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La jefa de departamento

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En esta ocasión les voy a contar algo que me sucedió recientemente mientras asistía a un curso de actualización organizado por la empresa donde trabajo.

Todo pasaba con normalidad ese día, saludar a viejos amigos y colegas que hacia rato que no veía y quedar bien con los jefes asistiéndoles en la medida de los posible. En estas actividades estaba, saludando a algunos de mis superiores, al director general, a los administrativos (especialmente a las chicas de de informática y administración) sin olvidar a la jefa de departamento. Ella es una mujer madura muy guapa que se ha sabido conservar de muy buena manera, de carácter fuerte y firme, una de esas mujeres que saben bien lo que quieren, claro sin dejar de ser amable. La saludé de forma normal y ella me respondió de la misma manera, aunque algo en el tono de su voz no se me hizo normal, seguí en mis actividades sin darle mayor importancia.

Después de algunas horas dentro de las conferencias ya me sentía algo aburrido, decidí salir un momento para despejarme un poco, mirar los stands de los patrocinadores que nunca faltan a ese tipo de eventos, sin darme cuenta salí con el gafete aun colgado al cuello, casi al salir escuche a alguien que decía
“usted debería verse aun mejor, eso es solo para identificarse licenciado, no es un accesorio”
era una voz femenina llena de autoridad que me hizo sentir pequeño, recordé que tenia el gafete puesto y sin decir nada me lo quite y lo guarde en el bolsillo de mi saco, con disimulo mire quien había dicho eso, vi a la única mujer que estaba en esa zona, era la jefa del departamento, al notar mi mirada solo esbozó una cara sobria, continúe mi camino sin dejar de pensar en esas palabras, era extraño para mi pues normalmente no suele dirigirse de forma tan personal pues por la naturaleza de mi trabajo solo la llego a ver ocasionalmente o cuando asisto a uno de estos cursos, de hecho suele ser indiferente a cualquier comentario extra concretándose a el asunto que deba tratar, ni mas ni menos, pero después de todo lo mas seguro es que solo fuera mi calenturienta imaginación que esta activa permanentemente. Tome un café, mire por ahí un rato y regrese a las conferencias, al pasar por la sala de patrocinadores la vi nuevamente sentada en un stand que estaba desocupado, frente a su laptop, aunque no se veía que estuviera revisando algo precisamente, mas bien se le notaba aburrida y no era para menos pues el curso no tenia mucho que ver con su área de desempeño, la salude a la distancia con una seña y pase a las conferencia.
Así transcurrió el resto del día sin ninguna novedad, al finalizar el curso, me despedía de los colegas y los amigos cuando vi a la jefa de departamento platicando con los organizadores, noto mi mirada y volteo la cara hacia mi, yo solo pude decir amablemente
“hasta luego”
Ella respondió de la misma manera, algo raro pues no suele interrumpir sus conversaciones por saludar a alguien de un rango menor, continuaba con mi camino y la escuche que me llamaba
“licenciado, ¿puede venir un momento por favor?”
Me acerque
–“dígame, ¿en que le puedo servir?”-
“¿podrías ayudar a recoger el equipo de computo que se uso en conferencias por favor?, mira esta al fondo, ahí ya hay algunos de tus compañeros almacenándolo”
–“claro, voy enseguida”-
Por dentro pensé (ya se me hacia demasiada atención de su parte, para lo único que me dirigiría la palabra es para pedirme algo, debo de dejar de pensar en estupideces). Cuando llegué al lugar ya habían cargado casi todo en el ascensor de servicio, tome una caja que aun faltaba cargar y me apresure a entrar al ascensor, este nos llevo a el sótano del lugar donde subimos las cosas a una camioneta de la empresa, solamente dejaron una laptop y una impresora que me pidieron cuidara unos minutos mientras que pasaba Giménez en otro vehículo a recogerla, pues ese equipo había sido prestado por el y no pertenecía a la empresa.
Me quede esperando a que pasaran a recogerlo, estuve en el lugar cerca de 15 minutos, la mayoría de los asistentes ya se habían retirado pues había empezado a llover y el trafico suele complicarse en esa zona de la ciudad. Se acercó un auto y era la jefa de departamento, se detuvo donde yo estaba, bajo su ventanilla, me miro y dijo
“licenciado, ¿que hace aquí?”
–“cuidando este equipo mientras viene Giménez que debía recogerlo”-
“hay no puede ser con este tipo, tiene mas de media hora que salió de aquí, ya debió olvidar que tenia que recogerlo, no te preocupes, súbelo a mi auto y yo mañana se lo entregare”
Tome la laptop y la impresora y la coloque en la cajuela de su auto,
-“gracias, ahora debo irme”-
