Relatos eróticos Marqueze. El Sexo que te gusta leer.

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La jefa de departamento

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En esta ocasión les voy a contar algo que me sucedió recientemente mientras asistía a un curso de actualización organizado por la empresa donde trabajo.

Todo pasaba con normalidad ese día, saludar a viejos amigos y colegas que hacia rato que no veía y quedar bien con los jefes asistiéndoles en la medida de los posible. En estas actividades estaba, saludando a algunos de mis superiores, al director general, a los administrativos (especialmente a las chicas de de informática y administración) sin olvidar a la jefa de departamento. Ella es una mujer madura muy guapa que se ha sabido conservar de muy buena manera, de carácter fuerte y firme, una de esas mujeres que saben bien lo que quieren, claro sin dejar de ser amable. La saludé de forma normal y ella me respondió de la misma manera, aunque algo en el tono de su voz no se me hizo normal, seguí en mis actividades sin darle mayor importancia.

Después de algunas horas dentro de las conferencias ya me sentía algo aburrido, decidí salir un momento para despejarme un poco, mirar los stands de los patrocinadores que nunca faltan a ese tipo de eventos, sin darme cuenta salí con el gafete aun colgado al cuello, casi al salir escuche a alguien que decía
“usted debería verse aun mejor, eso es solo para identificarse licenciado, no es un accesorio”
era una voz femenina llena de autoridad que me hizo sentir pequeño, recordé que tenia el gafete puesto y sin decir nada me lo quite y lo guarde en el bolsillo de mi saco, con disimulo mire quien había dicho eso, vi a la única mujer que estaba en esa zona, era la jefa del departamento, al notar mi mirada solo esbozó una cara sobria, continúe mi camino sin dejar de pensar en esas palabras, era extraño para mi pues normalmente no suele dirigirse de forma tan personal pues por la naturaleza de mi trabajo solo la llego a ver ocasionalmente o cuando asisto a uno de estos cursos, de hecho suele ser indiferente a cualquier comentario extra concretándose a el asunto que deba tratar, ni mas ni menos, pero después de todo lo mas seguro es que solo fuera mi calenturienta imaginación que esta activa permanentemente. Tome un café, mire por ahí un rato y regrese a las conferencias, al pasar por la sala de patrocinadores la vi nuevamente sentada en un stand que estaba desocupado, frente a su laptop, aunque no se veía que estuviera revisando algo precisamente, mas bien se le notaba aburrida y no era para menos pues el curso no tenia mucho que ver con su área de desempeño, la salude a la distancia con una seña y pase a las conferencia.
Así transcurrió el resto del día sin ninguna novedad, al finalizar el curso, me despedía de los colegas y los amigos cuando vi a la jefa de departamento platicando con los organizadores, noto mi mirada y volteo la cara hacia mi, yo solo pude decir amablemente
“hasta luego”
Ella respondió de la misma manera, algo raro pues no suele interrumpir sus conversaciones por saludar a alguien de un rango menor, continuaba con mi camino y la escuche que me llamaba
“licenciado, ¿puede venir un momento por favor?”
Me acerque
–“dígame, ¿en que le puedo servir?”-
“¿podrías ayudar a recoger el equipo de computo que se uso en conferencias por favor?, mira esta al fondo, ahí ya hay algunos de tus compañeros almacenándolo”
–“claro, voy enseguida”-
Por dentro pensé (ya se me hacia demasiada atención de su parte, para lo único que me dirigiría la palabra es para pedirme algo, debo de dejar de pensar en estupideces). Cuando llegué al lugar ya habían cargado casi todo en el ascensor de servicio, tome una caja que aun faltaba cargar y me apresure a entrar al ascensor, este nos llevo a el sótano del lugar donde subimos las cosas a una camioneta de la empresa, solamente dejaron una laptop y una impresora que me pidieron cuidara unos minutos mientras que pasaba Giménez en otro vehículo a recogerla, pues ese equipo había sido prestado por el y no pertenecía a la empresa.
Me quede esperando a que pasaran a recogerlo, estuve en el lugar cerca de 15 minutos, la mayoría de los asistentes ya se habían retirado pues había empezado a llover y el trafico suele complicarse en esa zona de la ciudad. Se acercó un auto y era la jefa de departamento, se detuvo donde yo estaba, bajo su ventanilla, me miro y dijo
“licenciado, ¿que hace aquí?”
–“cuidando este equipo mientras viene Giménez que debía recogerlo”-
“hay no puede ser con este tipo, tiene mas de media hora que salió de aquí, ya debió olvidar que tenia que recogerlo, no te preocupes, súbelo a mi auto y yo mañana se lo entregare”
Tome la laptop y la impresora y la coloque en la cajuela de su auto,
-“gracias, ahora debo irme”-
“espere licenciado, suba a mi auto, lo llevare cerca de su hotel, queda de paso a mi casa, además está lloviendo a cantaros allá afuera”
Me contesto.
Subí al auto inmediatamente, al entrar no pude dejar de notar sus lindas piernas saliendo por debajo de esa falda, su blusa blanca se pegaba a las formas de su cuerpo por que estaba mojada por la lluvia, eso hacia que se marcaran bellamente sus senos; al notar mi mirada dijo
“¿todo bien licenciado?”
–“si, es solo que note que esta completamente mojada”- Pensé de inmediato (maldita suerte ahora solo falta que me reporte por acosarla)
“ni lo menciones, salí a tomar un café al terminar el evento y de regreso camino al estacionamiento me tomó por sorpresa este aguacero”
me decía esto mientras se sacudía un poco del agua de su blusa que no hiso mas que adherir la delgada tela aun mas a su hermosa piel blanca, condujo algunas calles mientras platicaba de cosas triviales, yo le respondía casi en automático mientras que mi mente no dejaba de recordar lo que había visto hace escasos momentos y como ya lo mencione antes ella es una mujer madura que a pesar de los años se ha sabido conservar en excelente forma, es alta, delgada, de piel clara, tiene el cabello largo y rizado, un rostro lindo que siempre luce bien maquillado, tiene piernas bien formadas y su manera de vestir resaltan mucho sus atributos, definitivamente no le pide nada a el cuerpo de alguna de las mujeres mas jóvenes, esto para mi era una escena incómoda, pues mi mente continuaba con esas imágenes morbosas, aun sabiendo que esa mujer seguía a mi lado apenas a unos centímetros. Su voz interrumpió aquellos pensamientos,
“eres muy callado o es que te estoy molestando”
–“no para nada, es que soy algo tímido en ocasiones”-
“entiendo, no deberías ser así, la gente suele crearse una imagen equivocada de las personas que hablamos poco, yo igual soy muy reservada en el trabajo, pero fuera de él suelo ser un poco mas extrovertida”
Llegamos a mi hotel y entro con su auto hasta el estacionamiento subterráneo,
“oye, podría pasar un momento a tu habitación para secarme un poco y cambiarme esta ropa, si no te molesta”
–“si claro, debería hacerlo pues ya esta haciendo bastante frio”–
“tengo una muda de emergencia en el maletero para ocasiones como esta”
Me ofrecí a cargar el bolso donde llevaba su muda de ropa y subimos hasta mi habitación, entramos, coloque mis cosas sobre el tocador de la habitación, ella me dio la espalda, caminó justo al centro de la habitación:
“¿podrías ayudarme a bajar el cierre de la falda?”
Tarde un momento en asimilar esas palabras, por un instante pensé que eran solo de mi excitada imaginación, volví a la realidad y vi que era verdad lo que había escuchado cuando soltaba el broche primario de su falda, reconecte mi cerebro y mi mente a mi boca.
-“claro, permíteme”-
Me acerqué con timidez, baje el cierre, sus manos comenzaron a bajar la falda lentamente, ante mi estaba una imagen impresionante de su precioso trasero decorado solo por una panti negra muy elegante, la falda resbalo suavemente como si no quisiera despegarse de sus caderas… y quien podría querer dejar de sentir tan lindo trasero…. finalmente la falda llego hasta sus piernas y cayó hasta el suelo donde fue recibida por unos costosos zapatos de tacón muy pronunciado, estaba atónito con tan insinuante situación, se giro, dio un paso hacia atrás para quedar frente a frente, su mirada estaba fija en mi rostro, su mano derecha soltó el primer botón de la blusa mientras que la otra repetía la operación en el segundo, era una escena que pasaba en cámara lenta ante mis ojos, poco a poco los botones de su blusa se agotaron, su mirada era maliciosa, solo oculta bajo el marco de sus anteojos, abrió su blusa por completo y esta tuvo la misma suerte que su falda, su fino bra negro era el único sobreviviente sobre sus bien formados pechos, se quito los anteojos y los arrojó hasta el tocador, su rostro lucia aun mejor de esta manera, sus pestañas largas y rizadas ahora eran lanzas que parecían me matarían ante la primer mirada directa, me quede petrificado, mi miembro estaba sufriendo el mismo efecto; por fin mi cerebro pudo conectarse con mi boca y articular algunas palabras:
-“usted en verdad que es muy distinta de lo que creí”-
“¿a que te refieres?”
Esbozó una cara seria, tal vez se había sentido ofendida
-“no creí que estuviera tan guapa, bueno eso es lo que puedo ver desde aquí”-
“gracias “
Sonrió, su semblante cambio nuevamente, ahora se veía un poco sonrojada y un extraño brillo se notó en sus ojos, lentamente se acerco a mí izquierda me tomo la mano y la puso sobre su cintura
“¿y así de cerca me sigo viendo guapa?”
-“así de cerca no solo es guapa, es muy sensual”-
