Relatos eróticos Marqueze. El Sexo que te gusta leer.

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Una madura muy follable

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La senté frente a mí, con una mano le junté los tobillos y le levanté las piernas, quedando al descubierto su conchita rosada con los labios muy salidos y justo cuando la iba a penetrar preferí hincarme y ante su mirada de entre asombro y lujuria contenida, le di sólo tres lamidas a lo largo de toda la rajita, eso la hizo estremecerse, de pronto se vino sin avisar y sus ojos parecieron juntarse.
Estoy en la oficina y acabo de leer un relato que me recordó una experiencia. Soy periodista, actualmente tengo 22 años, y hace tres, mientras estudiaba la carrera, estuve realizando prácticas profesionales en el área de comunicación social de una dependencia gubernamental; mi jefa, una señora de 36 años que a simple vista parecía de 20, y no porque estuviera bien conservada, sino porque era pequeña de estatura y delgada como un fideo, rubia, apenas pesaba unos 55 kilogramos, y para serles muy franco tiene un par de orejas grandes, los ojos juntos (parece bizca), y unos senitos escurridos… sin embargo es inteligente y tiene buena charla.

Puesto que estudié en una escuela que ella consideraba fenomenal, la relación entre nosotros fue más estrecha a diferencia de los otros practicantes, de hecho todas las cuatro horas que duraba el turno, me la pasaba junto a Queta en su computadora conversando sobre libros, y cosas de ese tipo, mientras ella trabajaba gustosamente.

Terminó el servicio. Intercambiamos números personales y prometimos llamarnos. Pasaron algunos meses y decidí saber de Queta, me invitó a tomar una cerveza en su departamento, fui, platicamos de política mientras sus tres hijas dormían en las habitaciones. Nada fuera de lo normal, pero al momento de despedirnos me dio un beso en los labios, me sorprendió, incluso me dio miedo, vaya que era fea, sin embargo, tuve mucha curiosidad por conocer su cuerpo.

Salí del departamento y me hizo prometerle volver. El suceso me dio risa, pero no podía dejar de pensar en las posibilidades de regresar algún día.

Una noche que andaba con mis amigos echando la copa, no fue novedad que me pusiera hasta la madre de borracho, así que el valor del alcohol me hizo tratar de llevar a la cama a una de las primas de ellos, no se dejó, y sólo me quedé con las bolas muy hinchadas. Alrededor de las 3 de la madrugada, frustrado y caliente, decidí llamar a Queta, adormilada aceptó recibirme. Menos de veinte minutos y ya estaba frente a la puerta de su departamento tocando. Me recibió con un pijama bastante feo, camisón largo y pantalón de franela a cuadros. ¿Quieres café?, me dijo, asentí con la cabeza (que me daba muchas vueltas), y la miré en la cocina desde el recibidor, respiré profundo y me decidí.

Mientras llenaba la cafetera de agua, llegué por detrás, y sin pedirle permiso comencé a acariciarle los senos flácidos, pero sabrosísimos por debajo del camisón. Queta trató de zafarse ante la inminente sorpresa, pero al sentir mi verga dura que comencé a frotar en sus diminutas nalgas, mejor se dio vuelta y comenzamos a besarnos al estilo porno, sólo con lengua. No pesaba nada, yo soy muy alto y levanto pesas, así que con un solo brazo la cargué prensada a mí, y con el otro le bajé la parte inferior del pijama con todo y tanga blanca que vestía esa noche. La senté en la estufa y ella me bajó el zipper del pantalón, le presenté a la señora verga, y cuando me disponía a metérsela, me pidió lubricarla para que no le doliera tanto.

Entonces se hincó frente a mí y apenas pudo entrarle un cuarto de verga en la boca, le dije que me lastimaba con los dientes y se disculpó como si hubiera llegado tarde a una entrevista con algún funcionario, me reí y se la volví a meter. Tuvo que usar su lengua para mojarla toda. Entonces decidí cargarla y al aire, como un balero haciendo capirucho, se la metí en la concha y se resbaló como en agua. Me abrazó con fuerza mientras mordía los labios para no gritar, puesto que sus hijas estaban dormidas.

Soy fuerte, pero no soy Sansón, así que regresamos al comedor, ella aún con el palo adentro, y me senté en una silla, entonces la volteé con facilidad debido a su tamaño e intenté dejarle ir el pito por el chimuelo (para los menos vulgares), por el ano, pero me resultó difícil y aunque la estaba lastimando, no dijo nada, así que mejor desistí y la llevé al sillón individual, donde la senté frente a mí, con una mano le junté los tobillos y le levanté las piernas, quedando al descubierto su conchita rosada con los labios muy salidos, y justo cuando la iba a penetrar preferí hincarme y ante su mirada de entre asombro y lujuria contenida, le di sólo tres lamidas a lo largo de toda la rajita, eso la hizo estremecerse.

Comencé de nuevo la embestida, lo que me encanta de cogérmela es que se le va hasta adentro sin oponer resistencia, mientras veía su cara nada agraciada y con más fuerza se la metía, ella sólo susurraba sus gemidos, de pronto se vino sin avisar y sus ojos parecieron juntarse más, el apretón que le dio a mi verga cuando arqueó la espalda me excitó tanto que también quise hacerlo, ella lo notó y me pidió hacerlo adentro ya que no tenía matriz.

Debió sentir el chisguete dentro de su árido vientre, puesto que hizo un gesto de alivio y aún con las piernas arriba y juntas, me comenzó a frotar la parte trasera de las piernas. El orgasmo fue muy placentero, acto seguido comenzó a darme vueltas la cabeza otra vez. Queta corrió a vestirse y me trajo una taza de café.

Desde aquella madrugada voy a verla cada vez que ando borracho, hemos hecho de todo, pero siempre en silencio porque nunca estamos solos. Moraleja, no importa la cara ni las tetas, sino lo rico que les resbale la verga…