“espere licenciado, suba a mi auto, lo llevare cerca de su hotel, queda de paso a mi casa, además está lloviendo a cantaros allá afuera”
Me contesto.
Subí al auto inmediatamente, al entrar no pude dejar de notar sus lindas piernas saliendo por debajo de esa falda, su blusa blanca se pegaba a las formas de su cuerpo por que estaba mojada por la lluvia, eso hacia que se marcaran bellamente sus senos; al notar mi mirada dijo
“¿todo bien licenciado?”
–“si, es solo que note que esta completamente mojada”- Pensé de inmediato (maldita suerte ahora solo falta que me reporte por acosarla)
“ni lo menciones, salí a tomar un café al terminar el evento y de regreso camino al estacionamiento me tomó por sorpresa este aguacero”
me decía esto mientras se sacudía un poco del agua de su blusa que no hiso mas que adherir la delgada tela aun mas a su hermosa piel blanca, condujo algunas calles mientras platicaba de cosas triviales, yo le respondía casi en automático mientras que mi mente no dejaba de recordar lo que había visto hace escasos momentos y como ya lo mencione antes ella es una mujer madura que a pesar de los años se ha sabido conservar en excelente forma, es alta, delgada, de piel clara, tiene el cabello largo y rizado, un rostro lindo que siempre luce bien maquillado, tiene piernas bien formadas y su manera de vestir resaltan mucho sus atributos, definitivamente no le pide nada a el cuerpo de alguna de las mujeres mas jóvenes, esto para mi era una escena incómoda, pues mi mente continuaba con esas imágenes morbosas, aun sabiendo que esa mujer seguía a mi lado apenas a unos centímetros. Su voz interrumpió aquellos pensamientos,
“eres muy callado o es que te estoy molestando”
–“no para nada, es que soy algo tímido en ocasiones”-
“entiendo, no deberías ser así, la gente suele crearse una imagen equivocada de las personas que hablamos poco, yo igual soy muy reservada en el trabajo, pero fuera de él suelo ser un poco mas extrovertida”
Llegamos a mi hotel y entro con su auto hasta el estacionamiento subterráneo,
“oye, podría pasar un momento a tu habitación para secarme un poco y cambiarme esta ropa, si no te molesta”
–“si claro, debería hacerlo pues ya esta haciendo bastante frio”–
“tengo una muda de emergencia en el maletero para ocasiones como esta”
Me ofrecí a cargar el bolso donde llevaba su muda de ropa y subimos hasta mi habitación, entramos, coloque mis cosas sobre el tocador de la habitación, ella me dio la espalda, caminó justo al centro de la habitación:
“¿podrías ayudarme a bajar el cierre de la falda?”
Tarde un momento en asimilar esas palabras, por un instante pensé que eran solo de mi excitada imaginación, volví a la realidad y vi que era verdad lo que había escuchado cuando soltaba el broche primario de su falda, reconecte mi cerebro y mi mente a mi boca.
-“claro, permíteme”-
Me acerqué con timidez, baje el cierre, sus manos comenzaron a bajar la falda lentamente, ante mi estaba una imagen impresionante de su precioso trasero decorado solo por una panti negra muy elegante, la falda resbalo suavemente como si no quisiera despegarse de sus caderas… y quien podría querer dejar de sentir tan lindo trasero…. finalmente la falda llego hasta sus piernas y cayó hasta el suelo donde fue recibida por unos costosos zapatos de tacón muy pronunciado, estaba atónito con tan insinuante situación, se giro, dio un paso hacia atrás para quedar frente a frente, su mirada estaba fija en mi rostro, su mano derecha soltó el primer botón de la blusa mientras que la otra repetía la operación en el segundo, era una escena que pasaba en cámara lenta ante mis ojos, poco a poco los botones de su blusa se agotaron, su mirada era maliciosa, solo oculta bajo el marco de sus anteojos, abrió su blusa por completo y esta tuvo la misma suerte que su falda, su fino bra negro era el único sobreviviente sobre sus bien formados pechos, se quito los anteojos y los arrojó hasta el tocador, su rostro lucia aun mejor de esta manera, sus pestañas largas y rizadas ahora eran lanzas que parecían me matarían ante la primer mirada directa, me quede petrificado, mi miembro estaba sufriendo el mismo efecto; por fin mi cerebro pudo conectarse con mi boca y articular algunas palabras:
-“usted en verdad que es muy distinta de lo que creí”-
“¿a que te refieres?”
Esbozó una cara seria, tal vez se había sentido ofendida
-“no creí que estuviera tan guapa, bueno eso es lo que puedo ver desde aquí”-
“gracias “
Sonrió, su semblante cambio nuevamente, ahora se veía un poco sonrojada y un extraño brillo se notó en sus ojos, lentamente se acerco a mí izquierda me tomo la mano y la puso sobre su cintura
“¿y así de cerca me sigo viendo guapa?”
-“así de cerca no solo es guapa, es muy sensual”-
Dio un paso al frente, colocó su brazo alrededor de mi cuello quedando prendida de el y recargo todo su lindo cuerpo contra el mío, sin duda pudo sentir la erección que crecía bajo mis pantalones.
