaza de Xavi y le corria la paja a Levin ; Martin –como principiante no sabia que hacer entonces me levante y acerque a la acción y le dije :”asi Martin enculando a mi esposa dale duro hasta que grite, y le deje ahí donde se la metió tan fuerte que su tia grito.
Entonces Levin ya no pudiendo controlarse le hizo un gesto a Pochi indicando que ya se venia a lo cual ella les hizo el gesto a todos los demás para acomodarse entre las vergas de todos mirando a los ojos ,yo le alcance el deposito para juntar su premio.
Comenzo entonces con Levin agarrando su órgano le decía: Mirame ,estoy esperando , damelo que me encanta termino de decirlo y Levin expulso un liquido espeso y blanco que cayo entre los labios y nariz de mi mujer donde junto todo y lo tenia en la boca donde Levin dio 2 disparos mas.
Era el turno de Raul que se acerco y apunto a la boca diciéndole : Mamita rica tomate mi leche ya,ella le sonrio y con los ojos le dijo si. Recibiendo un gran chorro de semen que era mas fuerte –supongo por la cara de mi mujer-que se tomo todo sin dudarlo enseñando la lengua en prueba de su gran acción.
Le tocaba a Martin , donde fue Pochi que le agarro la gran verga diciéndole : Vamos bebe dame que tu tia tiene hambre dame mi lechecita bebe tu puedes dame” enseguida salió un la leche que tanto quería mi mujer era rica – le miro a los ojos a Martin y le enseño su semen en su boca y después se lo tomo- diciendo “ Gracias amor ya vez tu tia te quiere mucho”.
No sabia a quien le tocaria si a mi o a Xavi quien seria el primero pero ella nos dijo que nos acercáramos  a lo cual fuimos diciendo : “mis dos hombres de mi vida quien iba a imaginarse los dos se correrán en mi y cada uno en un lado comenzamos a pajearnos y bueno primero le di yo en la boca y cara al igual que Xavi ,ella junto lo que estaba en sus mejillas y lo junto a su boca se tomo todo y lo que había caído en el recipiente lo lamia como perra en celo.
Habiendo terminado la proeza todos se retiraron agradeciéndome la oportunidad de hacer realidad el sueño de todo hombre Xavi nos dijo que él se iba a casar, Raul que jamás olvidara estos momentos, Levin se fue muy débil .
Yo le dije gracias a mi mujercita y ella sonrio, cuando Martin se levanto para ir a descansar sintió que le venia una eyaculacion ,entonces Pochi fue y se lo tomo todo, diciéndole esto es para que duermas bien.
Le sonreí y le dije que era una traviesa.

Reencuentro

Leer confesiones de sexo, confesión erótico, leer historias enest sexo, confesar Enviar a admitir, leer historias de sexo Relatos Eroticos, Relatos Porno | Infieles | Amor Filial | Jovencitas | Intercambios | Maduras. Relatos de Sexo Gratis | Cuentos Eroticos | Relatos Porno Gratis | Cornudos | Morbocornudos.

La follafamosos



Hacía un par de años que no la veía. Pero el día que me la encontré en el puente peatonal a la salida de una estación del Transmilenio (el sistema de transporte masivo en Bogotá), me saludó de tal manera que no parecía que hubiera pasado el tiempo. Me saludó como siempre lo había hecho. No. Me equivoco. No fue como siempre. Fue saludo de beso en la mejilla, pero esta vez fue tan cerca a los labios que fue lo que podríamos llamar un esquinero ¡y qué esquinero!
Hablamos durante unos minutos, intercambiamos números de celular y nos despedimos. Nuevamente, el beso fue “esquineado”.

Seguí mi camino a la oficina con el firme propósito de llamarla en la tarde con dos objetivos claros: comprobar que el número celular que me había dado era el correcto, y el segundo, cuadrar una cita para vernos y reactivar la relación. Sin embargo, ese día estuvo muy atareado. Mi jefe, un hombre muy estricto que no vivía en Bogotá sino en Miami, estaba en la ciudad y ese día por la tarde tenía vuelo de regreso. Como siempre, al final de la jornada, lo llevé al aeropuerto en su carro y luego dejé el vehículo en el garaje de su apartamento.