Una divorciada muy Puta con unas mega tetas

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Empezare diciendo ke esto no es una de esas historias imaginarias salidas de las fantasias de alguien, no inventare nada salvo ke cambiare los nombres, yo ahora me encuentro estudiando un posgrado en un un estado de la republica mexicana digamos Michoacan, soy un tipo muy normal, moreno, no soy muy alto, delgado sin ser atletico, nunca he sido un galan o un carita como decimos aca en México, pero siempre he tenido un suerte para conocer mujeres calientes como es el caso ke a continuación narrare, hace unos dos meses una amiga ke conoci en el bachillerato (y ke me estube zumbando durante largo tiempo, sin ningun compromiso) me llamo conversamos un largo rato por internet ella no sabia ke yo me habia mudado de la ciudad donde nos conocimos, al enterarse me comento ke una de sus tias vivia en la misma ciudad ke yo me dijo ke se lleva muy bien con ella y ke ahora ella necesitaba ayuda porke estaba montando un negocio de comida ke si le podia hechar la mano en su nombre cuando la tia lo necesitase, la verdad a mi no me interesaba mucho, porke pense ke la tia aprovecharia mi amistad con su sobrina para tener un esclavo gratis, pero como tobo buen amigo (o muy wey), le dije ke si esperando ke nunca se necesitase esa ayuda, terminamos la conversación y pasaron varios dias hasta que en mi cuenta de skype aparecio una nueva invitación para agregar a un contacto, yo vi ke era nombre de mujer y sin pensarlo acepte, al poco tiempo esta persona aparecio conectada y me saludo, me dijo ke era la tia de mi amiga, pongamosle Rosa (a la tia), en el momento ke me dijo ke era la tia solte maldiciones pero no le di importancia, ella me saludo me pregunto por su sobrina, conversamos un rato de tonterias, nos dijimos en ke zona de la ciudd viviamos, ke es lo ke haciamos alli, despues de un rato me di cuenta de ke era muy amena, le pregunte ke edad tenia me dijo ke 38, le dije ke yo 27, me dijo ke era divorciada, ke tenia un hijo, ke pronto se iria de vacaciones al sur del pais y como rapidamente se dio la confianza yo ya la tuteaba, le dije ke porke no me habia invitado, me dijo ke aun estaba a tiempo de agregarme, pero le dije ke estaba ocupado sino con mucho gusto, mientras estubo de viaje me siguio contando de su vida me dijo ke se habia divorciado hace dos años, ke vivia sola con su hijo ke se habia dedicado solo a el y ke ella basicamente se habia vuelto abstemia en el plan sexual, eso lo dijo sin ke yo lo preguntase y lo senti como una invitación y empece a hacer comentarios como ke, ke mala suerte a los 38 aun hay muchas cosas ke hacer, ke porke no se busca un novio y demas, para cuando regresaba de sus vacaciones (duraron semana y media), me llamaba por telefono para decirme cosas ke le exitaban y decirme ke estaba muy cachonda, yo la exitaba diciendole cosas ke le haria si estuviese con ella, cuando regreso a mexico seguia charlando con ella pero ya todo era sexo sexo y sexo, me dijo ke en esos dos años se compro un consolador y ke con el se hacia justicia cuando traia ganas, total ke un dia kedamos en vernos tras su insistencia pues a pesar de ke a mi tambien me calentaba la idea de cogermela no me agradaba la idea de ke fuera muy muy fea porke pese a ke la habia visto en foto en la foto no se veian detalles, el dia ke kedamos de vernos ella pasaria por mi en su auto a un centro comercial ke ambos frecuentamos, llegue a donde estaba estacionado su auto (un carrazo por cierto) ella sonrio muy nerviosa, nos saludamos la intente besar en la mejilla pero ella me beso en la boca, estaba bastante arreglada, con un vestido de esos ke solo se sujetan con una cinta ke da vuelta a la cintura, la verdad me desepcione un poco porke mas ke de 38 parecia como de 48 aunke aun se veia bastante cogible, en fin ya no habia vuelta para atras, fuimos a un hotel (bastante fresa por cierto) ke ella ya habia reservado, acomodamos nuestras cosas en el tocador de la habitación, en la silla nos pusimos comodos destape una de las cervezas ke yo llevaba ella una de sus dos botellas de vino (ke mamona pero en fin), antes de seguir con la acción kiero decir ke al saber ke iba a cogerme a una Cuogar o una MILF me prepare y compre una camara espia ke llevaba lista para grabar todo, obvio solo para verlo cuando kiera recordar ese tipo de faenas, acomode la camara sin ke ella se diera cuenta, me acerke a la cama donde ella se encontraba sentada descalsa, la bese y de imediato se prendio me metio la lengua hasta lo mas hondo de mis anginas y yo aproveche el espacio abierto de su vestido y le empece a acariciar las nalgas y a apretarle su pubis ke rapidamente se puso super mojado, pareciera ke se hubiera puesto mogada la tanga negra ke no alcanzaba a cubrir ese gran trasero, sus senos eran enormes sin exagerar los mas grandes ke me he comido, no alcanzaba a abarcarlos con las dos manos ella era un poco subida de kilos, pero aun delgada seguro sus tetas seguirian sin caber una sola de ellas en ambas manos mias, le segui acariciando y meti mi mano bajo su tanga le acaricie todo ese rio en ke se habia convertido su vagina, le meti dos dedos de jalon mientras ella me seguia besando totalmente enlokecida, yo a ese punto tambien estaba super caliente al sentir sus blandas carnes, su vestido ya estaba casi solo cubriendole el abdomen sus tetas estaban al aire sos pesones son rosados, y pese a su edad sus senos estaban super conservados aun habia luz de dia afuera pues habiamos llegado a las 5 de la tarde y la podia ver con total claridad, ella me decia mia amor mi amor, le kite el vestido y ella casi me arranco la camiseta ke llevaba puesta me kito el pantalon, en pocos segundos ambos estabamos totalmente desnudos, su pubis estaba totalmente depilado, le acaricie y ella empujo mi cabeza para ke se lo chupara, a mi me agrada chupar vaginas (regularmente mas juveniles), así ke no puse resistencia, no tardo mucho tiempo en tener un orgasmo debido a la succion de mis labios sobre su clitoris, y a ke mientras le pasaba mi lengua por toda su pucha humeda le metia los dedos de una mano en la vagina y los de la otra en el ano, ella solo decia : papi papi papi, cosa ke me causaba bastante gracia pero no dejaba de darle gusto, al ver ke ella termino descance un poco y me acoste a su lado ella sonriendo tomo mi verga con una mano y empezo a masajearla rapidamente se me puso bien tieza y ella empezo a besarme el pecho y bajo hasta ke le daba de lenguetazos no me gusto mucho su tecnica de sexo oral debido a ke yo me habia esmerado cuando le digusto así ke tome su cabeza con mis manos y le meti mi verga con fuerza ella se kejo un poco pero despues lo sigio haciendo sin ke yo le “guiara”, así paso un gran rato y cuando senti le mi leche le iba a explotar en la boca le dije ke se acostara ke keria metersela, lo cual sirvio para ke me pusiera un condon (de los 7 ke llevaba, dos paketes de 3 y unos suelto) y la exitacion me bajo un poco como para aun metersela como durante 30 minutos en los ke practicamos un monton de posiciones, sus piernas en mis hombros, de lado, yo haciendo lagartijas encima de ella, y uffff ella me dijo ke habia tenido otro orgazmo a media cogida y cuando se dio cuenta ke yo estaba a punto de eyacular, me kito de su vagina me saco el condon y se trago toda la leche ke salio de mi verga, la muy puta me sorprendio gratamente cuando levanto la cara no se veia ni una sola gota de semen desperdiciado la muy glotona se los habia devorado, despues nos tumbamos acostados un rato, platicamos trankilos como si no hubiera pasado la cogidota, y solo relatare esa cogida completa, a lo largo de la noche nos acabamos los condones ke lleve, saco su consolador para ke se lo metiera meintras haciamos el 69, le di en la ducha, en la silla del hotel ke casi se rompe por lo pasado de carnes de Rosa, se lo me ti por el ano cuando la tenia de a perrito, me la mamo un monton de veces todo esto fue ayudado con el alcohol ke ela habia bebido aunke mas por lo puta y caliente ke es.

Al otro dia salimos del hotel como a las 10 am no sin antes hecharnos el mañanero, despues de eso no hemos coincidido en tiempo pero ya kedamos ke mañana ke dare su regalo del 10 de mayo, pero ahora sera en su casa ya ke su hijo ira a dormir con su padre, tenemos planeada una super mega cogida, ella prometio dejarme hacerle una seción de fotos sexis, y nuevamente llevare mi camara espia para tener por lo menos una pekeña parte de lo ke pasara mañana, ademas de ke le tengo una sorpresota, jaja como ella kiere ke se la cojan por el ano y por la vagina mientras le eyaculan en la boca, le metere su consolador por la vagina, una zanahoria delgadita con un condon (pa ke le resbale) por el ano y le hechare mi lechita como lo pide en fin esa sera otra historia y primero tendra ke pasar para contarla, se ke me extendi mucho pero no les conte ni la mitad.