La tomé con delicadeza por la cintura y espalda, ella me beso en los labios de una forma muy apasionada, se notaba la gran experiencia y la decisión de obtener siempre lo que desea, sus labios eran deliciosos, húmedos, cálidos, su lengua inmediatamente fue al fondo de mi boca, lo hacía con movimientos hábiles que yo no había experimentado nunca antes, su aliento era exquisito se mezclaba con el aroma de su cuerpo que se hundía a través de mi nariz llegando a mi cerebro y anulando cualquier otro pensamiento que no fuera ella.
Me tomo de la mano y me llevo hasta la cama, entre besos y caricias hiso que me recostara, tenia una forma dominante y muy sexy de recorrer mi cuerpo con sus manos, su boca me excitaba al máximo mientas recorría mi cuerpo y mis labios. Mis manos recorrían su cuerpo con delicadeza alcanzando sus piernas, nalgas y su espalda, ella permanecía montada en mí, asediándome con el calor de su vagina que traspasaba su elegante panti y frotaba mi miembro con ella, sabía muy bien lo que estaba provocando en mí.
En cuanto sintió el bulto que se forma en mi pantalón lo acomodó con una de sus manos sobre mi vientre en dirección a mi ombligo para después acomodar nuevamente su caliente vagina sobre el y reiniciar sus rítmicos movimientos, asiendo que yo disfrutara de una paja excitante, pude notar como esta situación le excitaba, hábilmente me saco la camisa y esta vez fue su lengua quien me erizaba al contacto, recorrió mi pecho lenta y deliciosamente y regreso a mi cuello, sus manos desabrocharon mi pantalón y en unos cuantos movimientos se había despojado del resto, yo no podía dejar de recorrer su espalda, alcance el broche del bra que cedió fácilmente, el tiempo parecía detenerse nuevamente; brotaron dos preciosos senos bien formados, blancos como las nueves coronados por dos ángeles que eran sus pezones, se despojo de esa prenda y dirigió mi rostro contra ellos, bese suavemente al primero que tuve a mi alcance, su cuerpo dio un diminuto salto que recorrió su espalda en una descarga, sus pezones se pusieron firmes en respuesta, volví a besarlos con la misma suavidad, sus pezones estaban ya totalmente turgentes, la punta de mi lengua roso a esos ángeles, escuche sus suspiros, su cadera se restregó con mayor fuerza e intensidad sobre mi verga en esta ocasión, el tiempo volvió a marchar, sus caderas se movían deliciosamente sobre mi, besaba sus pechos alternadamente con sus hombros y su cuello que tenia un aroma desquiciante, ella contoneaba su cuerpo de modo tal que mis caricias fueran directamente a donde ella lo estaba deseando, sin duda era dueña de la situación.
Quito la ultima prenda que seguía aferrada a tan hermoso cuerpo, su vagina bellamente depilada con solo un poco de vello delineado con precisión reclamaba su parte del botín, asumió la misma posición montada sobre mi, volvió a poner mi verga dura recostada sobre mi vientre apuntando el glande hacia mi ombligo, sin dejarse penetrar hábilmente coloco su húmeda vagina sobre el cuerpo mi verga, sus labios vaginales quedaron a cada lado de mi verga, reinicio el tortuoso masaje sobre mi verga que me estaba matando deliciosamente, el calor de su vagina era directamente vertido sobre todo el cuerpo de mi verga gracias a los abundantes jugos que emanaba su cuerpo, pronto lubricaban abundantemente y hacían que viviera la paja mas extraña y deliciosa de mi vida, miro mi cara de excitación, subió el ritmo del movimiento, el dominio la excitaba a ella tanto como a mi, la fricción de nuestros sexos me tenia en la sima del éxtasis, apreté sus nalgas para tratar de deterla un poco, yo no quería terminar sin penetrarla primero y ella no pretendía ser penetrada aun, al presionar sus caderas solo logre que la presión y la fricción sobre mi verga fuera mayor, sus ojos se abrieron un poco mas, su rostro expresaba la excitación, un fin sudor brotaba de su rostro, aprovechó el aumento de la fricción para aplicar también su castigo en su clítoris con la misma pasión, su respiración estaba agitada, no pude notar nada mas en su rostro por que m i boca regreso a sus deliciosos pechos, una mano en mi nuca me decía que ese era el camino correcto, mientras que ella seguía restregándose con mi verga y castigando su clítoris en mi; mi rostro se perdía en sus pechos que para este momento estaban comenzando a sudar, podía escuchar su corazón agitado, su piel era deliciosa y tersa, la mas suave que había probado, con facilidad se sonrojaba al hacer una leve succión o al morderla, mis manos alternaba sus caricias en sus nalgas y su espalda, en parte para evitar despegarme de su cuerpo, sus nalgas se podrían haber fundido a mis manos por lo calientes que estábamos, se contraían