Dio un paso al frente, colocó su brazo alrededor de mi cuello quedando prendida de el y recargo todo su lindo cuerpo contra el mío, sin duda pudo sentir la erección que crecía bajo mis pantalones.
La tomé con delicadeza por la cintura y espalda, ella me beso en los labios de una forma muy apasionada, se notaba la gran experiencia y la decisión de obtener siempre lo que desea, sus labios eran deliciosos, húmedos, cálidos, su lengua inmediatamente fue al fondo de mi boca, lo hacía con movimientos hábiles que yo no había experimentado nunca antes, su aliento era exquisito se mezclaba con el aroma de su cuerpo que se hundía a través de mi nariz llegando a mi cerebro y anulando cualquier otro pensamiento que no fuera ella.
Me tomo de la mano y me llevo hasta la cama, entre besos y caricias hiso que me recostara, tenia una forma dominante y muy sexy de recorrer mi cuerpo con sus manos, su boca me excitaba al máximo mientas recorría mi cuerpo y mis labios. Mis manos recorrían su cuerpo con delicadeza alcanzando sus piernas, nalgas y su espalda, ella permanecía montada en mí, asediándome con el calor de su vagina que traspasaba su elegante panti y frotaba mi miembro con ella, sabía muy bien lo que estaba provocando en mí.
En cuanto sintió el bulto que se forma en mi pantalón lo acomodó con una de sus manos sobre mi vientre en dirección a mi ombligo para después acomodar nuevamente su caliente vagina sobre el y reiniciar sus rítmicos movimientos, asiendo que yo disfrutara de una paja excitante, pude notar como esta situación le excitaba, hábilmente me saco la camisa y esta vez fue su lengua quien me erizaba al contacto, recorrió mi pecho lenta y deliciosamente y regreso a mi cuello, sus manos desabrocharon mi pantalón y en unos cuantos movimientos se había despojado del resto, yo no podía dejar de recorrer su espalda, alcance el broche del bra que cedió fácilmente, el tiempo parecía detenerse nuevamente; brotaron dos preciosos senos bien formados, blancos como las nueves coronados por dos ángeles que eran sus pezones, se despojo de esa prenda y dirigió mi rostro contra ellos, bese suavemente al primero que tuve a mi alcance, su cuerpo dio un diminuto salto que recorrió su espalda en una descarga, sus pezones se pusieron firmes en respuesta, volví a besarlos con la misma suavidad, sus pezones estaban ya totalmente turgentes, la punta de mi lengua roso a esos ángeles, escuche sus suspiros, su cadera se restregó con mayor fuerza e intensidad sobre mi verga en esta ocasión, el tiempo volvió a marchar, sus caderas se movían deliciosamente sobre mi, besaba sus pechos alternadamente con sus hombros y su cuello que tenia un aroma desquiciante, ella contoneaba su cuerpo de modo tal que mis caricias fueran directamente a donde ella lo estaba deseando, sin duda era dueña de la situación.
Quito la ultima prenda que seguía aferrada a tan hermoso cuerpo, su vagina bellamente depilada con solo un poco de vello delineado con precisión reclamaba su parte del botín, asumió la misma posición montada sobre mi, volvió a poner mi verga dura recostada sobre mi vientre apuntando el glande hacia mi ombligo, sin dejarse penetrar hábilmente coloco su húmeda vagina sobre el cuerpo mi verga, sus labios vaginales quedaron a cada lado de mi verga, reinicio el tortuoso masaje sobre mi verga que me estaba matando deliciosamente, el calor de su vagina era directamente vertido sobre todo el cuerpo de mi verga gracias a los abundantes jugos que emanaba su cuerpo, pronto lubricaban abundantemente y hacían que viviera la paja mas extraña y deliciosa de mi vida, miro mi cara de excitación, subió el ritmo del movimiento, el dominio la excitaba a ella tanto como a mi, la fricción de nuestros sexos me tenia en la sima del éxtasis, apreté sus nalgas para tratar de deterla un poco, yo no quería terminar sin penetrarla primero y ella no pretendía ser penetrada aun, al presionar sus caderas solo logre que la presión y la fricción sobre mi verga fuera mayor, sus ojos se abrieron un poco mas, su rostro expresaba la excitación, un fin sudor brotaba de su rostro, aprovechó el aumento de la fricción para aplicar también su castigo en su clítoris con la misma pasión, su respiración estaba agitada, no pude notar nada mas en su rostro por que m i boca regreso a sus deliciosos pechos, una mano en mi nuca me decía que ese era el camino correcto, mientras que ella seguía restregándose con mi verga y castigando su clítoris en mi; mi rostro se perdía en sus pechos que para este momento estaban comenzando a sudar, podía escuchar su corazón agitado, su piel era deliciosa y tersa, la mas suave que había probado, con facilidad se sonrojaba al hacer una leve succión o al morderla, mis manos alternaba sus caricias en sus nalgas y su espalda, en parte para evitar despegarme de su cuerpo, sus nalgas se podrían haber fundido a mis manos por lo calientes que estábamos, se contraían rítmicamente los músculos de esas preciosas y firmes nalgas, se notaba que el gym era uno de sus pasatiempos, los muslos bien formados que me rodeaban me confirmaban mis suposiciones, me tenia súper excitado, casi suplicaba por que me dejara penetrarla pero su posesiva forma de hacerlo me tenia atrapado y me tenia a una sacudida del orgasmo, yo quería depositarlo en su vagina pero lo que sentía era tan delicioso que si asía lo quería ella yo no podía pedir nada mas, con sus manos en mi nuca dirigía mi rostro para indicarme en que lugar deseaba sentirme, así lo hice hasta que algo nuevo sucedió, sus manos e aferraron con mayor firmeza a mi, su cuerpo parecía contraerse intermitentemente, era claro que la excitación que yo estaba sintiendo estaba teniendo la misma intensidad en ella, seguramente ya se habría dado cuenta que no tardaría mucho en venirme, el poder de seducción que ejercía en mi la ponía cerca del éxtasis, su cuerpo se levanto ligeramente, tomo mi verga y la coloco justo a la entrada de su vagina, sentí un inmenso calor sobre la punta de mi verga, ella soltó un largo suspiro, la cabeza de mi verga en su raja le provocaba la misma excitación que a mi, después se dejo caer sobre mi, encajándose de un solo golpe todo el grueso de mi, su raja se abrió de par en par para mi, facilitándose mas por la abundante lubricación en su interior, el calor de su interior era casi intolerable, quería venirme en ese momento, pero la violencia con que se dio esa penetración también me causo un poco de dolor que calmó mis ansias, su cara era de completo éxtasis un gemido ahogado en su boca me decía que estaba ella tan cerca del orgasmo como yo, sin parar un solo momento comenzó a mover sus caderas ahora en forma circular, apoyando sus manos en mi abdomen para tener un mejor apoyo, en esta posición clavaba sus uñas en mi abdomen cuando la verga en su interior rozaba las zonas mas sensibles de su cuerpo, al tener sus brazos juntos hacia que sus pechos se apretaran uno contra el otro, el volumen de esos celestiales pechos parecía haber aumentado, era una imagen divina, me tenia engolosinado, comenzó a mover mi pelvis hacia arriba, esto levanto un poco su cuerpo, sus caderas en mis manos se contrajeron y nuestros sexos hicieron un pequeño sonido entre liquido y chasquido, repetí la operación con mas fuerza, la reacción se repitió ahora acompañada de un nuevo rasguño en mi abdomen, me miro fijamente a los ojos, sonrió y mordió su labio inferior, lo estaba disfrutando mucho, esa era la señal para continuar, ahora combinábamos su movimiento circular de caderas con mi movimiento ascendente y descendente de mi pelvis, sus jugos escurrían abundantemente sobre mi verga llegando a mojar mis testículos, el chasquido liquido de nuestros sexos se mezclaba con el sonido de gemidos y suspiros de placer, los movimientos subían de tono, las caricias se volvían mas fuertes llegando casi al punto de la violencia que desfrutábamos abiertamente, las respiraciones eran muy agitadas en este punto, la tortura previa había menguado mis fuerzas, no podría durar mucho y no quería dejar de disfrutar tan magnifica hembra, su vientre se agitaba repentinamente, su blanca piel se puso enrojecida, un leve sudor llenaba su cuerpo, la tención en sus músculos se presentó, su rostro tenia un gesto muy particular, su cadera se movió con tremenda violencia, gemía intensamente pero de forma ahogada, las intensas contracciones de su vagina en mi verga confirmaban el diagnostico, se estaba viniendo, yo ayude su objetivo con fuertes arremetidas que llegaban hasta el fondo, continúe así aunque ella pedía que fuera mas lento, no hice caso, tanto que su cuerpo saltaba en ocasiones sobre mi, sus pechos saltaban ante cada embate, su cuerpo intentaba separarse del mío pero mis manos en sus caderas evitaban se librara de las embestidas, su orgasmo continuo, gemía casi como si quisiera llorar, se puso totalmente tensa y sus uñas se encajaron firmemente en mi abdomen, esta maniobra hizo que chorros ardientes de semen brotaran de mi verga llegando a chocar justo con el fondo de su vagina, sus entrañas debieron calentarse con mi jugo en su interior, la sensación logro que por fin se desinhibiera por completo soltando un gemido de placer intenso….
…Descanse las acometidas y ambos regresamos a nuestros movimientos pero esta ves de forma mas lenta, se podría decir que ahora eran movimientos tiernos, así continuamos un momento entre leves caricias y besos abrazados uno al otro se quedo dormida sobre mi, continúe acariciando su espalda por un tiempo, miro su reloj…. Lo inevitable tenia que suceder… regresamos a la realidad de los deberes. No nos hemos visto nuevamente en semejante situación, pero no pierdo la esperanza de repetir la hermosa experiencia que me hizo vivir.