Ademas estoy saliendo con otra madura mucho mas buena y menos maltratada de la ke kizas despues tambien les cuente creo ke para ser mi primer relato ya me extendi mucho.

La jefa de departamento

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En esta ocasión les voy a contar algo que me sucedió recientemente mientras asistía a un curso de actualización organizado por la empresa donde trabajo.

Todo pasaba con normalidad ese día, saludar a viejos amigos y colegas que hacia rato que no veía y quedar bien con los jefes asistiéndoles en la medida de los posible. En estas actividades estaba, saludando a algunos de mis superiores, al director general, a los administrativos (especialmente a las chicas de de informática y administración) sin olvidar a la jefa de departamento. Ella es una mujer madura muy guapa que se ha sabido conservar de muy buena manera, de carácter fuerte y firme, una de esas mujeres que saben bien lo que quieren, claro sin dejar de ser amable. La saludé de forma normal y ella me respondió de la misma manera, aunque algo en el tono de su voz no se me hizo normal, seguí en mis actividades sin darle mayor importancia.

Después de algunas horas dentro de las conferencias ya me sentía algo aburrido, decidí salir un momento para despejarme un poco, mirar los stands de los patrocinadores que nunca faltan a ese tipo de eventos, sin darme cuenta salí con el gafete aun colgado al cuello, casi al salir escuche a alguien que decía
“usted debería verse aun mejor, eso es solo para identificarse licenciado, no es un accesorio”
era una voz femenina llena de autoridad que me hizo sentir pequeño, recordé que tenia el gafete puesto y sin decir nada me lo quite y lo guarde en el bolsillo de mi saco, con disimulo mire quien había dicho eso, vi a la única mujer que estaba en esa zona, era la jefa del departamento, al notar mi mirada solo esbozó una cara sobria, continúe mi camino sin dejar de pensar en esas palabras, era extraño para mi pues normalmente no suele dirigirse de forma tan personal pues por la naturaleza de mi trabajo solo la llego a ver ocasionalmente o cuando asisto a uno de estos cursos, de hecho suele ser indiferente a cualquier comentario extra concretándose a el asunto que deba tratar, ni mas ni menos, pero después de todo lo mas seguro es que solo fuera mi calenturienta imaginación que esta activa permanentemente. Tome un café, mire por ahí un rato y regrese a las conferencias, al pasar por la sala de patrocinadores la vi nuevamente sentada en un stand que estaba desocupado, frente a su laptop, aunque no se veía que estuviera revisando algo precisamente, mas bien se le notaba aburrida y no era para menos pues el curso no tenia mucho que ver con su área de desempeño, la salude a la distancia con una seña y pase a las conferencia.
Así transcurrió el resto del día sin ninguna novedad, al finalizar el curso, me despedía de los colegas y los amigos cuando vi a la jefa de departamento platicando con los organizadores, noto mi mirada y volteo la cara hacia mi, yo solo pude decir amablemente
“hasta luego”
Ella respondió de la misma manera, algo raro pues no suele interrumpir sus conversaciones por saludar a alguien de un rango menor, continuaba con mi camino y la escuche que me llamaba
“licenciado, ¿puede venir un momento por favor?”
Me acerque
–“dígame, ¿en que le puedo servir?”-
“¿podrías ayudar a recoger el equipo de computo que se uso en conferencias por favor?, mira esta al fondo, ahí ya hay algunos de tus compañeros almacenándolo”
–“claro, voy enseguida”-
Por dentro pensé (ya se me hacia demasiada atención de su parte, para lo único que me dirigiría la palabra es para pedirme algo, debo de dejar de pensar en estupideces). Cuando llegué al lugar ya habían cargado casi todo en el ascensor de servicio, tome una caja que aun faltaba cargar y me apresure a entrar al ascensor, este nos llevo a el sótano del lugar donde subimos las cosas a una camioneta de la empresa, solamente dejaron una laptop y una impresora que me pidieron cuidara unos minutos mientras que pasaba Giménez en otro vehículo a recogerla, pues ese equipo había sido prestado por el y no pertenecía a la empresa.
Me quede esperando a que pasaran a recogerlo, estuve en el lugar cerca de 15 minutos, la mayoría de los asistentes ya se habían retirado pues había empezado a llover y el trafico suele complicarse en esa zona de la ciudad. Se acercó un auto y era la jefa de departamento, se detuvo donde yo estaba, bajo su ventanilla, me miro y dijo
“licenciado, ¿que hace aquí?”
–“cuidando este equipo mientras viene Giménez que debía recogerlo”-
“hay no puede ser con este tipo, tiene mas de media hora que salió de aquí, ya debió olvidar que tenia que recogerlo, no te preocupes, súbelo a mi auto y yo mañana se lo entregare”
Tome la laptop y la impresora y la coloque en la cajuela de su auto,
-“gracias, ahora debo irme”-
“espere licenciado, suba a mi auto, lo llevare cerca de su hotel, queda de paso a mi casa, además está lloviendo a cantaros allá afuera”
Me contesto.
Subí al auto inmediatamente, al entrar no pude dejar de notar sus lindas piernas saliendo por debajo de esa falda, su blusa blanca se pegaba a las formas de su cuerpo por que estaba mojada por la lluvia, eso hacia que se marcaran bellamente sus senos; al notar mi mirada dijo
“¿todo bien licenciado?”
–“si, es solo que note que esta completamente mojada”- Pensé de inmediato (maldita suerte ahora solo falta que me reporte por acosarla)
“ni lo menciones, salí a tomar un café al terminar el evento y de regreso camino al estacionamiento me tomó por sorpresa este aguacero”
me decía esto mientras se sacudía un poco del agua de su blusa que no hiso mas que adherir la delgada tela aun mas a su hermosa piel blanca, condujo algunas calles mientras platicaba de cosas triviales, yo le respondía casi en automático mientras que mi mente no dejaba de recordar lo que había visto hace escasos momentos y como ya lo mencione antes ella es una mujer madura que a pesar de los años se ha sabido conservar en excelente forma, es alta, delgada, de piel clara, tiene el cabello largo y rizado, un rostro lindo que siempre luce bien maquillado, tiene piernas bien formadas y su manera de vestir resaltan mucho sus atributos, definitivamente no le pide nada a el cuerpo de alguna de las mujeres mas jóvenes, esto para mi era una escena incómoda, pues mi mente continuaba con esas imágenes morbosas, aun sabiendo que esa mujer seguía a mi lado apenas a unos centímetros. Su voz interrumpió aquellos pensamientos,
“eres muy callado o es que te estoy molestando”
–“no para nada, es que soy algo tímido en ocasiones”-
“entiendo, no deberías ser así, la gente suele crearse una imagen equivocada de las personas que hablamos poco, yo igual soy muy reservada en el trabajo, pero fuera de él suelo ser un poco mas extrovertida”
Llegamos a mi hotel y entro con su auto hasta el estacionamiento subterráneo,
“oye, podría pasar un momento a tu habitación para secarme un poco y cambiarme esta ropa, si no te molesta”
–“si claro, debería hacerlo pues ya esta haciendo bastante frio”–
“tengo una muda de emergencia en el maletero para ocasiones como esta”
Me ofrecí a cargar el bolso donde llevaba su muda de ropa y subimos hasta mi habitación, entramos, coloque mis cosas sobre el tocador de la habitación, ella me dio la espalda, caminó justo al centro de la habitación:
“¿podrías ayudarme a bajar el cierre de la falda?”
Tarde un momento en asimilar esas palabras, por un instante pensé que eran solo de mi excitada imaginación, volví a la realidad y vi que era verdad lo que había escuchado cuando soltaba el broche primario de su falda, reconecte mi cerebro y mi mente a mi boca.
-“claro, permíteme”-
Me acerqué con timidez, baje el cierre, sus manos comenzaron a bajar la falda lentamente, ante mi estaba una imagen impresionante de su precioso trasero decorado solo por una panti negra muy elegante, la falda resbalo suavemente como si no quisiera despegarse de sus caderas… y quien podría querer dejar de sentir tan lindo trasero…. finalmente la falda llego hasta sus piernas y cayó hasta el suelo donde fue recibida por unos costosos zapatos de tacón muy pronunciado, estaba atónito con tan insinuante situación, se giro, dio un paso hacia atrás para quedar frente a frente, su mirada estaba fija en mi rostro, su mano derecha soltó el primer botón de la blusa mientras que la otra repetía la operación en el segundo, era una escena que pasaba en cámara lenta ante mis ojos, poco a poco los botones de su blusa se agotaron, su mirada era maliciosa, solo oculta bajo el marco de sus anteojos, abrió su blusa por completo y esta tuvo la misma suerte que su falda, su fino bra negro era el único sobreviviente sobre sus bien formados pechos, se quito los anteojos y los arrojó hasta el tocador, su rostro lucia aun mejor de esta manera, sus pestañas largas y rizadas ahora eran lanzas que parecían me matarían ante la primer mirada directa, me quede petrificado, mi miembro estaba sufriendo el mismo efecto; por fin mi cerebro pudo conectarse con mi boca y articular algunas palabras:
-“usted en verdad que es muy distinta de lo que creí”-
“¿a que te refieres?”
Esbozó una cara seria, tal vez se había sentido ofendida
-“no creí que estuviera tan guapa, bueno eso es lo que puedo ver desde aquí”-
“gracias “
Sonrió, su semblante cambio nuevamente, ahora se veía un poco sonrojada y un extraño brillo se notó en sus ojos, lentamente se acerco a mí izquierda me tomo la mano y la puso sobre su cintura
“¿y así de cerca me sigo viendo guapa?”
-“así de cerca no solo es guapa, es muy sensual”-