Al día siguiente, por la mañana, desde la oficina la llamé. Me contestó con voz adormilada. ¡Qué rica la vida de los ricos!, pensé. Mientras yo tenía que trabajar todo el día, ella estaba de descanso. Conversamos un rato mientras ella se terminaba de despertar y convinimos en vernos ese día por la tarde. Como su casa quedaba cerca a mi oficina, ella pasaría por la oficina e iríamos a tomarnos algo mientras nos poníamos al día en los últimos acontecimientos en nuestras respectivas vidas.

Yo la esperaba sobre las 4 y media, pero llegó un poco antes de lo que yo pensaba. Venía hermosa. Aunque Bogotá casi siempre es muy fría, en esa época del año –junio, julio- hacía bastante calor, de manera que ella venía con una minifalda en tela de jean desteñida y una camisetica roja tipo esqueleto muy ceñida que resaltaba su buen cuerpo y montada sobre un par de zapatos de tacón alto; luego me di cuenta que no llevaba medias. Buena señal.

Sin ser una belleza despampanante y tampoco muy alta –mide apenas 1.60-, siempre lograba que la miraran dos veces. Ese día su pelo ensortijado lo llevaba liso y llamaba más la atención.
- ¡Hola! – la saludé con un beso en mejilla; esquineado, desde luego. ¡Sigue, siéntate! Te toca esperarme a que termine lo que estoy haciendo porque me llegaste antes de lo que esperaba.
- No te preocupes – me dijo, con una sonrisita picarona – Me siento aquí juiciosita y espero que termines.
- O.K., no me demoro, entonces – le contesté.

Y se sentó en el “sofá de los aumentos” lo que me hizo esbozar una sonrisa mientras me escondía detrás del monitor de la computadora para que no fuera a creer que me reía de ella. Quedó ubicada de tal manera que mientras continuaba con mi tarea, por el rabillo del ojo podía detallarla mejor. Allí sentada, a pesar de no ser muy alta, las piernas se le veían maravillosas y larguísimas. Como era minifalda, al sentarse se le subió casi ocho o diez centímetros. En otras palabras, escasamente y con dificultades le tapaba los cucos. Cogió una de las revistas que había en la mesilla auxiliar y se concentró en los chismes de farándula.

Cuando por fin terminé, apagué la computadora y me paré de mi escritorio. Cuando me puse de pie, levantó la mirada y preguntó:
- ¿Terminaste?
- Sí, ¡por fin! ¿Me demoré mucho? – le pregunté.
- No, al contrario, te rindió. Me faltan un par de chismes por leer.
- Ah, bueno, entonces termínalos mientras me sirvo un café ¿quieres?
- ¿Café? Sí, bueno, muchas gracias.

Traje las dos tazas de café y la azucarera, deposité la bandeja en la mesilla y me senté a su lado, casi tocando su pierna izquierda con mi rodilla derecha.
- ¿Cuánta azúcar? – le pregunté.
- Una, pequeña, gracias. – me respondió sin levantar la vista de su entretenida lectura de chismes.

Le preparé el café asegurándome que le quedara bien revuelto. Al mío no le puse azúcar porque lo tomo sin dulce. Tiene mejor sabor y es más estimulante, aunque en esos momentos no necesitaba mucho estímulo. La sola visión de sus maravillosos pechos como luchando por liberarse del sostén y la camisetica, pero sobre todo, la erótica visión del medallón escondiéndose entre sus senos, me tenía ya con bastante adrenalina corriendo por mi cuerpo.
- Aquí tienes – le dije mientras le acercaba la taza de café.
- ¡Gracias! – respondió alegremente, mientras dejaba la revista de lado y tomaba la taza y el plato con ambas manos.

Bebimos café y conversamos por un buen rato. Poco a poco y rapándonos la palabra nos dimos a la tarea de ponernos al día en los acontecimientos ocurridos en el tiempo que no nos habíamos visto. Desde luego hubo risas, carcajadas, “inocentes” toques de mano en el antebrazo, la mano o la rodilla del otro y momentos de silencio sonriente mirándonos fijamente a los ojos.