rítmicamente los músculos de esas preciosas y firmes nalgas, se notaba que el gym era uno de sus pasatiempos, los muslos bien formados que me rodeaban me confirmaban mis suposiciones, me tenia súper excitado, casi suplicaba por que me dejara penetrarla pero su posesiva forma de hacerlo me tenia atrapado y me tenia a una sacudida del orgasmo, yo quería depositarlo en su vagina pero lo que sentía era tan delicioso que si asía lo quería ella yo no podía pedir nada mas, con sus manos en mi nuca dirigía mi rostro para indicarme en que lugar deseaba sentirme, así lo hice hasta que algo nuevo sucedió, sus manos e aferraron con mayor firmeza a mi, su cuerpo parecía contraerse intermitentemente, era claro que la excitación que yo estaba sintiendo estaba teniendo la misma intensidad en ella, seguramente ya se habría dado cuenta que no tardaría mucho en venirme, el poder de seducción que ejercía en mi la ponía cerca del éxtasis, su cuerpo se levanto ligeramente, tomo mi verga y la coloco justo a la entrada de su vagina, sentí un inmenso calor sobre la punta de mi verga, ella soltó un largo suspiro, la cabeza de mi verga en su raja le provocaba la misma excitación que a mi, después se dejo caer sobre mi, encajándose de un solo golpe todo el grueso de mi, su raja se abrió de par en par para mi, facilitándose mas por la abundante lubricación en su interior, el calor de su interior era casi intolerable, quería venirme en ese momento, pero la violencia con que se dio esa penetración también me causo un poco de dolor que calmó mis ansias, su cara era de completo éxtasis un gemido ahogado en su boca me decía que estaba ella tan cerca del orgasmo como yo, sin parar un solo momento comenzó a mover sus caderas ahora en forma circular, apoyando sus manos en mi abdomen para tener un mejor apoyo, en esta posición clavaba sus uñas en mi abdomen cuando la verga en su interior rozaba las zonas mas sensibles de su cuerpo, al tener sus brazos juntos hacia que sus pechos se apretaran uno contra el otro, el volumen de esos celestiales pechos parecía haber aumentado, era una imagen divina, me tenia engolosinado, comenzó a mover mi pelvis hacia arriba, esto levanto un poco su cuerpo, sus caderas en mis manos se contrajeron y nuestros sexos hicieron un pequeño sonido entre liquido y chasquido, repetí la operación con mas fuerza, la reacción se repitió ahora acompañada de un nuevo rasguño en mi abdomen, me miro fijamente a los ojos, sonrió y mordió su labio inferior, lo estaba disfrutando mucho, esa era la señal para continuar, ahora combinábamos su movimiento circular de caderas con mi movimiento ascendente y descendente de mi pelvis, sus jugos escurrían abundantemente sobre mi verga llegando a mojar mis testículos, el chasquido liquido de nuestros sexos se mezclaba con el sonido de gemidos y suspiros de placer, los movimientos subían de tono, las caricias se volvían mas fuertes llegando casi al punto de la violencia que desfrutábamos abiertamente, las respiraciones eran muy agitadas en este punto, la tortura previa había menguado mis fuerzas, no podría durar mucho y no quería dejar de disfrutar tan magnifica hembra, su vientre se agitaba repentinamente, su blanca piel se puso enrojecida, un leve sudor llenaba su cuerpo, la tención en sus músculos se presentó, su rostro tenia un gesto muy particular, su cadera se movió con tremenda violencia, gemía intensamente pero de forma ahogada, las intensas contracciones de su vagina en mi verga confirmaban el diagnostico, se estaba viniendo, yo ayude su objetivo con fuertes arremetidas que llegaban hasta el fondo, continúe así aunque ella pedía que fuera mas lento, no hice caso, tanto que su cuerpo saltaba en ocasiones sobre mi, sus pechos saltaban ante cada embate, su cuerpo intentaba separarse del mío pero mis manos en sus caderas evitaban se librara de las embestidas, su orgasmo continuo, gemía casi como si quisiera llorar, se puso totalmente tensa y sus uñas se encajaron firmemente en mi abdomen, esta maniobra hizo que chorros ardientes de semen brotaran de mi verga llegando a chocar justo con el fondo de su vagina, sus entrañas debieron calentarse con mi jugo en su interior, la sensación logro que por fin se desinhibiera por completo soltando un gemido de placer intenso….
…Descanse las acometidas y ambos regresamos a nuestros movimientos pero esta ves de forma mas lenta, se podría decir que ahora eran movimientos tiernos, así continuamos un momento entre leves caricias y besos abrazados uno al otro se quedo dormida sobre mi, continúe acariciando su espalda por un tiempo, miro su reloj…. Lo inevitable tenia que suceder… regresamos a la realidad de los deberes. No nos hemos visto nuevamente en semejante situación, pero no pierdo la esperanza de repetir la hermosa experiencia que me hizo vivir.