Dio un paso al frente, colocó su brazo alrededor de mi cuello quedando prendida de el y recargo todo su lindo cuerpo contra el mío, sin duda pudo sentir la erección que crecía bajo mis pantalones.
La tomé con delicadeza por la cintura y espalda, ella me beso en los labios de una forma muy apasionada, se notaba la gran experiencia y la decisión de obtener siempre lo que desea, sus labios eran deliciosos, húmedos, cálidos, su lengua inmediatamente fue al fondo de mi boca, lo hacía con movimientos hábiles que yo no había experimentado nunca antes, su aliento era exquisito se mezclaba con el aroma de su cuerpo que se hundía a través de mi nariz llegando a mi cerebro y anulando cualquier otro pensamiento que no fuera ella.
Me tomo de la mano y me llevo hasta la cama, entre besos y caricias hiso que me recostara, tenia una forma dominante y muy sexy de recorrer mi cuerpo con sus manos, su boca me excitaba al máximo mientas recorría mi cuerpo y mis labios. Mis manos recorrían su cuerpo con delicadeza alcanzando sus piernas, nalgas y su espalda, ella permanecía montada en mí, asediándome con el calor de su vagina que traspasaba su elegante panti y frotaba mi miembro con ella, sabía muy bien lo que estaba provocando en mí.
En cuanto sintió el bulto que se forma en mi pantalón lo acomodó con una de sus manos sobre mi vientre en dirección a mi ombligo para después acomodar nuevamente su caliente vagina sobre el y reiniciar sus rítmicos movimientos, asiendo que yo disfrutara de una paja excitante, pude notar como esta situación le excitaba, hábilmente me saco la camisa y esta vez fue su lengua quien me erizaba al contacto, recorrió mi pecho lenta y deliciosamente y regreso a mi cuello, sus manos desabrocharon mi pantalón y en unos cuantos movimientos se había despojado del resto, yo no podía dejar de recorrer su espalda, alcance el broche del bra que cedió fácilmente, el tiempo parecía detenerse nuevamente; brotaron dos preciosos senos bien formados, blancos como las nueves coronados por dos ángeles que eran sus pezones, se despojo de esa prenda y dirigió mi rostro contra ellos, bese suavemente al primero que tuve a mi alcance, su cuerpo dio un diminuto salto que recorrió su espalda en una descarga, sus pezones se pusieron firmes en respuesta, volví a besarlos con la misma suavidad, sus pezones estaban ya totalmente turgentes, la punta de mi lengua roso a esos ángeles, escuche sus suspiros, su cadera se restregó con mayor fuerza e intensidad sobre mi verga en esta ocasión, el tiempo volvió a marchar, sus caderas se movían deliciosamente sobre mi, besaba sus pechos alternadamente con sus hombros y su cuello que tenia un aroma desquiciante, ella contoneaba su cuerpo de modo tal que mis caricias fueran directamente a donde ella lo estaba deseando, sin duda era dueña de la situación.
Quito la ultima prenda que seguía aferrada a tan hermoso cuerpo, su vagina bellamente depilada con solo un poco de vello delineado con precisión reclamaba su parte del botín, asumió la misma posición montada sobre mi, volvió a poner mi verga dura recostada sobre mi vientre apuntando el glande hacia mi ombligo, sin dejarse penetrar hábilmente coloco su húmeda vagina sobre el cuerpo mi verga, sus labios vaginales quedaron a cada lado de mi verga, reinicio el tortuoso masaje sobre mi verga que me estaba matando deliciosamente, el calor de su vagina era directamente vertido sobre todo el cuerpo de mi verga gracias a los abundantes jugos que emanaba su cuerpo, pronto lubricaban abundantemente y hacían que viviera la paja mas extraña y deliciosa de mi vida, miro mi cara de excitación, subió el ritmo del movimiento, el dominio la excitaba a ella tanto como a mi, la fricción de nuestros sexos me tenia en la sima del éxtasis, apreté sus nalgas para tratar de deterla un poco, yo no quería terminar sin penetrarla primero y ella no pretendía ser penetrada aun, al presionar sus caderas solo logre que la presión y la fricción sobre mi verga fuera mayor, sus ojos se abrieron un poco mas, su rostro expresaba la excitación, un fin sudor brotaba de su rostro, aprovechó el aumento de la fricción para aplicar también su castigo en su clítoris con la misma pasión, su respiración estaba agitada, no pude notar nada mas en su rostro por que m i boca regreso a sus deliciosos pechos, una mano en mi nuca me decía que ese era el camino correcto, mientras que ella seguía restregándose con mi verga y castigando su clítoris en mi; mi rostro se perdía en sus pechos que para este momento estaban comenzando a sudar, podía escuchar su corazón agitado, su piel era deliciosa y tersa, la mas suave que había probado, con facilidad se sonrojaba al hacer una leve succión o al morderla, mis manos alternaba sus caricias en sus nalgas y su espalda, en parte para evitar despegarme de su cuerpo, sus nalgas se podrían haber fundido a mis manos por lo calientes que estábamos, se contraían rítmicamente los músculos de esas preciosas y firmes nalgas, se notaba que el gym era uno de sus pasatiempos, los muslos bien formados que me rodeaban me confirmaban mis suposiciones, me tenia súper excitado, casi suplicaba por que me dejara penetrarla pero su posesiva forma de hacerlo me tenia atrapado y me tenia a una sacudida del orgasmo, yo quería depositarlo en su vagina pero lo que sentía era tan delicioso que si asía lo quería ella yo no podía pedir nada mas, con sus manos en mi nuca dirigía mi rostro para indicarme en que lugar deseaba sentirme, así lo hice hasta que algo nuevo sucedió, sus manos e aferraron con mayor firmeza a mi, su cuerpo parecía contraerse intermitentemente, era claro que la excitación que yo estaba sintiendo estaba teniendo la misma intensidad en ella, seguramente ya se habría dado cuenta que no tardaría mucho en venirme, el poder de seducción que ejercía en mi la ponía cerca del éxtasis, su cuerpo se levanto ligeramente, tomo mi verga y la coloco justo a la entrada de su vagina, sentí un inmenso calor sobre la punta de mi verga, ella soltó un largo suspiro, la cabeza de mi verga en su raja le provocaba la misma excitación que a mi, después se dejo caer sobre mi, encajándose de un solo golpe todo el grueso de mi, su raja se abrió de par en par para mi, facilitándose mas por la abundante lubricación en su interior, el calor de su interior era casi intolerable, quería venirme en ese momento, pero la violencia con que se dio esa penetración también me causo un poco de dolor que calmó mis ansias, su cara era de completo éxtasis un gemido ahogado en su boca me decía que estaba ella tan cerca del orgasmo como yo, sin parar un solo momento comenzó a mover sus caderas ahora en forma circular, apoyando sus manos en mi abdomen para tener un mejor apoyo, en esta posición clavaba sus uñas en mi abdomen cuando la verga en su interior rozaba las zonas mas sensibles de su cuerpo, al tener sus brazos juntos hacia que sus pechos se apretaran uno contra el otro, el volumen de esos celestiales pechos parecía haber aumentado, era una imagen divina, me tenia engolosinado, comenzó a mover mi pelvis hacia arriba, esto levanto un poco su cuerpo, sus caderas en mis manos se contrajeron y nuestros sexos hicieron un pequeño sonido entre liquido y chasquido, repetí la operación con mas fuerza, la reacción se repitió ahora acompañada de un nuevo rasguño en mi abdomen, me miro fijamente a los ojos, sonrió y mordió su labio inferior, lo estaba disfrutando mucho, esa era la señal para continuar, ahora combinábamos su movimiento circular de caderas con mi movimiento ascendente y descendente de mi pelvis, sus jugos escurrían abundantemente sobre mi verga llegando a mojar mis testículos, el chasquido liquido de nuestros sexos se mezclaba con el sonido de gemidos y suspiros de placer, los movimientos subían de tono, las caricias se volvían mas fuertes llegando casi al punto de la violencia que desfrutábamos abiertamente, las respiraciones eran muy agitadas en este punto, la tortura previa había menguado mis fuerzas, no podría durar mucho y no quería dejar de disfrutar tan magnifica hembra, su vientre se agitaba repentinamente, su blanca piel se puso enrojecida, un leve sudor llenaba su cuerpo, la tención en sus músculos se presentó, su rostro tenia un gesto muy particular, su cadera se movió con tremenda violencia, gemía intensamente pero de forma ahogada, las intensas contracciones de su vagina en mi verga confirmaban el diagnostico, se estaba viniendo, yo ayude su objetivo con fuertes arremetidas que llegaban hasta el fondo, continúe así aunque ella pedía que fuera mas lento, no hice caso, tanto que su cuerpo saltaba en ocasiones sobre mi, sus pechos saltaban ante cada embate, su cuerpo intentaba separarse del mío pero mis manos en sus caderas evitaban se librara de las embestidas, su orgasmo continuo, gemía casi como si quisiera llorar, se puso totalmente tensa y sus uñas se encajaron firmemente en mi abdomen, esta maniobra hizo que chorros ardientes de semen brotaran de mi verga llegando a chocar justo con el fondo de su vagina, sus entrañas debieron calentarse con mi jugo en su interior, la sensación logro que por fin se desinhibiera por completo soltando un gemido de placer intenso….
…Descanse las acometidas y ambos regresamos a nuestros movimientos pero esta ves de forma mas lenta, se podría decir que ahora eran movimientos tiernos, así continuamos un momento entre leves caricias y besos abrazados uno al otro se quedo dormida sobre mi, continúe acariciando su espalda por un tiempo, miro su reloj…. Lo inevitable tenia que suceder… regresamos a la realidad de los deberes. No nos hemos visto nuevamente en semejante situación, pero no pierdo la esperanza de repetir la hermosa experiencia que me hizo vivir.