Mi mujer y su primer amante, mi primer cuerno

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Mi mujer y su novio.
Una vez, allá por el 2009 tuvimos una de las más fuertes peleas con mi esposa. En ese entonces viviamos en un departamento en el segundo piso de un edificio en un barrio en Asunción. Ah, soy de Paraguay. Laura tenía entonces 26 años. Sigue siendo preciosa a pesar de haber tenido ya tres hijos. Es una delicia de mujer. Pechos bien sabrosos. Unos pesones que cuando está caliente se ponen rojos y duros. Su boca es lo más rico.
Esto que les cuento es pura verdad. Y debo confesarles que es una escena en nuestras vidas que me calienta demasiado. Cada vez que estamos cogiendo le pido que me la cuente porque me excita muchisimo imaginarmela cogiendo con otro. Y le pido detalles de ese momento.
Bueno, les decía que nos peleamos. Yo me fui de la casa. Volví a casa de mis papás. Ella se quedó sola en nuestro departamento.
Trabajaba entonces en una tienda de ropas como administradora y tenía buen pasar, le pagaban bien. Es de hecho una mijer muy inteligente.
El caso es que había un hombre, llamado Osbaldo que la andaba piropeando (así decimos cuando un hombre dice cosas lindas a una mujer con intenciones de seducirla), y a ella eso le gustaba mucho, somo a toda mujer. Bueno este Osbaldo insistía e insistia. Tenia un lindo auto, un mercedes benz color azúl. Un día Laura, en una de esas fechas donde las ganas de coger, que se da cuando ella está ovulando, el la invitó para llevarla hasta su casa. Ella aceptó y por el camino ocurrió lo que ocurrió.
Laura usaba bellas prendas interiores. Era algo que a mi me encantaba y fuimos armando un ajuar de preciosas ropas inetriores. Ese día ella tenía una de encajes color blanco, con el que se podían ver sus bellos píbicos bien recortados. No se los pelaba, hasta ahora. El pesón también era algo realmente bien visible con esa ropa. Que yo le había regalado.
Van camino a su departamento y ya en el camino charlan de cosas vanales, de la vida de ella, le cuenta que estaba casada, pero separada en ese momento porque el idiota de su marido había hecho unas cosas que no le gustaron (salió con una amiga de antes) y estaba cansada de ser maltratada. Uf, habra pensado Osbaldo, es mi momento. Y se lanzó directamente.
La invitó a tomar un trago y ella aceptó. Directamente la llevó a un motel. Si una mujer te acepta eso, significa que tiene ganas.
Fueron directo a un reservado (así llamamos aca a los moteles). Nada más entraron el la toma por detrás de la cabeza y le estampa un beso en la boca. Ella no lo resiste y se abandona. Siente la lengua de Osbaldo buscando la suya, abre la boca y comienza un intenso beso. Ella sintío que el la besaba apasionadamente, ella de hecho estaba apasionada, caliente. Se besaron y el comenzó a tocarla por encima de la ropa. Ella estaba totalmente entregada. Decidida a dejarse hacer todo. El lo sabía.
La besó detras de la oreja, le apretaba las nalgas, por la pared en el motel, ambos aun con toda la ropa puesta.
Laura estaba caliente. Sentia ese calor y ganas de coger.
Entonces el se separa de ella y comienza a desprenderle los botones de la blusa. Uno a uno. Lentamente. Le saca la blusa y queda con el corpiño blanco que le daba un aire de mujer pura. Aunque se estaba portando como una total hembra en celo.
Laura atrae hacia ella a Osbaldo y le estampa otro beso y comienza a bajar por el cuello y le desprende su camisa. Ella ahora era la que tenía el control. Tenía un perfume muy rico, a macho. Eso me lo dijo, e hizo que yo también comenzara a usar mucho perfume. Le desprende la camisa y comienza a besarle las tetillas mordisqueandole suavemente.
El trata de sacarle el corpiño y ella de repente siente como cierto halo de verguenza. No le deja. El no se detiene y comienza a sobarle las nalgas, levanta su pollera y le toca directamente el trasero. Ahhh. solo pensarlo otra vez me pone duro el pene.
Entonces el desprende su cinto y se baja el pantalón. Tenía la pija dura y grande. Según laura la más grande que hasta ahora tuvo. Luego que volvimos nunca más cogió con otro hombre (eso me dice y le creo).
Ya el con la pija fuera del pantalón y bien dura, le baja bruscamente la tanga hasta el piso y sin mediar palabra la levanta por la pared y se coloca en medio de ella. Directamente la penetra hasta el fondo. Sin usar preservativos ni nada. Le coge por la pared. Ella lo abraza con las piernas por la cintura y comienza a entrar y salir de ella. Estaban calientes y muy unidos.
Están así un par de minutos. Luego el la toma y se la lleva a la cama donde la tumba boca arriba y se la coge. Entra y sale de ella. Comienza a jadear ahhh ahhh ahhh. Entonces el le dice. Que idiota tu marido. lo que se pierde. y la sigue cogiendo. Ella me cuenta estas cosas siempre que le pido y siempre me hace acabar más rápido.
Ella lo toma de las nalgas y lo estira como queriendo que entre más al fondo. Luego se da vuelta, ella sobre el. Es la forma en que mejor goza ella. Se sienta sobre la pija de osbaldo y comienza a cabalgarlo, se besan. se lamen la lengua, el le toca el culo con un dedo. Eso no le gusta pero en esa ocasión se dejó hacer.
Sin sacarse el corpiño se da cuenta que esta por gozar sobre el. El siente que ella aumenta el ritmo y le aprieta las nalgas abriendole los cachetes.
Escucha que le dice. Voy a gozar en tu concha. Ya no aguanto. Ella le dice, mojame, mojame, mojame toda.
Entonces explotan juntos. Ella arquea la espalda hacia atrás y entra en un estado de éxtasis total.
El se derrama en ella y lo disfruta.
Quedan así un buen rato. Sin moverse. Laura se da cuenta que el semen de su concha comienza a salirse. Entonces se levanta y camina hacia el baño. Se mira al espejo y siente que hizo bien. Mira entre sus piernas y ve el semen de su macho que se escurre por sus muslos. Se toca y lo huele. Le gusta.
Recien allí se saca el corpiño, ee toma un baño y al rato entra Osbaldo junto a ella. Se dan una ducha y se visten
La lleva hasta su departemento, nuestro departamento. Alli tambien cogieron en otra oportunidad, pero eso se los contaré luego.
Espero les guste mi forma de escribir. Es realmente agradable contar lo que hizo. Ella me lo contó y me lo sigue contando. Me gusta demasiado. Una gran fantasia es verla cogiendo y chupando una pija. Pero es solo eso, una fantasía.
Espero me digan que les pareció. Así me atrevo a escribir más.
Desde Asunción – Paraguay

Mis Dulces Cuernos

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Universitaria cachonda



Mis relaciones de pareja han devenido como una sucesión de fracasos a medio plazo a causa de mi mente perversa. Soy un enfermo, incapaz de mantener una relación normal sin estropearla con mis proposiciones indecentes que tarde o temprano me delatan. Disimulo bien mis apetencias al principio, momento en que todo parece ir bien, pero poco a poco voy insinuando fantasías que tarde o temprano exijo, y que finalmente arruinan mi oportunidad de sentar cabeza y formar mi propia familia. Pero no voy a hablar de esas relaciones ahora, sino de las dos durante las cuales acontecieron hechos muy singulares que incrementaron mi adicción por lo escabroso.

Cierto es que desde niño tuve bastante imaginación sexual, y fui precoz no en la experiencia sino en imaginar fantasías perversas. Pero quizá fuera mi tercera novia la que me trastornó en mis tiempos mozos. Recuerdo que cuando empezamos a salir ella se excitaba mucho y con facilidad cuando nos tocábamos. Era virgen y en casi todo lo sexual se inició conmigo. Pero nunca he logrado comprender por qué no volvió a humedecer las bragas como el primer día en que le metí mano debajo de su falda. En poco tiempo era yo quien parecía tener que rogarle sexo, y me costaba mucho conseguir ponerla a cien. Por lo demás la relación era satisfactoria y teníamos plena confianza el uno del otro. A lo largo de nuestra relación, que duró seis años, le fui infiel en dos ocasiones al recurrir a los servicios de prostitutas, buscando experiencias más morbosas  que mi novia jamás tomaría la iniciativa de probar. Pero quién sabe, quizá hubiera hecho yo lo mismo aún sintiéndome satisfecho con ella. Eso sí, si algo puedo decir en honor a la fidelidad es que siempre he sido adicto a todas mis novias, y tengo la certeza de que jamás me cansaría sexualmente de ninguna de ellas. Todas fueron el ingrediente indispensable en mis pensamientos sexuales, y cada vez que rompíamos debían pasar años para dejar de masturbarme pensando en ellas. Hubiera pasado la vida entera con cualquiera de mis novias si alguna hubiera compartido mis inclinaciones sexuales. Mis dos primeras relaciones terminaron simplemente por la distancia y mis obligaciones laborales, nadie tuvo la culpa. Pero esa tercera novia que tuve, la relación más larga que he tenido hasta ahora, fue el detonante de mi perversión, si acaso no iba a convertirme en lo que soy de todos modos más tarde o más temprano.