Luis y yo I

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Sentía como esa vara de carne se abría paso dentro de mí y me partía de dolor. Aguanta un poco me dijo. Llegó hasta el fondo y su cuerpo se apoyó en el mío. Apreciaba su pecho velludo apoyarse en mi espalda y sus labios junto a mi oído.  El dolor había disminuido mucho convirtiéndose en placer. Le digo: cógeme.  Comenzó a moverse lentamente en un mete y saca, con su pija dura como un garrote.
Conocí a Luis en el colegio secundario que era exclusivamente de varones. Al principio nuestra relación era solo de amigos y participábamos de salidas y fiestas con otros amigos. En septiembre de 1970 nos invitaron a pasar el día del estudiante en una quinta donde jugamos al fútbol y nadamos en la pileta.

Al final de la jornada llegó el momento de bañarnos para volver a nuestros hogares. Fue la primera vez que vi desnudo a Luis y me gustó su cuerpo delgado y el color de su piel quemada por el sol y… ese pene colgando junto a sus testículos. Al notar que me miraba, me di vuelta disimulando.

Nada ocurrió esa vez, pero a partir de ese momento se despertaron las mejores fantasías con Luis en mis masturbaciones. Luis es morocho de ojos castaños de 1,80 metros de estatura, delgado con unas piernas musculosas.

Pasaron algunos meses y volvíamos desde el colegio a nuestras casas en el mismo bus ya que vivíamos en el mismo barrio. Durante el viaje Luis abrió una carpeta de matemáticas y me mostró la foto de una pareja donde ella le estaba chupando la enorme pija a un negro. ¿Te gusta? me preguntó, es buena le dije, y agregué: en mi casa tengo algunas revistas pornográficas, ¿quieres verlas? le pregunte. Vamos me respondió.

Mis padres trabajaban hasta tarde en la noche, por lo que yo siempre llegaba primero del colegio y tenía toda la casa a mi disposición. Lo mismo le pasaba a Luis. Fuimos a mi cuarto y en el escritorio empezamos a mirar juntos las revistas. Yo miraba disimuladamente su bulto entre las piernas y veía algo de excitación.

Entre todas las revistas había una de relaciones entre hombres y eso provocó su comentario que cambió nuestra relación a partir de entonces. Me dijo: Yo no tendría problemas en cogerme a un hombre, pero tendría que ser una persona conocida y satisfacerme en todo. A lo que respondí: ¿Quieres hacerlo conmigo? Hubo un silencio y me respondió: si.

Lo tomé de la mano y lo llevé a mi cama. Nos desvestimos y me acosté boca abajo, con las piernas separadas ofreciéndole mi culo.

Él se puso detrás de mí entre mis piernas abiertas y comenzó a pasar la cabeza de su pija por la raya de mi culo. ¿Tienes algo de lubricante? me preguntó. Si, en la mesa de noche. Sacó un poco de lubricante del pote y la puso en mi orto, introduciendo un dedo hasta llegar a mi esfínter. ¿Estás listo? me preguntó. Desvírgame, le contesté.

Metió la cabeza de su pene levemente y al llegar al esfínter hubo un poco de dolor y resistencia. Siguió empujando, metiéndola hasta abrirme totalmente el orto. Sentía como esa vara de carne se abría paso dentro de mí y me partía de dolor. Aguanta un poco me dijo. Llegó hasta el fondo y su cuerpo se apoyó en el mío. Sentía su pecho velludo apoyarse en mi espalda y sus labios junto a mi oído. Me dijo: Quiero que seas mi hembra. A lo que respondí: seré tu putita, todas las veces que quieras.

El dolor había disminuido mucho convirtiéndose en placer. Le digo: cógeme.  Comenzó a moverse lentamente en un mete y saca, con su pija dura como un garrote. Sacaba su cabeza fuera de mi orto y la volvía a meter separando mis glúteos, siempre hasta el fondo.  Con cada embestida sus huevos pegaban contra mis glúteos.

El movimiento era cada vez más rápido y noté que estaba por acabar. Sus gemidos eran cada vez más fuertes y en eso dijo:

-Voy a terminar dentro de ti. -Dámela le dije, quiero toda tu leche.

Su cuerpo se estremeció y acabó con espasmos.  Ahhhh… ahhhh… ahhh… ahhhh… ahhhhhh… ahhh. Con cada eyaculación su pija se agrandaba y volcaba dentro de mí su semen caliente. Fueron como siete veces de tremendo placer para él.

Al acabar, su pene perdió su erección, lo sacó y retirándose hacia un costado se acostó boca arriba junto a mí. Miré su flácido pene reposar y pensé en lo mucho que gozaría de ahora en más.

Creo que me quedé dormido junto a Luis. Me desperté cuando su mano acariciaba mi culo y me decía:

-Quiero más.

Yo todavía estaba muy caliente y quería acabar. Al mirar su pija parada como un obelisco de 20cm x 5 cm. y con Luis boca arriba, me pongo sobre él y comienzo a sentarme sobre su pene duro mirándolo de frente.

Esta vez la introducción fue sin dolor y hasta el fondo. Me dijo:

-Cabalga sobre mi pija, putita. -Soy tu hembra le decía, quiero tu lechita.