El polvazo de nuestras vidas

Relatos eróticos Marqueze. El Sexo que te gusta leer.




Ana suspiró, al poco la tenía ante mí, totalmente penetrada por el culo, jugué con su clítoris, y ella mostró generosamente cuanto aquello la complacía. Al poco, me incorporé sobre ella… las sujeté firmemente por las tetas y empecé a encularla con gran vigor… ella no paraba de gemir, de gritar… de pedir más y más… y así terminé corriéndome salvajemente en su ano.
Mi nombre Jordi, tengo 33 años y vivo en Barcelona. Soy lector habitual de la sección de relatos eróticos de esta página y hoy me he decidido a escribir sobre la aventura sexual más apasionada y salvaje que yo haya vivido jamás. Todo lo que voy a escribir es real.

Trabajo en una oficina de una pequeña empresa en Barcelona, y durante el mes de agosto, transcurrieron dos semanas en las que yo era el único que acudía a mi trabajo, el resto de compañeros se hallaban disfrutando de unas merecidas vacaciones.

Cada mañana nuestra primera actividad consiste en bajar al Bar de la esquina a desayunar… yo, aunque en solitario, seguí practicando nuestra sana costumbre… pero tuve que cambiar de Bar, ya que nuestro local habitual, había cerrado también por vacaciones. Así es que entré en mi nuevo Bar y me senté en una mesa a ojear, despreocupadamente, la prensa diaria. Esa mañana era yo el único cliente.

No había mucho trabajo, así que no era urgente el volver apresuradamente a la oficina. Entró una mujer. ¡Dos clientes!… Sin poder evitarlo, sin más, empecé a seguirla con la mirada, era el tipo de mujer que sin que uno sepa muy bien porque, despierta sus más recónditos y atávicos instintos, y ahora recuerdo que desde el primer momento en que la vi, solo una palabra recorría mi cabeza: “sexo”.

Primeramente se dirigió hacia la barra, de espaldas a mí, con lo cual pude devorarla con la mirada, sin miedo a ser descubierto. Calzaba zapatos blancos de tacón, acabados en una larga punta. Vestía unos pantalones tejanos, que debo decir, le dibujaban un trasero espléndido, y añado, que ella también sabía moverlo muy bien. En la parte de arriba un jersey fino de color negro, bastante ceñido. Su cabello era rizado de color castaño con mechas más claras. Pidió en la barra, se volvió y vino a sentarse en una mesa justo enfrente de la mía. Ahora si podía ser descubierto, pero sinceramente, no me importó, volví a estudiar su cuerpo, sus movimientos, realmente ella me excitaba.