Todo comenzó una noche en el apartamento de veraneo de mis padres. Allí cada año convivíamos durante algunos días de vacaciones un grupo de amigos. Solíamos pasar una semana entera disfrutando de la playa, cocinando y jugando a las cartas. Una calurosa madrugada mi novia se levantó de la cama como si fuera a ir al baño, pero en un apartamento pequeño no es necesario ver para sentir hacia dónde se dirigen los pasos, y yo que no dormía profundamente noté algo extraño. Los huesos de los dedos de sus pies descalzos daban pequeños chasquidos al andar con sigilo, y al oírla me pareció que se dirigía hacia la sala de estar donde dormía otra pareja. Permanecí inmóvil y agudicé el oído durante lo que me pareció demasiado tiempo. Finalmente sentí que entró en el baño y que usó el lavabo antes de volver a la cama. Yo fingí seguir durmiendo profundamente. Otras noches hizo lo mismo, y cada vez tardaba más en volver, quizá sólo un par de minutos pero a mí me parecían bien largos. Lo más desconcertante es que al día siguiente nunca me contaba qué hacía fuera de la cama por la noche, y yo tampoco se lo preguntaba porque descubrí un sabor agridulce en aquella intriga. Yo aún seguía teniendo plena confianza en ella, pero al mismo tiempo sentía morbo al fantasear sobre qué hacía durante esas visitas a la sala o quizás a la terraza del apartamento. La imaginaba siéndome infiel y me excitaba la idea, aunque en el fondo sabía que sería una experiencia desagradable averiguar que así fuera.

Un fin de semana repetimos la ocasión con los mismos amigos ya casi al final del verano. Pero tuve la locura enfermiza de ocultar unos días antes mi cámara de video en el interior de un altavoz haciendo coincidir el objetivo con el hueco de agudos. También taladré un agujero en una vieja mini cadena de música donde instalé un led infrarrojo. Cuando ideé la artimaña sentí morbo y me masturbé pensando en ello. Pero cuando fui al piso un par de días antes y lo instalé sentí vergüenza y pánico ante la idea de que me pillaran. Comprobé que la imagen grabada en modo nocturno por infrarrojos era nítida y con buena perspectiva respecto al sofá cama. A lo largo de la tarde del viernes que volvimos allí para disfrutar de los últimos días de vacaciones, me acobardé y decidí abandonar la empresa que como idea fantástica estaba bien, pero que en realidad era una tontería arriesgada. Sin embargo una casualidad oportuna hizo que todos bajaran a la calle menos yo a saludar a unos amigos, brindándome la oportunidad de poner en marcha la cámara y en modo lento, lo cual permitía realizar una grabación de cuatro horas y media desde aquel instante. Cuatro horas y media podrían no ser suficientes y era probable que alguien desconectase la mini cadena a la hora de acostarse por la luminosidad de sus leds. Esa noche no pude pegar ojo. Efectivamente mi novia volvió a hacer una incursión nocturna. Miré la hora y comprobé que el momento entraba en el rango de autonomía de la cámara. A la mañana siguiente ya estaba un poco harto de ese asunto, me daba igual el resultado pero quería lo antes posible despejar la duda que me impidió conciliar el sueño. No pude comprobar la cinta hasta la tarde del lunes en la que viajé ciento veinte kilómetros ida y vuelta desde mi vivienda habitual para comprobar la cinta, a riesgo de que no contuviera nada interesante y haber malgastado mi tiempo. Pero angustiosamente descubrí que había funcionado, y digo angustia porque la emoción que sentía mientras pasaba la cinta era demasiado ansiosa. Adelantando la imagen en modo rápido pude ver a la pareja de amigos durmiendo todo el tiempo en la misma postura, ella sobre el costado de cara a la pared y él boca arriba junto al borde del sofá. Casi al final de la grabación apareció de repente mi novia y se agachó en cuclillas junto a él. En ese momento sentí que se me encogió el estómago y que me faltaba oxígeno en la cabeza. Detuve la cinta y salí a la terraza a tomar el aire. Estaba aterrorizado y excitado a la vez. Después de darme unos segundos recuperé el resuello y me apresuré a conectar la cámara al televisor para ver la escena sentado cómodamente en el mismo sofá que había sido el escenario de a saber qué. Rebobiné la cinta hasta justo el momento en que estaba a punto de aparecer en escena mi novia y congelé la imagen. Me bajé los pantalones y calzoncillos hasta medio muslo y comencé a masturbarme. Cuando me convencí a mí mismo de que debía disfrutar de lo que iba a ver, le di al play. Mi novia apareció y se puso en cuclillas con sus piernas desnudas, sólo llevaba bragas y una camiseta. Nuestro amigo reaccionó al instante como si la estuviera esperando y comenzaron a besarse y acariciarse el rostro con dulzura. Me dolió profundamente ese beso. Pero la escena no tardó en volverse obscena, y como si ya lo hubieran hecho antes mi novia con decisión deslizó su mano bajo el pantalón del pijama de su amante y lo masturbó mientras seguía besándolo. Al minuto y con el miembro totalmente expuesto fuera de la ropa, pude ver como el chico tuvo un orgasmo sin mover ni un pelo para no despertar a su pareja. Después de volver a acariciarse con cariño mi novia desapareció de la escena con la misma frescura con la que vino.

No pude pensar en otra cosa durante una semana. Pero lejos de atormentarme me estuve masturbando con más frecuencia de lo acostumbrado, excitado con la visión de mi novia en cuclillas haciendo una paja a un conocido. Después de años haciéndome la misma pregunta he llegado a la conclusión de que estaban bastante enganchados tanto afectiva como físicamente, si no cómo iban a arriesgarse de esa manera pudiendo ser pillados tan fácilmente. Lo que no logro entender es por qué mi novia jamás compartió conmigo ese morbo del que era capaz. Nunca le dije que sabía que me ponía los cuernos, y nuestra relación no parecía estar afectada por dicha circunstancia. Aproximadamente un año después nos separamos por motivos que nada tienen que ver con lo sucedido en aquel apartamento. Es más, desde entonces me hice adicto a la idea de imaginar a mi novia teniendo sexo con otros hombres, y lo peor es que ahora no sé excitarme de otra forma. Cuando empiezo una nueva relación no puedo evitar imaginar este tipo de fantasías con mi nueva pareja, y con el tiempo acabo siempre estropeándolo todo.

Para coronar el colmo de mis experiencias contaré la última y más fuerte, la que me ha convertido en un verdadero enfermo. Hace ya tiempo me trasladé a la capital para trabajar durante algunos años, y allí conocí a una compañera que me tiró los tejos. No me parecía demasiado atractiva pero me dejé llevar y descubrí a la mejor mujer que he tenido jamás. Era muy inteligente y tenía la cabeza bien amueblada, pero algo en su forma de ser había hecho que sus escasas relaciones no duraran más de dos meses. De muy joven fue empollona y un cero a la izquierda para los chicos de su edad. Sus primeras relaciones llegaron tarde y a mi entender carecían de pasión por ser ella de naturaleza poco sexual. Conmigo le fue bien, y a pesar de su escasa experiencia y falta de deseo se comportaba de un modo servicial y satisfactorio en todos los aspectos. Quise desterrar de mi mente mis ideas enfermizas para no estropearlo todo, así  cuidé de no proponerle cosas obscenas. Sé que ella era feliz conmigo. Nuestra relación duró cuatro años, todo un record para ella. Pero una noche me habló de que era consciente de su falta de apetito sexual, y de cómo sus amigas del colegio le decían que era una estrecha. Yo le quité importancia al asunto y le dije que había conocido a otras mujeres como ella, y que me parecía normal. Le hablé de mi sexualidad y le confesé que fantaseaba con casi cualquier cosa perversa que a un hombre se le pueda pasar por la mente, pero no me atreví a darle detalles ni a reconocer que me gustaría ponerlas en práctica. No le hablé de lo mucho que me atraen los pies de una mujer ni de mis aventuras con prostitutas ni de mi curiosidad por el sadomaso, ni las horas que he pasado viendo pornografía, y mucho menos de mi fantasía de verla a ella tocando a otro hombre. Su deseo era descubrir el modo de excitarse más. Ella le achacaba el problema al hecho de que no se sentía guapa. Yo estaba convencido de que su problema era hormonal, y que simplemente no tenía remedio.