Yo subía y bajaba sobre él. Subía y me dejaba caer haciendo que mi orto se abriera cada vez más.
Le decía:

-Quiero tener mi orto abierto con la medida de tu pija.

Fue en aquella oportunidad cuando tuve mi primer orgasmo anal. Acabé sobre su pecho con gran cantidad de leche, y unos segundos después él terminaba otra vez dentro de mí.

Quedamos abrazados un tiempo, agotados, pero felices de haber tenido dos orgasmos juntos.

-Estuvo bueno, ¿no? me dijo. -Es solo el comienzo, le respondí.

Me levanté dándole un beso a su flácida pija. Fui al baño a limpiarme y sentado sobre el inodoro vuelco su “enema de semen”.

Era increíble la cantidad de leche que tenía dentro de mí.

Cuando volví, Luis ya se estaba vistiendo y me dijo: la seguimos otro día, hoy ya es tarde y mañana debemos ir al cole.

Continuará…

AUTOR: Alexis5322

alex-y-luis@hotmail.com

La pasión y el amor son ciegos

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Sentía como esa vara de carne se abría paso dentro de mí y me partía de dolor. Aguanta un poco me dijo. Llegó hasta el fondo y su cuerpo se apoyó en el mío. Apreciaba su pecho velludo apoyarse en mi espalda y sus labios junto a mi oído.  El dolor había disminuido mucho convirtiéndose en placer. Le digo: cógeme.  Comenzó a moverse lentamente en un mete y saca, con su pija dura como un garrote.
Conocí a Luis en el colegio secundario que era exclusivamente de varones. Al principio nuestra relación era solo de amigos y participábamos de salidas y fiestas con otros amigos. En septiembre de 1970 nos invitaron a pasar el día del estudiante en una quinta donde jugamos al fútbol y nadamos en la pileta.

Al final de la jornada llegó el momento de bañarnos para volver a nuestros hogares. Fue la primera vez que vi desnudo a Luis y me gustó su cuerpo delgado y el color de su piel quemada por el sol y… ese pene colgando junto a sus testículos. Al notar que me miraba, me di vuelta disimulando.

Nada ocurrió esa vez, pero a partir de ese momento se despertaron las mejores fantasías con Luis en mis masturbaciones. Luis es morocho de ojos castaños de 1,80 metros de estatura, delgado con unas piernas musculosas.

Pasaron algunos meses y volvíamos desde el colegio a nuestras casas en el mismo bus ya que vivíamos en el mismo barrio. Durante el viaje Luis abrió una carpeta de matemáticas y me mostró la foto de una pareja donde ella le estaba chupando la enorme pija a un negro. ¿Te gusta? me preguntó, es buena le dije, y agregué: en mi casa tengo algunas revistas pornográficas, ¿quieres verlas? le pregunte. Vamos me respondió.

Mis padres trabajaban hasta tarde en la noche, por lo que yo siempre llegaba primero del colegio y tenía toda la casa a mi disposición. Lo mismo le pasaba a Luis. Fuimos a mi cuarto y en el escritorio empezamos a mirar juntos las revistas. Yo miraba disimuladamente su bulto entre las piernas y veía algo de excitación.

Entre todas las revistas había una de relaciones entre hombres y eso provocó su comentario que cambió nuestra relación a partir de entonces. Me dijo: Yo no tendría problemas en cogerme a un hombre, pero tendría que ser una persona conocida y satisfacerme en todo. A lo que respondí: ¿Quieres hacerlo conmigo? Hubo un silencio y me respondió: si.

Lo tomé de la mano y lo llevé a mi cama. Nos desvestimos y me acosté boca abajo, con las piernas separadas ofreciéndole mi culo.

Él se puso detrás de mí entre mis piernas abiertas y comenzó a pasar la cabeza de su pija por la raya de mi culo. ¿Tienes algo de lubricante? me preguntó. Si, en la mesa de noche. Sacó un poco de lubricante del pote y la puso en mi orto, introduciendo un dedo hasta llegar a mi esfínter. ¿Estás listo? me preguntó. Desvírgame, le contesté.

Metió la cabeza de su pene levemente y al llegar al esfínter hubo un poco de dolor y resistencia. Siguió empujando, metiéndola hasta abrirme totalmente el orto. Sentía como esa vara de carne se abría paso dentro de mí y me partía de dolor. Aguanta un poco me dijo. Llegó hasta el fondo y su cuerpo se apoyó en el mío. Sentía su pecho velludo apoyarse en mi espalda y sus labios junto a mi oído. Me dijo: Quiero que seas mi hembra. A lo que respondí: seré tu putita, todas las veces que quieras.

El dolor había disminuido mucho convirtiéndose en placer. Le digo: cógeme.  Comenzó a moverse lentamente en un mete y saca, con su pija dura como un garrote. Sacaba su cabeza fuera de mi orto y la volvía a meter separando mis glúteos, siempre hasta el fondo.  Con cada embestida sus huevos pegaban contra mis glúteos.