Como era de esperarse, la conversación derivó hacia temas más íntimos. Le conté que yo me había separado de mi esposa hacía casi dos años, lo que pareció alegrarla, y ella me contó que había terminado con su novio hacía un par de meses, lo que evidentemente me alegró a mí.

Seguimos con los temas cada vez más íntimos, lo que necesariamente llevó a que los “inocentes” toques fueran más seguidos y más prolongados. Hasta que hubo una anécdota que nos hizo reír mucho a ambos; tanto que nuestras caras quedaron muy cera una de la otra. Tanto que sin pensarlo me acerqué y la besé suavemente en los labios. Ella reaccionó positivamente. Abrió levemente su boca y me permitió explorarla con mi lengua. Primero con cautela y luego, cuando ella hizo lo mismo, con mayor osadía. Nuestras manos empezaron a explorarnos al igual que nuestras lenguas: primero con cautela, casi con timidez y luego con un deseo irrefrenable de palpar, de conocer con los dedos como lo haría un ciego.

Por la posición en el sofá, mi mano derecha llegó a su nuca y me permitió tomarle la cabeza manteniéndola pegada a mí. Entretanto, con la mano izquierda empecé a explorar sus piernas. Primero sus suaves rodillas y luego sus maravillosos muslos. Poco a poco fui subiendo hasta llegar al borde de su falda y seguí adelante. Primero me dirigí a su cadera derecha y luego me fui al centro. Toqué sus cucos de tanguita y estaba empapada. Eso me puso a mil. Desde luego, para ese momento, mi pene estaba ya bien crecido y pidiendo libertad. Como si lo supiera, ella llevó su mano hasta mi bulto y exhaló un pequeño suspiro cuando lo sintió. No se si porque la sorprendió o la decepcionó el tamaño y la dureza. Ya sabría cuál habría la razón.

Cuando mi mano llegó a su tanguita, ella, como sin querer, casi imperceptiblemente, abrió lentamente las piernas y arqueó hacia adelante sus caderas. Era evidente que quería que continuara.”¡Vamos bien!” pensé. Y seguí adelante. Inicialmente la acaricié por encima de la tanguita, pero al sentir que se arqueaba, fui más audaz y metí mis dedos detrás de la tela de los cucos. Estaba depilada por completo. Busqué y encontré sus labios. Primero los exteriores y luego los interiores. Estaba empapada. No tardé en encontrar su clítoris y cuando lo toqué estaba palpitante. El roce le hizo dar un respingo.
- Perdón, ¿te hice daño? – le pregunté, mientras retiraba la mano.
- No – jadeó – sigue – me exigió. Luego me enteraría que esa parte de su cuerpo es especialmente sensible y que con solo tocarla en un momento de excitación le hace sentir corrientazos por todo el cuerpo.

Continué con mi tarea haciéndola brincar varias veces por los espasmos. A la vez, ella refregaba mi pene por sobre la ropa cada vez con mayor fuerza. Me tenía a mil. Las huevas me estaban empezando a doler por la excitación. Saqué mi mano de bajo su falda, medio me incorporé en el sofá, y sin dejar de besarla en la boca, el cuello y las orejas, también la enderecé un poco para poder utilizar mi otra mano. De esta manera, con una mano ataqué su entrepierna y con la otra fui directo a sus senos. Primero por encima de la blusa y luego por debajo de ella. Subí la mano y toqué sus pechos. Estaban duros. Deliciosos. Los pezones parecían un botón deseando ser oprimidos. Retiré como pude el brasier y sus maravillosas tetas quedaron en mi mano.