Le calculé unos cuarenta años aproximadamente, eso sí, muy bien llevados, pero tenía esa cara de mujer experimentada en la vida, que al menos a mí, me da mucho morbo. Ojos despiertos y mirada, diría yo, divertida, alegre, de mujer desenfadada. Tez morena, marcadamente bronceada. Llamaron también poderosísimamente mi atención sus pechos. Eran de un tamaño bastante considerable, muy bien puestos para su edad, alzados, y tal como he dicho antes llevaba un jersey ceñido, sin sujetador, que le marcaba notoriamente los pezones. Os digo, que me puse tieso en ese mismo instante.

Hago un inciso para deciros sobre mí, que aunque más joven, he vivido lo mío, estoy rodado vaya, curtido, y leo bastante bien entre líneas. Tengo novia aunque actualmente reside en el extranjero y nos vemos unos pocos días cada dos meses. Soy de carácter abierto, bastante seguro, decidido, afable, simpático, es fácil entablar conversación conmigo y físicamente normal, no muy alto, de complexión fuerte, me gusta mucho practicar deporte. Cara de bueno y ojos claros…

Así es, que ella se sentó delante de mí, de lado, ofreciéndome enteramente su exquisito perfil. Contemplé, disfruté, de sus zapatos de tacón, de sus piernas, de sus pechos, de sus erguidos pezones, de sus finas manos…A esas alturas ella ya se había percatado de que había llamado mi atención, y yo de que ella me había fichado. El camarero le sirvió un zumo de frutas y se retiró.

Sin más ella se dirigió a mí, para comentarme lo vacía que estaba la ciudad y la poca gente que quedábamos en el centro, rápidamente entablamos animada conversación. Hablamos de vacaciones, de trabajo … en media hora ya sabía cómo se llamaba, que era divorciada, tenía 42 años, estaba de vacaciones, pero en dos días se iba de viaje a la islas con una amiga, tenía un hijo de 15, que estaba veraneando con su ex-marido. Debo admitir que a medida que me iba hablando, los ecos de la palabra “sexo” iban resonando a lo largo y ancho de mi cabeza, y de que me costaba horrores no desviar mi mirada hacia sus atributos delanteros. Ella lo sabía. Yo le conté que estaba trabajando, que era el único esos días en mi oficina, y que mis vacaciones debían esperar hasta setiembre.

Ella, a la que llamaremos Ana, me escuchaba con atención, sabiéndose excitante y sensual. Me siguió el hilo, así que a esas alturas ya ambos sabíamos que es lo que había. Yo me hallaba completamente erecto, el problema iba a ser mío a la hora de levantarme, por suerte, mi camisa estaba por fuera del pantalón.

Le pregunté sobre sus planes para el día, y vi claramente que no tenía mucho que hacer, o al menos, nada que no pudiera hacerse en otro momento. Así que me decidí a atacar, educado, correcto, pero decidido…

- Ana, sabes perfectamente que desde que has entrado en el Bar, no he podido dejar de mirarte. – Sí, lo sé. ¿Te gusto? – Sabes que sí. Desde el primer momento me has atraído. – Tú también (me confesó)

Pedí la cuenta.

- Acompáñame Ana.- ¿A dónde? – Ven conmigo mujer y sonreí.

…y vino, y yo me la subí a la oficina.

- ¿Seguro que estás solo? Me preguntó ella. – Seguro Ana.

La hice pasar a una sala de reuniones que se haya únicamente amueblada con una mesa redonda y unas pocas sillas.

Me acerqué a ella, en esos momentos, creo que mi erección era patente a todas, todas… la cogí por la cintura y la atraje suavemente hacía mí. No se resistió. En ese momento ya tuvo que notar mi verga, totalmente tiesa… sin más demora bajé mi mano y la posé en su excitante trasero, y volví a atraerla hacía mí… ella estaba tan excitada como yo… busqué su boca con mis labios, y nos besamos, apasionadamente, mezclamos nuestras lenguas. Sin dejar de besarla, empecé a desabrocharle sus pantalones y se los bajé, lucía unas bragas tipo tanga de color negro que dejaba al aire un culo respingón impresionante. Mis manos gozaron de ese culo en toda su amplitud.
- ¿Tienes preservativo? Inquirió ella.

Yo hombre precavido (vale por dos), siempre llevo uno en la cartera. Empecé a juguetear con ella. Ana estaba completamente mojada, tan excitada o más que yo.

Le acaricié los labios de su vagina, y mis manos se deslizaron, por debajo de su ceñido jersey, hacia sus más que deseadas tetas, comencé a pellizcarle suavemente esos pezones, que en esos momentos se encontraban izados, duros, tiesos. Me entretuve largamente sobando esos hermosos pechos, ella no paraba de gemir, suspirar y jadear suavemente.

La imagen era la siguiente, Ana de pie con las manos apoyadas en la mesa, con los zapatos de tacón puestos, los pantalones bajados, el tanga en su sitio, ligeramente ladeado, el jersey levantado en su parte delantera, mostrando sus dos generosas tetas con sus más que ardientes pezones, la espalda arqueada, sus ojos entrecerrados, y su boca jadeante, suplicante. La chupé y la sobé sin tregua, las tetas, el trasero, el ano, las piernas, su vagina, introduciendo mi lengua hasta lo más profundo, jugando, mordisqueando su clítoris.

- Hazme lo que quieras me susurró.

Esa simple frase, nos hizo entrar en una segunda fase de nuestro polvo. Vi claramente el tipo de juego al que quería jugar. Ana deseaba fervientemente, que yo pasara a ser el claro dominador. Entendí el mensaje… y el juego siguió…

La tomé por los cabellos y la arrodillé. Ella no hizo ademán de resistencia en ningún momento.
- Chúpamela, Ana.

Escuché, un simple ‘Sí’, que repitió varias veces con la respiración entrecortada, mientras con su lengua recorría mis huevos, cogí mi verga con las manos y la introduje entre sus labios. La aceptó con patente excitación, placer y ansia.

Empezó a mamármela muy enérgicamente. Reconozco que es algo que me da mucho morbo hacer, sujetar a mi compañera por los cabellos, y empujar su cabeza hacia mi pene, follarle fuertemente su boca y no permitir que se zafe de mis movimientos. Así lo hice con Ana, y eso a ella también la excitó. Me ponía a mil, contemplar su cara, que a su vez, me miraba viciosa, mientras, hambrienta, me la comía. Fue una mamada maravillosa, pero no permití que terminara…

Saqué mi pene de entre sus labios, y la ayudé a levantarse, la situé exactamente en la misma posición, en pie, apoyada con las manos en la mesa, deslicé su tanga hacia abajo, y empecé a lamer, a chupar, a comerla entera, entre las piernas, el culo, su ano, su vagina estaba completamente mojada, chorreaba… y Ana no paraba de gemir, de jadear… de forma ahora, bastante, bastante escandalosa…

- Te voy a penetrar.

Entre gemido y jadeo, me pareció escuchar un ‘Por favor’, así es que lo más rápidamente que pude, me coloqué el condón… y me situé detrás de Ana. Mi polla estaba tiesa y dura como un bastón, la tengo bastante gruesa, pero Ana estaba muy dilatada por la excitación y la penetré de un solo y enérgico empujón… ¡Como gimió!

Empecé a bombear muy fuerte, muy rápido, Ana no paraba de gemir, cada vez más fuerte, me pedía más y más, yo deslizaba mis manos hacia sus pechos y mientras me la follaba, no paraba de sobarle las tetas y pellizcar sus pezones, estábamos ambos disfrutando, sin duda, de un polvo increíble.