El movimiento era cada vez más rápido y noté que estaba por acabar. Sus gemidos eran cada vez más fuertes y en eso dijo:

-Voy a terminar dentro de ti. -Dámela le dije, quiero toda tu leche.

Su cuerpo se estremeció y acabó con espasmos.  Ahhhh… ahhhh… ahhh… ahhhh… ahhhhhh… ahhh. Con cada eyaculación su pija se agrandaba y volcaba dentro de mí su semen caliente. Fueron como siete veces de tremendo placer para él.

Al acabar, su pene perdió su erección, lo sacó y retirándose hacia un costado se acostó boca arriba junto a mí. Miré su flácido pene reposar y pensé en lo mucho que gozaría de ahora en más.

Creo que me quedé dormido junto a Luis. Me desperté cuando su mano acariciaba mi culo y me decía:

-Quiero más.

Yo todavía estaba muy caliente y quería acabar. Al mirar su pija parada como un obelisco de 20cm x 5 cm. y con Luis boca arriba, me pongo sobre él y comienzo a sentarme sobre su pene duro mirándolo de frente.

Esta vez la introducción fue sin dolor y hasta el fondo. Me dijo:

-Cabalga sobre mi pija, putita. -Soy tu hembra le decía, quiero tu lechita.

Yo subía y bajaba sobre él. Subía y me dejaba caer haciendo que mi orto se abriera cada vez más.
Le decía:

-Quiero tener mi orto abierto con la medida de tu pija.

Fue en aquella oportunidad cuando tuve mi primer orgasmo anal. Acabé sobre su pecho con gran cantidad de leche, y unos segundos después él terminaba otra vez dentro de mí.

Quedamos abrazados un tiempo, agotados, pero felices de haber tenido dos orgasmos juntos.

-Estuvo bueno, ¿no? me dijo. -Es solo el comienzo, le respondí.

Me levanté dándole un beso a su flácida pija. Fui al baño a limpiarme y sentado sobre el inodoro vuelco su “enema de semen”.

Era increíble la cantidad de leche que tenía dentro de mí.

Cuando volví, Luis ya se estaba vistiendo y me dijo: la seguimos otro día, hoy ya es tarde y mañana debemos ir al cole.

Continuará…

AUTOR: Alexis5322

alex-y-luis@hotmail.com

La caliente Luisa

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Ella se corrió cuando esas pollas se corrieron llenándola de semen. Los dos que la habían enculado no las sacaron y esperaron a mearse en el ano de ella. Los líquidos calientes del pipi expelido la pusieron más caliente aún. Por eso dejó a otros dos que se la metieran a la vez por la figa. Sufrió con esa tremenda penetración que parecía romperla en dos, pero volvió a correrse con ella.
Luisa estaba muy bien para sus dieciocho años. De buen físico y guapa de cara, era una chica que resultaba atractiva para los hombres jóvenes y mayores con los que alternaba. Era tiempo de verano y en la urbanización de la playa donde veraneaba se montó una salida nocturna a una discoteca de moda, el Panal. En dos coches se fueron tres chicas, entre ellas Luisa, y cinco chicos. A las once de la noche llegaron al Panal. Bajaron de los coches y se metieron en la discoteca. Luisa destacaba, con su vestido por encima de las rodillas y su melena negra suelta. Los chicos hablaron entre ellos para ver quien se lanzaba a por ella esa noche. Al final quedaron que fuera Juan Luis, uno que era alto y musculoso, el elegido.

En la discoteca todos pidieron unos cubatas. Luisa, muy animada, se fue a bailar enseguida. Por eso no se dio cuenta como uno de los chicos le echaba algo en su cubata. Era un preparado que se disolvía con algo de yumbina, un estimulante sexual de efectos seguros. Juan Luis cogió el vaso y se lo llevó a Luisa a la pista de baile. “Toma que tendrás sed”, le dijo en un paréntesis del baile. Ella le dio las gracias y se tomó medio vaso de golpe. Luego siguió bailando suelto como lo hacía hasta entonces. Sus tetas bamboleaban con el baile y los hombres la miraban con cara de salidos.

Ella no se daba cuenta, seguía en lo suyo. Pero llegó el momento del baile lento. Juan Luis la agarró y empezó a bailar con ella pegado como una lapa. Luisa le echó los brazos por detrás del cuello, y notó como se endurecía la polla de Juan Luis con el roce. “Bandido, estás salido”, le dijo, apartándose un poco. Juan Luis reaccionó volviéndola a abrazar fuerte e intentando besarla en la boca. Ella no quería, pero empezó a sentir oleadas de calor, ardor sexual, y al final dejó sus labios abiertos a disposición de Juan Luis.

Morrearon como posesos, se metieron las lenguas, ella sintió lo dura que estaba la polla de su pareja, y lo húmeda que se estaba poniendo su figa. Notaba el flujo a oleadas en ella y sin saber por qué deseó que Juan Luis la hiciera suya y disfrutar de su polla.