Sin embargo sucedió en dos ocasiones que para mi sorpresa se excitó más de la cuenta mientras le metía mano de noche en lugares un poco comprometidos, llegando a ruborizarme con sus gemidos incontrolados y la posibilidad de que alguien nos viera. En varias ocasiones hablamos de ello. Ella no reconocía que sintiera un morbo especial por hacer cosas en lugares públicos, y no quería reconocer que en aquellas ocasiones se había excitado más de lo normal. La animé para que experimentase con cosas nuevas en busca de aquello que pudiera excitarla en mayor medida, y a que intentara superar su vergüenza. Esas conversaciones fueron el detonante de una cadena de insinuaciones por mi parte, y de nuevo volví a las andadas. Poco a poco fui compartiendo mis fantasías con ella, y en su interior fue conociendo mis deseos. Pero nunca tuvo la iniciativa de complacerme en semejantes perversiones, pues me dijo claramente que ello podría alimentar un vicio peligroso. Tuve la suficiente cordura como para no insistir y mis proposiciones nunca llegaron a estropear nuestra relación. Una vez accedió a visitar un club liberal de la capital acordando que iríamos sólo en calidad de curiosos, y así fue. Vimos las instalaciones, nos gustó el ambiente, tomamos unas copas e incluso nos decidimos a hacer el amor en zonas comunes como si fuera la cosa más normal del mundo. Recorrimos todos los rincones y observamos a otras parejas disfrutando del sexo. Mostré interés por un cuarto equipado para el martirio con potro, cruz de San Andrés, columpio, fustas, etc. Al final nos marchamos de allí con la sensación de haber estado en un lugar naturista, sin haber sentido ningún morbo extraordinario. Me hubiera gustado que mi novia tomara la iniciativa de hacer algo más atrevido esa noche.

Un tiempo después tuve que trasladarme a otra ciudad por trabajo, y por la misma obligación ella no pudo venirse a vivir conmigo. La distancia hizo que discutiésemos porque ella hacía más que yo por vernos. No hicimos planes para casarnos o viajar o irnos a vivir juntos, y un día cualquiera dejamos de hablarnos por enfado. La idea de que ella pudiera encontrar a otro hombre comenzó a ser el ingrediente picante de mis momentos de autosatisfacción. La imaginaba con algún extraño en la cama haciendo todas esas cosas que había aprendido conmigo. Ya fantaseaba con esa idea mientras estuvimos juntos, pero ahora que era más probable que así sucediera me excitaba aún más pensar en ello. Después de tiempo sin hablar le envié un detalle por su cumpleaños, y fue entonces cuando descubrí que me guardaba mucho rencor. Se había enojado por mi aparente indiferencia y me reprochó en una carta que le hiciera daño enviándole cosas después de haberla ignorado. Y desde entonces no volvimos a comunicarnos.

El invierno siguiente viajé a la capital también por motivos de trabajo donde me alojé durante una semana. Con el objeto de satisfacer un viejo morbo frustrado, la noche del sábado pagué el servicio de una acompañante para visitar durante tres horas el mismo club liberal al que una vez acudí con mi novia. El ambiente era aún más concurrido que la vez anterior. Nos sentamos a tomar una copa y charlar rodeados de muchas parejas, reímos, entramos en confianza y pactamos lo que intentaríamos practicar en presencia de otros. Mi verdadero deseo era el de participar en alguna orgía con otras parejas, aunque mi acompañante era un poco reacia a sobrepasar ciertos límites si no incrementaba sus honorarios. Pero sin duda la experiencia reina sucedió inesperadamente como si me arrollara un tren en el momento que me giré y descubrí que a mis espaldas estaba mi novia sentada en otra mesa charlando con gente. Debí quedarme muy pálido. ¿Pero cómo era posible? Debió haberme visto y sentí una enorme vergüenza por haberme pillado en aquel lugar con una profesional. Mi ex novia jamás iría a un sitio de esa clase por su propia cuenta, así que supuse que había sido idea del grupo con el que había salido. Tuve que explicar mi situación a mi acompañante quien se portó de maravilla y me tranquilizó. Yo no me atreví a girarme más por si acaso aún no me hubiera visto y así poder marcharme salvando mi reputación. Para averiguar si me había visto le pedí a mi cómplice que la observara a ver si notaba algo. Después de un buen rato de nervios me contó que mi novia charlaba tranquilamente con sus colegas totalmente ajena a nuestra presencia. Le pregunté si alguno de los chicos daba signos de tener relación afectiva con ella, y al parecer no había indicios de ello. ¿Qué demonios hacía en aquel lugar? Conociéndola era imposible que frecuentara un sitio de esa clase, y por tanto concluí por lo observado que estaba de visita, tan solo para tomarse unas copas en un lugar atrevido con sus nuevos amigos. ¡Qué inoportuna casualidad! Ahora mi nueva preocupación era que entre la gente hubiera otros amigos en común que pudieran delatarme. No quise levantarme para no llamar la atención de nadie. Permanecí encogido de hombros y de espaldas a ellos hasta que por fin mi novia se levantó y se fue, probablemente al baño. En ese momento aprovechamos para cambiarnos de sitio y nos escondimos en un reservado. Le expliqué a mi acompañante que era improbable que mi novia pasara a las zonas de sexo, aquellas donde estaba prohibido entrar vestido y donde había que dejar las pertenencias en una taquilla. La joven, Yeni se hacía llamar, opinó que no tenía por qué temer que mi ex novia me descubriese puesto que a ella tampoco le convendría delatarse contando que me había visto en aquel lugar. Yo le dije que no era lo mismo. Muchos jóvenes que viven en la capital al igual que mi novia al menos una vez habrán visitado el club de parejas por simple curiosidad en las noches de copas, mientras que en mi caso mi presencia no podía significar otra cosa que el estar buscando vicio. Si ella hubiera venido acompañada de un solo chico las cosas serían diferentes, es más, la tortilla se daría la vuelta y sería yo quien estaría deseoso de espiarla.

Un buen rato después salimos de nuestro escondite y comprobamos que mi novia y su grupo ya se habían ido. Suspiré y me convencí a mí mismo de que finalmente no me había descubierto, y me pregunté si aquella casualidad había sido algún presagio. Aquel susto podría servirme para no volver a arriesgar mi reputación en sitios públicos, o quizá para no volver a malgastar dinero en favores sexuales. En fin, lo que mejor me venía en ese momento para curarme del susto era un buen orgasmo y marcharme al hostal para darme una ducha caliente y dormir tranquilo.