Cuando sintió el contacto se agitó un poco, y en respuesta, con sus manos buscó mi bragueta, la abrió y metió la mano. Primero se agarró a mi pene por sobre el calzoncillo pero rápidamente metió la mano más adentro y agarró mi pene con sus ágiles dedos y comenzó a masajearlo con destreza.
- Quiero chupártelo – me dijo jadeando.
- ¡Adelante, es todo tuyo! – le respondí encantado.
- Párate – me ordenó.
Yo me puse de pie delante de ella y saqué mi pene que de inmediato le apuntó directo a la cara. Ella lo miró golosa, con lujuria, soltó mi cinturón y terminó de abrirme el pantalón que se escurrió y cayó al suelo. Cuando el celular que estaba en un estuche del cinturón golpeó el suelo, se sobresaltó.
- Oye ¿y si alguien nos encuentra? – me preguntó alarmada, agarrando mi pene con una mano y las bolas con la otra.
- No te preocupes – la tranquilicé. Como el jefe, que es tan estricto, viajó ayer y hoy es viernes, les di la tarde libre para que se relajen.
- ¡Muy conveniente! – me dijo sonriendo y metiéndose mi pene en la boca.
No le pude responder. Su forma de chupármelo me dejó sin habla. Escasamente podía respirar entrecortadamente. “¡Carajo! ¡Es una mamadora espectacular!”, pensé. Nunca nadie me lo había mamado en esa forma. Su mano subía y bajaba mientras ella se entretenía con el glande. Lo lamía, lo chupaba y lo succionaba. Lo soltaba y recorría todo el palo con su lengua. Chupaba mis huevas y con su mano acariciaba mi periné. Con la otra mano, me agarraba la nalga y la estrujaba mientras trabajaba con su boca. Sus suaves gemidos me indicaban que se lo estaba gozando. ¡Y yo sí que lo estaba gozando!

Después de casi quince minutos de chuparme y acariciarme el pene y las bolas por todos los lados, como si nunca hubiera visto uno, se dio cuenta que yo estaba a punto de llegar, de manera que se lo sacó de la boca y se puso de pie. Me besó como queriéndome arrancar los dientes. Como si quisiera asegurarse que yo me diera perfecta cuenta que era esa la boca que había estado chupando, lamiendo y succionando mi verga durante un cuanto de hora.
Entretanto, mis manos se metieron debajo de su falda. La tanguita era un hilo dental que dejaba completamente libres sus deliciosas nalgas, las cuales me dediqué a acariciar con fuerza. Luego, mientras una mano se encargaba de ese culo maravilloso, la otra se fue directa a su cuquita que estaba absolutamente empapada. Mientras con una mano me encargaba de su clítoris y su empapada cuca, con la otra busqué y encontré su ojete. Cuando sintió que mis dedos se encargaban de sus huecos se estremeció.
- Métemelo, por favor – rogó jadeante. Quiero que me lo metas…
Me agaché y con las dos manos le quité la tanguita. Aproveché la ocasión para devolverle el favor y mi lengua se dirigió como un misil hacia su cuca. Estaba deliciosa. Húmeda. Con un sabor particular que no había probado en ninguna cuca. Estuve entretenido en su concha unos cinco minutos.
- ¡No aguanto más! – dijo casi gritando. ¡Métemelo o te lo arranco!
- Recuéstate – le dije.

Y se acostó en el sofá con sus piernas abiertas, la falda alrededor de la cintura y la blusita a manera de bufanda. Los ojos vidriosos y las pupilas dilatadas. La visión era maravillosa. La cuca húmeda y las tetas sonrosadas por mis apretones.

Me incliné, y guiando mi pene con una mano, acerqué la cabeza a su cuca, golpeándole los labios externos como quien toca a una puerta pidiendo entrar.
- Adelante, ¡mételo! – ordenó.
Y empecé a meterlo despacio, con cuidado. Ella jadeaba y pedía: “¡Hasta el fondo! ¡Quiero sentirte!” De manera que me dejé ir de un solo jalón y se lo metí hasta la empuñadura.
- ¡Aaaahhhhhh! – gritó, como si le faltara la respiración.

Empecé mi movimiento de mete y saca y rápidamente ella se empezó a mover al compás. Podía sentir las paredes de su vagina en la punta de mi pene. Estaba absolutamente encharcada. Era una delicia. Para no venirme tan pronto, alterné el ritmo varias veces. Ahora rápido, ahora lento. Eso la enloqueció, y si no estoy mal, con el sistemita logré que se viniera unas dos o tres veces.

De pronto sentí que me venía y caí en cuenta que en el afán no me había puesto el condón y se lo dije mientras me retiraba.