Juan Luis, al ver que ella estaba a punto, la invitó a salir fuera a dar una vuelta. Salieron amarrados por la cintura, mientras los otros chicos los miraban. Una vez en el exterior la llevó hasta su coche, un 124 blanco. Se metieron juntos detrás, la echó en el asiento trasero, le levantó el vestido y comenzó a meterle mano a la entrepierna.

Luisa gemía, le pedía que no se aprovechara, pero no protestó cuando él metió una mano dentro de sus bragas introduciendo dedos en su chorrosa figa. “Estás chorreando, puta”, le dijo al sacar los dedos y chuparlos llenos de flujo. “Eres un cerdo”, le contestó ella. Juan Luis entonces le sacó las bragas y la dejó abierta de piernas con la figa al aire.

Sin darle tiempo a decir nada, se bajó los pantalones, se sacó la polla y se la metió hasta el fondo. Ella se quejó, se la estaban follando y desde que lo había hecho con unos amigos en una excursión hacía varios meses, la única vez, no había vuelto a tener una polla dentro de ella. Juan Luis era muy brusco. La follaba a golpes, mientras le sacaba las tetas fuera del vestido y las chupaba, mordiendo con saña sus gordos pezones. “Estás buena, estás rica de verdad. Eres una hembra de puta madre”, le dijo. De pronto notó que iba a correrse y la sacó.

La puso en la boca de Luisa y le echó el semen allí, en sus labios, su nariz y también en sus pezones. Cuando acabó, le lamió la figa hasta que ella se corrió, para dejarla a gusto. Entonces, con ella medio desnuda, tirada en los asientos, Juan Luis salió fuera, se subió los pantalones, cerró las puertas del coche, y se fue a la discoteca. Allí le esperaban los otros cuatro chicos y un tío mayor que era pariente de uno de ellos. “La tenéis en el coche preparada para follar. Me la he tirado, pero pienso que quiere más.

No le vendrán mal unas cuantas pollas”, les comentó. Los cinco se fueron enseguida fuera. Las otras dos chicas estaban bailando y ni se dieron cuenta. Llegaron al coche, lo abrieron y Luisa se asustó al ver tanto tío cerca. “¿Qué me vais a hacer?”, les preguntó, pero sin taparse, con sus piernas abiertas, su figa a la vista y sus tetas llenas de semen.

No le dieron tiempo a pensar. La cogieron, entraron todos en el coche, la pusieron encima de ellos, empezaron a meterle mano por todos lados, y uno se puso al volante.

Se la llevaron al apartamento del tío mayor, que estaba cerca, en el Saler. La dejaron arreglarse algo para bajar del coche. Y la llevaron cogida entre dos al apartamento. Nada más entrar en el mismo, dos de los chicos le quitaron el vestido y el sujetador. Quedó desnuda ante ellos.

Los chicos y el tío mayor se bajaron los pantalones, se quitaron los calzoncillos y pusieron sus cinco pollas al alcance de Luisa.

Ella, que se notaba salida como una zorra en celo, no les puso pegas cuando la echaron en una cama de matrimonio de una habitación y se lanzaron todos a sobarla. Luisa notó dedos en su ano, en su figa, en sus tetas. Sintió como le pellizcaban los pezones, le azotaban las nalgas. Luego masturbó con sus pechos las pollas de los cinco. Después le metieron dos pollas juntas en el ano.

Ella se corrió cuando esas pollas se corrieron llenándola de semen. Los dos que la habían enculado no las sacaron y esperaron a mearse en el ano de ella. Los líquidos calientes del pipi expelido la pusieron más caliente aún. Por eso dejó a otros dos que se la metieran a la vez por la figa. Sufrió con esa tremenda penetración que parecía romperla en dos, pero volvió a correrse con ella.

Las dos pollas se corrieron, después de salir de su figa, en su boca. Y a continuación se mearon en su garganta. Luisa recibió el semen y el pipi como si fuera un néctar exquisito. Al final, el último que quedaba se la metió por el culo, le estiró el pelo, se corrió en su ano y la sacó después para mearla en las tetas. Ella estaba hecha polvo, y también se estaba meando. Lo hizo en la cama, soltando un gran chorro de pipi que mojó a los tíos.

Haciéndose los ofendidos, dos de ellos le soltaron dos bofetadas. Luego se quedó desnuda, despatarrada, pringada de semen y orina, con los cinco tíos en la cama, sin saber si habían terminado. Y no lo habían hecho.

Recuperados del primer asalto, la sometieron a dos más. Al final, sus agujeros le escocían y sangraban, sus pezones le dolían mucho, y sus nalgas estaban rojas de tanto azote.

Se duchó, se puso el vestido sin ropa interior. Sus bragas, que olían a hembra, se las habían quedado los tíos. Salieron del apartamento, todos. Eran las 4 de la mañana. La llevaron a casa. Y prometieron que nadie contaría nada de lo sucedido.

Autor: HIGINIO H
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