En la cima de la excitación, introduje un dedo suavemente en su ano. Observé que eso aumentó sus gemidos, así es que seguí jugando con su hermoso culo…

A ella la excitaba aquello, si cabe todavía más, cada vez que metía un dedo en su ano, gemía y jadeaba más… no era un ano virgen, eso me pareció claro, así es que le saqué mi pene, y sin dejar a que terminara un suspiro de frustración, de desesperación, apunté con mi glande hacia su ano, ella lejos de resistirse, se dejó ir completamente sobre la mesa, y con ambas manos se abrió las nalgas.

Eso ya me puso frenético, aunque intenté frenar mi acometida para no dañarla. Después de un par de intentos fallidos, penetré con mi glande extremamente duro, su ano.

Ana suspiró, pero no mostraba signos de dolor, empujé de nuevo, al poco la tenía ante mí, totalmente penetrada por el culo, y yo empujaba con movimientos lentos y rítmicos… pero aquello funcionaba de maravilla…

Así es que poco a poco, mi ritmo se acrecentó, mientras la enculaba, jugué con su clítoris, y ella mostró generosamente cuanto aquello la complacía. Al poco, me incorporé sobre ella… las sujeté firmemente por las tetas y empecé a encularla con gran vigor… ella no paraba de gemir, de gritar… de pedir más y más… y así terminé corriéndome salvajemente en su ano.

En nuestra breve conversación posterior, ambos admitimos, que había sido el polvo de nuestras vidas.
Al rato, nos despedimos sin más, de eso hace dos semanas, y no he vuelto a saber nada más de ella.

Autor: KdS

Reencuentro

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La follafamosos



Hacía un par de años que no la veía. Pero el día que me la encontré en el puente peatonal a la salida de una estación del Transmilenio (el sistema de transporte masivo en Bogotá), me saludó de tal manera que no parecía que hubiera pasado el tiempo. Me saludó como siempre lo había hecho. No. Me equivoco. No fue como siempre. Fue saludo de beso en la mejilla, pero esta vez fue tan cerca a los labios que fue lo que podríamos llamar un esquinero ¡y qué esquinero!
Hablamos durante unos minutos, intercambiamos números de celular y nos despedimos. Nuevamente, el beso fue “esquineado”.

Seguí mi camino a la oficina con el firme propósito de llamarla en la tarde con dos objetivos claros: comprobar que el número celular que me había dado era el correcto, y el segundo, cuadrar una cita para vernos y reactivar la relación. Sin embargo, ese día estuvo muy atareado. Mi jefe, un hombre muy estricto que no vivía en Bogotá sino en Miami, estaba en la ciudad y ese día por la tarde tenía vuelo de regreso. Como siempre, al final de la jornada, lo llevé al aeropuerto en su carro y luego dejé el vehículo en el garaje de su apartamento.

Al día siguiente, por la mañana, desde la oficina la llamé. Me contestó con voz adormilada. ¡Qué rica la vida de los ricos!, pensé. Mientras yo tenía que trabajar todo el día, ella estaba de descanso. Conversamos un rato mientras ella se terminaba de despertar y convinimos en vernos ese día por la tarde. Como su casa quedaba cerca a mi oficina, ella pasaría por la oficina e iríamos a tomarnos algo mientras nos poníamos al día en los últimos acontecimientos en nuestras respectivas vidas.

Yo la esperaba sobre las 4 y media, pero llegó un poco antes de lo que yo pensaba. Venía hermosa. Aunque Bogotá casi siempre es muy fría, en esa época del año –junio, julio- hacía bastante calor, de manera que ella venía con una minifalda en tela de jean desteñida y una camisetica roja tipo esqueleto muy ceñida que resaltaba su buen cuerpo y montada sobre un par de zapatos de tacón alto; luego me di cuenta que no llevaba medias. Buena señal.

Sin ser una belleza despampanante y tampoco muy alta –mide apenas 1.60-, siempre lograba que la miraran dos veces. Ese día su pelo ensortijado lo llevaba liso y llamaba más la atención.
- ¡Hola! – la saludé con un beso en mejilla; esquineado, desde luego. ¡Sigue, siéntate! Te toca esperarme a que termine lo que estoy haciendo porque me llegaste antes de lo que esperaba.
- No te preocupes – me dijo, con una sonrisita picarona – Me siento aquí juiciosita y espero que termines.
- O.K., no me demoro, entonces – le contesté.

Y se sentó en el “sofá de los aumentos” lo que me hizo esbozar una sonrisa mientras me escondía detrás del monitor de la computadora para que no fuera a creer que me reía de ella. Quedó ubicada de tal manera que mientras continuaba con mi tarea, por el rabillo del ojo podía detallarla mejor. Allí sentada, a pesar de no ser muy alta, las piernas se le veían maravillosas y larguísimas. Como era minifalda, al sentarse se le subió casi ocho o diez centímetros. En otras palabras, escasamente y con dificultades le tapaba los cucos. Cogió una de las revistas que había en la mesilla auxiliar y se concentró en los chismes de farándula.

Cuando por fin terminé, apagué la computadora y me paré de mi escritorio. Cuando me puse de pie, levantó la mirada y preguntó:
- ¿Terminaste?
- Sí, ¡por fin! ¿Me demoré mucho? – le pregunté.
- No, al contrario, te rindió. Me faltan un par de chismes por leer.
- Ah, bueno, entonces termínalos mientras me sirvo un café ¿quieres?
- ¿Café? Sí, bueno, muchas gracias.

Traje las dos tazas de café y la azucarera, deposité la bandeja en la mesilla y me senté a su lado, casi tocando su pierna izquierda con mi rodilla derecha.
- ¿Cuánta azúcar? – le pregunté.
- Una, pequeña, gracias. – me respondió sin levantar la vista de su entretenida lectura de chismes.

Le preparé el café asegurándome que le quedara bien revuelto. Al mío no le puse azúcar porque lo tomo sin dulce. Tiene mejor sabor y es más estimulante, aunque en esos momentos no necesitaba mucho estímulo. La sola visión de sus maravillosos pechos como luchando por liberarse del sostén y la camisetica, pero sobre todo, la erótica visión del medallón escondiéndose entre sus senos, me tenía ya con bastante adrenalina corriendo por mi cuerpo.
- Aquí tienes – le dije mientras le acercaba la taza de café.
- ¡Gracias! – respondió alegremente, mientras dejaba la revista de lado y tomaba la taza y el plato con ambas manos.

Bebimos café y conversamos por un buen rato. Poco a poco y rapándonos la palabra nos dimos a la tarea de ponernos al día en los acontecimientos ocurridos en el tiempo que no nos habíamos visto. Desde luego hubo risas, carcajadas, “inocentes” toques de mano en el antebrazo, la mano o la rodilla del otro y momentos de silencio sonriente mirándonos fijamente a los ojos.

Como era de esperarse, la conversación derivó hacia temas más íntimos. Le conté que yo me había separado de mi esposa hacía casi dos años, lo que pareció alegrarla, y ella me contó que había terminado con su novio hacía un par de meses, lo que evidentemente me alegró a mí.

Seguimos con los temas cada vez más íntimos, lo que necesariamente llevó a que los “inocentes” toques fueran más seguidos y más prolongados. Hasta que hubo una anécdota que nos hizo reír mucho a ambos; tanto que nuestras caras quedaron muy cera una de la otra. Tanto que sin pensarlo me acerqué y la besé suavemente en los labios. Ella reaccionó positivamente. Abrió levemente su boca y me permitió explorarla con mi lengua. Primero con cautela y luego, cuando ella hizo lo mismo, con mayor osadía. Nuestras manos empezaron a explorarnos al igual que nuestras lenguas: primero con cautela, casi con timidez y luego con un deseo irrefrenable de palpar, de conocer con los dedos como lo haría un ciego.