Se quitó rápidamente la falda y me dijo:
- Sigue, y cuando vayas a llegar me lo echas en las tetas.
- Vale – le dije por toda respuesta, y la volví a penetrar.

Esta vez el ritmo fue frenético. Le di como loco mientras ella gemía y gritaba con cada embestida. Cuando sentí que me venía, lo saqué, ella lo agarró y terminó de pajearme mientras yo eyaculaba sobre sus tetas y su vientre plano. Hacía años no eyaculaba de esa manera. A ella, eso la excitó tanto que volvió a tener un gran orgasmo, me dijo después.

Cuando terminé, me la volvió a chupar hasta que me la dejó limpia por completo.

- Delicioso – fue todo lo que dijo, mientras se fue para el baño con paso inseguro. Voy a limpiarme. Ya vengo.

Cuando regresó cinco minutos después, yo ya me había vuelto a vestir y estaba arreglando el escritorio para marcharnos. Al fin de cuentas, era viernes y la noche era joven. Ella ya se había vuelto a acomodar la blusa, el sostén y la falda.
- ¿Mis cucos? – preguntó.
- Ya no son tuyos. Ahora me pertenecen y los voy a guardar de recuerdo. – le contesté.
- ¿Cómo? – me preguntó entre sorprendida y cómplice.
- Lo que oíste – le respondí tratando de hacerme el serio y no mirarla para no reírme.
- Muy bien. No hay problema me dijo – evidentemente divertida por la situación. Pero para que te los ganes con merecimientos, me vas a llevar a un sitio a comer, luego a bailar y por último a terminar lo que empezamos aquí ¿estamos?
- O sea, las tres erres – le dije.
- ¿Las tres erres? – preguntó intrigada.
- Rumba, Restaurante, Residencia – le respondí sin inmutarme. Solo que la residencia será la mía, es decir, mi apartamento, ¿te parece?
- Me parece – me respondió, evidentemente complacida por la perspectiva del viernes que le esperaba, cuando sonó su celular.
- Dame un minuto – me dijo mientras cogía el celular y me daba la espalda. Hola, mamá ¿Cómo estás? Sí señora, todavía estoy con Mariana y posiblemente me demoro porque tiene unos primos que llegaron de visita al país y quieren que los llevemos a conocer la ciudad. Sí, mamá, son gente seria y decente. No mamá, son casados y vinieron con las esposas. Vamos a ir los seis. No se, mami. A lo mejor terminemos tomándonos unos tragos en el Atlantis. Sí, mamá el Atlantis, el centro comercial de la ochenta y una con doce. Sí, mami. Ese. Donde compramos tus carteras. Bueno. O.K., mami yo te aviso. Pero no me esperes despierta. Si nos demoramos mucho, me quedo donde Mariana. No, no. No te preocupes. Los primos se están quedando en un hotel. Yo me quedo con Mariana en el diván del estudio. O.K. má. Te llamo. Chao. Besos.
Yo no le había perdido detalle mientras hablaba. La espalda era perfecta y el culo respingón. El pelo, ahora liso, le llegaba a mitad de la espalda y le confería un aspecto súper sexi. Cuando terminó, se volteó y me miro interrogante:
- ¿Qué? ¿Qué tengo? – preguntó mirándose las piernas y alisándose la falda.
- Nada, solo te admiraba. – le respondí. Admiraba tu cuerpazo y la forma tan extraordinaria como manejaste a tu mamá. ¡Mis respetos!
- Ja, ja, ja, ja – se carcajeó. ¡Tocaba! Primero, porque mi adorada madre es muy conservadora y retrógrada y todavía te odia, y segundo, porque luego de lo que pasó aquí, no te me escapas. Así que, caballero, a cumplir lo prometido – me dijo mientras me besaba en la boca y me volvía a agarrar el bulto que empezaba a recuperarse.
- O.K., señorita. Vamos. – le respondí, y salimos de la oficina decididos a tener el mejor viernes que hubiéramos podido tener en años.
Y lo fue. Pero lo que ocurrió esa noche, y el sábado por la mañana será tema de otro capítulo.
Copyright © Relatos eróticos Marqueze. El Sexo que te gusta leer..
Blogger tarafından desteklenmektedir.