Pasamos a la zona desnuda y guardamos nuestra ropa en la taquilla, nos enrollamos las toallas facilitadas, yo a la cintura y ella a la altura del pecho trabando un par de preservativos. En la muñeca llevé las llaves con una banda elástica. Nos paseamos por los distintos rincones contemplando cómo follaba la gente. Estaba abarrotado, y los jadeos en el ambiente parecían contagiarse como la risa. Finalmente entramos en la salita equipada para el “bondage” y sadomaso. Quería montármelo allí pero no había nadie, y lo mínimo que esperaba experimentar era que hubiera otra gente mirándome. Le dije a Yeni que antes de buscar un hueco en las camas redondas quería probar alguno de los aparatos de esclavo y ser atado. Me ató de pies y manos a una cruz de madera en la pared donde comenzó a excitarme con caricias hasta zafarme la toalla que cayó al suelo, y entonces comenzó a masturbarme. Le dije que parase porque no iba a aguantar mucho más y quería reservarme. Me soltó y me animó a que probase el columpio para penetrarme con un arnés, pero me negué porque me daba vergüenza que nadie más hiciera cosas parecidas. Además me daba asco el surtido de consoladores y otros utensilios colgados en la pared, incluso aunque tomara la precaución de forrarlos con un preservativo. Le pedí que me atase en el potro y que me masturbara con el pene hacia abajo, como si ordeñara una baca. Me acosté boca abajo sobre la superficie acolchada y dejé colgar mis extremidades para que de nuevo las atara a las patas de madera mediante aquellos brazaletes de cuero negro. Yeni tomó la iniciativa de imitar los clásicos del mundo sadomaso, así que se sirvió de los utensilios que habían expuestos en la pared. Tomó una mordaza de bola y me la abrochó a la nuca con firmeza, juguete que era incómodo llevar porque me obligaba a mantener la boca muy abierta y no podía tragar. Con una fusta comenzó a darme unos leves azotes en las nalgas mientras pude ver cómo fue entrando un grupo de curiosos. Poco podía expresarle a Yeni con la bola en la boca. No alcé la vista para no sentir vergüenza sino que me concentré en lo mío y me dejé llevar. Mientras recibía azotes me sentí ridículo, y más al ver en el suelo frente a mí varios pares de pies observándome. Espero que se contagien y hagan algo, pensé yo, porque como a alguno le de la risa me cortará la libido para toda la noche. Yeni dejó la fusta y comenzó a ordeñarme. Qué sensación más intensa, tanto que se me pasó la timidez de inmediato y me sumergí en el placer. Es más, me quedé mirando los pies de los que me observaban y me excité más aún. Me fijé en los pies femeninos pues me encantan, y me llamaron la atención unos que me eran familiares, se parecían a los pies de mi novia. Hice un esfuerzo con el cuello y alcé la mirada para ver más de aquel cuerpo con la toalla enrollada a la altura del pecho. ¡Y sí que era ella! ¡Dios mío! Y Yeni estirándome el pene ajena a mi situación embarazosa. Me empapé en sudor por la vergüenza que sentí. Cuando el grupo decidió dispersarse por el cuarto para enfrascarse en sus propios juegos, mi novia permaneció delante de mí con un hombre de físico aceptable al que no tenía nada que envidiar y se sentaron en unas banquetas que había junto a la pared. Me miraban como una pareja que ve una película porno en la intimidad del sofá de su casa. Fijé la vista en el suelo y no me atreví a mirarla a la cara en ningún momento. Yeni debió pensar que me había ruborizado con la presencia de curiosos, y no parecía haberse percatado de que una de las chicas que había entrado era la misma que evitamos en el bar puesto que no hizo por soltarme y prosiguió con sus caricias y azotes. Qué ardor se produce en el estómago cuando ves a los pies de tu novia junto a los de un extraño, y más cuando sus piernas se giran hacia él en actitud provocadora expresando un lenguaje erótico corporal que cala hasta la médula. Se estaban metiendo mano. En ese momento se abrió el cielo para mí, porque ahora yo también me convertía en espectador y me avergonzaría menos. Le acarició el pene que abultaba bajo la toalla mientras con la boca le chupó un pezón. Se besaron con lengua muy lentamente y después ella me miró con ojos embelesados. Actuaba como si no me conociera. Jamás la había visto poner esa expresión de embriaguez conmigo. ¿Sobreactuaba para darme celos? Sus toallas se abrieron solas dejando sus cuerpos enteramente desnudos y se masturbaron mutuamente de forma apasionada. Pero por muy tiernos que quisieran ser el uno con el otro, la escena era más bien grotesca porque la mano de mi novia se hacía pequeña sobre aquella enorme polla, y sus meneos no atinaban a recorrer su longitud sin torcerla hacia un lado y hacia otro. Ahora sí había motivo para sentir humillación y envidia, pero a la vez para ponerse a cien. Para manejar bien aquella tranca hacía falta un cursillo. Mientras tanto yo seguía a merced de las artes de Yeni quien de haberme masturbado con rapidez me hubiera llevado al orgasmo irremediablemente de lo sobreexcitado que estaba. Mi novia se disparató y comenzó a pasarse de la raya, se puso de pie y se apresuró a traer de la mano a su macho hasta justo delante de mi cara, y allí se arrodilló y me obligó a ver cómo le hacía una mamada. Se la chupó con ruido y abundante saliva exagerando sus mañas, para fastidiarme diría yo. Yo ya no tenía reparo en mirar con el mismo descaro que ella. Cuando se cansó se puso de pie frente a mí y se inclinó hacia delante apoyando sus manos sobre mis hombros, y le pidió que la follara por detrás. No sentía ningún respeto hacia mí ni hacia Yeni. Se lo pidió tres veces como una desesperada. Frunció el seño y se quejó de dolor cuando el portento empezó a abrirse paso detrás de sus nalgas, pero en nada comenzó gemir como loca con las embestidas, y con ella otras personas de alrededor que se contagiaban. Sus gemidos subieron de tono hasta convertirse en gritos y su aliento cálido refrescaba el sudor de mi frente como expulsado a presión por el pistón que bombeaba a través de su émbolo vaginal. Sus tetas se balanceaban de atrás hacia delante como si fueran a golpearme en la cara. Hija de puta, repetía continuamente para mis adentros. Quería tener el orgasmo de mi vida justo en aquel instante. Dónde estás Yeni, pensé, mastúrbame rápido antes de que esto acabe, por Dios te lo ruego. La irreconocible mujer que tenía delante se desprendió del semental y se apresuró a pedir prestado otro hombre al que se trajo de mano, uno bien corpulento aunque menos dotado. Y delante de mí le ofreció su trasero a él también para que la penetrase al tiempo que chupó otra vez la gran polla sazonada con su propio humor vaginal. Aquello supongo que me dio la condecoración de astado de primera categoría. Me tuvo así durante buen rato, más claro no me lo pudo dejar. Bien la conocía yo, y sabía que ella jamás pudo alcanzar orgasmos vaginales pues que necesitaba del estímulo del clítoris para poder llegar al clímax, así que podía tenerme así hasta el aburrimiento. ¿Pero dónde coño se había metido Yeni? Sentí ansiedad al ver que estaba solo a merced de la suerte. ¿Se habría ido al baño? Cuando mi novia se cansó de estar en aquella postura se separó  y se propuso humillarme de por vida. Escogió un consolador de los que había colgados en la pared, y por la facilidad con que se desarrollaron los hechos que paso a describir supongo que también cogió algún lubricante. Se vino a mi parte trasera y palpó con la yema de sus dedos mi zona virgen en busca del orificio de un solo sentido. Con un dedo arruinó la poca virtud que me quedaba y despertó en mí una sensación increíblemente intensa. Me hizo resoplar por la comisura de los labios y babear el suelo, medio ahogado por la bola que tenía de mordaza bien encajada en la boca. Mis ojos intentaron abandonar las órbitas cuando sacó su dedo y lo sustituyó por la polla de goma. Fue placentero, pero a la vez doloroso cuando me penetraba con más rapidez. Grité, lo juro, grité con total convicción, pues de verdad sentí que me hacía daño. Sacó el juguete de mi culo y me relajé abatido sobre el potro. Vi cómo sus pies descalzos corrían gráciles hacia la pared para dejar el consolador en su sitio, y al alzar la vista pude ver cómo volvía espléndidamente desnuda con otro mayor en las manos. La muy cabrona me lo pasó por delante de los ojos para que pudiera ver lo que me iba a meter por el culo. Dije que no moviendo la cabeza de un lado a otro seriamente preocupado, pero de nada sirvió. A la primera no logró vencer mi esfínter y me hacía daño, así que corrió de nuevo a por el otro más pequeño. Me penetró como al principio, y cuando le pareció oportuno lo sacó para meterme el segundo que esta vez sí que entró. Fue para morirse de un infarto. Quise disfrutar pero el dolor me superaba. El sudor goteaba de mi nariz y mi saliva caía en hilillos de mi mordaza. Después del minuto más largo de mi vida me sacó el consolador, pero antes de que relajara el culo su amigo corpulento me cogió por las caderas y se abrió paso con su carne auténtica infligiéndome un dolor peor aún y más adentro, parecido al dolor de tripa en el bajo vientre. Balbuceé y ahogué mis gritos con la mordaza como un poseso. Mi novia se acercó de nuevo a verme la cara con su amigo del pollón, seguía notablemente excitada, se leía en su rostro. Le hizo una paja delante de mi cara hasta que lo dejó bien armado, y entonces me liberó de la mordaza dejando escapar mis quejidos al compás de las embestidas y un hilo de saliva. Mi mandíbula dormida dolía y no respondía, y mi novia que empuñaba la verga ella misma la llevó hasta mi boca para ahogarme con un glande turgente de un sabor extraño. Seguí babeando para no tragar ninguna secreción. Mi novia me agarró fuertemente del pelo con una mano y siguió haciéndole una paja con la otra como si intentara hacerme tragar la inminente corrida, pero el orgasmo no llegó en aquel momento, fue peor que eso. El hombre sintió placer y comenzó a follarme por la boca. Estaba siendo abusado por dos hombres a la vez. Mis quejidos guturales sobre la punta de su polla debieron causarle gusto y se propasó embistiéndome, pues su glande de vez en cuando llegaba hasta mis amígdalas y me producía arcadas. Me estaba costando respirar, era angustioso, horrible, creí que me iba a ahogar, y el hijo de puta aprovechaba mis arcadas para metérmela mas adentro aún. Sentí miedo y aún así no me atreví a protestar. Mi novia se apartó y cogió un taburete para sentarse a contemplar la escena mientras se masturbaba como poseída. Yo la intuía más que verla, porque los ojos se me llenaban de lágrimas por las arcadas y mi mente se concentraba en controlar la respiración. La mal nacida estaba fuera de sí viendo cómo me follaban dos tíos. La gente atraída por la llamativa escena se agolpó alrededor. Dos hombres ayudaron a mi novia a mantenerse en equilibrio sobre el taburete mientras se masturbaba tensa. Aunque no podía verla bien la imagino como cuando lo hacíamos juntos. Tensaba todos los músculos del cuerpo y ponía los ojos en blanco mientras se frotaba con furia con un tacto y ritmo que yo jamás supe imitar del todo bien para complacerla. Así de tensa solía ponerse cuando su orgasmo que tanto le costaba alcanzar estaba cerca. Pude ver que los que la sostenían le chupaban cada uno un pezón, la estaban ayudando. El largo y profundo lamento que gimió fue la sinfonía más bella que jamás he oído, nos contagió a todos. El corpulento me embistió tan fuerte que rodaba el potro centímetro a centímetro hacia delante hasta que se corrió en mis entrañas tirando de mis caderas hacia sí. Merecía que le cortara el cuello por no tomar precauciones. El bien dotado con el puño me tiró del pelo y mantuvo mi cara levantada mientras se masturbaba ansiosamente. Unas manos femeninas lo abrazaban desde su espalda y lo ayudaron a correrse estimulando sus pezones con la yema de los dedos. Sentí el calor y el sonido de los impactos de sus fuertes y numerosos chorros de semen en mi cara y en mi lengua. Uno me llegó al ojo y me ardió bastante. Era evidente que la pandilla se conocía y estaban de acuerdo con mi novia. De hecho dos más vinieron a correrse en mi cara ante su mirada ya risueña y satisfecha, y puede que hasta compadecida. Yo no dije ni media. Ninguno me tocó, simplemente se lo montaban con sus parejas y venían a eyacular sobre mí.

Se marcharon todos a la vez, y una de las chicas me dijo dulcemente al oído que no me moviera, que en seguida volvería con una toalla para limpiarme. Cuando volvió me liberó de las correas y me ayudó. Tuve que moverme lentamente porque tenía los miembros demasiado dormidos como para mantenerme en pie. Qué tal, me preguntó, ¿Te gustó? Le dije que lo pasé mal porque me ahogaba, pero que había sido la experiencia más excitante de mi vida. ¿Eres amiga de Lourdes? Me dijo que ella y su pareja habían conocido al grupo en el club y que se reunían allí de vez en cuando. Le pregunté si sabía que yo había sido novio de Lourdes, y me contestó que sí, que mi ex me había visto cuando estaban tomando copas y que en seguida les puso al corriente de la situación. Le pregunté si sabía a dónde había ido la amiga que me acompañaba. Me preguntó si era mi novia y yo le dije que no. Yeni se había marchado, quizá porque realmente había reconocido a mi novia en el momento que se tomó la libertad de humillarme con toda frescura. Quizá dedujera que yo había encontrado un pasatiempos más excitante y decidió dejarme solo. Quizá no quiso ser partícipe de la orgía y no era el momento de darme explicaciones. Quizá el tiempo se agotaba y decidió marcharse. Te pido un inmenso favor, le dije, estoy loco por tener mi orgasmo, y para mí lo más grande sería que Lourdes me lo proporcionara. Se sonrió. Le dije que no quería inmiscuirme en su vida, que la esperaría atado en la cruz si era preciso, y nada más. Se lo diré, me dijo. Yo mismo me ataré, y si accede, ven tú antes, por favor, y átame la mano que me quede libre.

Esperé en la cruz unos diez minutos hasta que no pude aguantar más la postura. Esperé otro tanto sentado y finalmente la busqué por todos los rincones. Jamás la he vuelto a ver. El ambiente decayó, y yo me fui al hostal con el culo dolorido para ducharme y masturbarme pensando en Lourdes.

Meses después me hice la prueba del sida para descartar que hubiera contraído la enfermedad, estaba limpio. Desde entonces ya sólo me excita lo escabroso. Siento un deseo irrefrenable de que mi pareja me sea infiel, tanto si es de manera consentida como si no. Pero es imposible que eso suceda y que me pueda beneficiar de ello. Es imposible encontrar a una mujer que comprenda y comparta estas inclinaciones, y sólo puedo arruinar toda posibilidad de por fin sentar cabeza y cómo no, formar mi propia familia.
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