Por la posición en el sofá, mi mano derecha llegó a su nuca y me permitió tomarle la cabeza manteniéndola pegada a mí. Entretanto, con la mano izquierda empecé a explorar sus piernas. Primero sus suaves rodillas y luego sus maravillosos muslos. Poco a poco fui subiendo hasta llegar al borde de su falda y seguí adelante. Primero me dirigí a su cadera derecha y luego me fui al centro. Toqué sus cucos de tanguita y estaba empapada. Eso me puso a mil. Desde luego, para ese momento, mi pene estaba ya bien crecido y pidiendo libertad. Como si lo supiera, ella llevó su mano hasta mi bulto y exhaló un pequeño suspiro cuando lo sintió. No se si porque la sorprendió o la decepcionó el tamaño y la dureza. Ya sabría cuál habría la razón.

Cuando mi mano llegó a su tanguita, ella, como sin querer, casi imperceptiblemente, abrió lentamente las piernas y arqueó hacia adelante sus caderas. Era evidente que quería que continuara.”¡Vamos bien!” pensé. Y seguí adelante. Inicialmente la acaricié por encima de la tanguita, pero al sentir que se arqueaba, fui más audaz y metí mis dedos detrás de la tela de los cucos. Estaba depilada por completo. Busqué y encontré sus labios. Primero los exteriores y luego los interiores. Estaba empapada. No tardé en encontrar su clítoris y cuando lo toqué estaba palpitante. El roce le hizo dar un respingo.
- Perdón, ¿te hice daño? – le pregunté, mientras retiraba la mano.
- No – jadeó – sigue – me exigió. Luego me enteraría que esa parte de su cuerpo es especialmente sensible y que con solo tocarla en un momento de excitación le hace sentir corrientazos por todo el cuerpo.

Continué con mi tarea haciéndola brincar varias veces por los espasmos. A la vez, ella refregaba mi pene por sobre la ropa cada vez con mayor fuerza. Me tenía a mil. Las huevas me estaban empezando a doler por la excitación. Saqué mi mano de bajo su falda, medio me incorporé en el sofá, y sin dejar de besarla en la boca, el cuello y las orejas, también la enderecé un poco para poder utilizar mi otra mano. De esta manera, con una mano ataqué su entrepierna y con la otra fui directo a sus senos. Primero por encima de la blusa y luego por debajo de ella. Subí la mano y toqué sus pechos. Estaban duros. Deliciosos. Los pezones parecían un botón deseando ser oprimidos. Retiré como pude el brasier y sus maravillosas tetas quedaron en mi mano.

Cuando sintió el contacto se agitó un poco, y en respuesta, con sus manos buscó mi bragueta, la abrió y metió la mano. Primero se agarró a mi pene por sobre el calzoncillo pero rápidamente metió la mano más adentro y agarró mi pene con sus ágiles dedos y comenzó a masajearlo con destreza.
- Quiero chupártelo – me dijo jadeando.
- ¡Adelante, es todo tuyo! – le respondí encantado.
- Párate – me ordenó.
Yo me puse de pie delante de ella y saqué mi pene que de inmediato le apuntó directo a la cara. Ella lo miró golosa, con lujuria, soltó mi cinturón y terminó de abrirme el pantalón que se escurrió y cayó al suelo. Cuando el celular que estaba en un estuche del cinturón golpeó el suelo, se sobresaltó.
- Oye ¿y si alguien nos encuentra? – me preguntó alarmada, agarrando mi pene con una mano y las bolas con la otra.
- No te preocupes – la tranquilicé. Como el jefe, que es tan estricto, viajó ayer y hoy es viernes, les di la tarde libre para que se relajen.
- ¡Muy conveniente! – me dijo sonriendo y metiéndose mi pene en la boca.
No le pude responder. Su forma de chupármelo me dejó sin habla. Escasamente podía respirar entrecortadamente. “¡Carajo! ¡Es una mamadora espectacular!”, pensé. Nunca nadie me lo había mamado en esa forma. Su mano subía y bajaba mientras ella se entretenía con el glande. Lo lamía, lo chupaba y lo succionaba. Lo soltaba y recorría todo el palo con su lengua. Chupaba mis huevas y con su mano acariciaba mi periné. Con la otra mano, me agarraba la nalga y la estrujaba mientras trabajaba con su boca. Sus suaves gemidos me indicaban que se lo estaba gozando. ¡Y yo sí que lo estaba gozando!

Después de casi quince minutos de chuparme y acariciarme el pene y las bolas por todos los lados, como si nunca hubiera visto uno, se dio cuenta que yo estaba a punto de llegar, de manera que se lo sacó de la boca y se puso de pie. Me besó como queriéndome arrancar los dientes. Como si quisiera asegurarse que yo me diera perfecta cuenta que era esa la boca que había estado chupando, lamiendo y succionando mi verga durante un cuanto de hora.
Entretanto, mis manos se metieron debajo de su falda. La tanguita era un hilo dental que dejaba completamente libres sus deliciosas nalgas, las cuales me dediqué a acariciar con fuerza. Luego, mientras una mano se encargaba de ese culo maravilloso, la otra se fue directa a su cuquita que estaba absolutamente empapada. Mientras con una mano me encargaba de su clítoris y su empapada cuca, con la otra busqué y encontré su ojete. Cuando sintió que mis dedos se encargaban de sus huecos se estremeció.
- Métemelo, por favor – rogó jadeante. Quiero que me lo metas…
Me agaché y con las dos manos le quité la tanguita. Aproveché la ocasión para devolverle el favor y mi lengua se dirigió como un misil hacia su cuca. Estaba deliciosa. Húmeda. Con un sabor particular que no había probado en ninguna cuca. Estuve entretenido en su concha unos cinco minutos.
- ¡No aguanto más! – dijo casi gritando. ¡Métemelo o te lo arranco!
- Recuéstate – le dije.

Y se acostó en el sofá con sus piernas abiertas, la falda alrededor de la cintura y la blusita a manera de bufanda. Los ojos vidriosos y las pupilas dilatadas. La visión era maravillosa. La cuca húmeda y las tetas sonrosadas por mis apretones.

Me incliné, y guiando mi pene con una mano, acerqué la cabeza a su cuca, golpeándole los labios externos como quien toca a una puerta pidiendo entrar.
- Adelante, ¡mételo! – ordenó.
Y empecé a meterlo despacio, con cuidado. Ella jadeaba y pedía: “¡Hasta el fondo! ¡Quiero sentirte!” De manera que me dejé ir de un solo jalón y se lo metí hasta la empuñadura.
- ¡Aaaahhhhhh! – gritó, como si le faltara la respiración.

Empecé mi movimiento de mete y saca y rápidamente ella se empezó a mover al compás. Podía sentir las paredes de su vagina en la punta de mi pene. Estaba absolutamente encharcada. Era una delicia. Para no venirme tan pronto, alterné el ritmo varias veces. Ahora rápido, ahora lento. Eso la enloqueció, y si no estoy mal, con el sistemita logré que se viniera unas dos o tres veces.

De pronto sentí que me venía y caí en cuenta que en el afán no me había puesto el condón y se lo dije mientras me retiraba.

Se quitó rápidamente la falda y me dijo:
- Sigue, y cuando vayas a llegar me lo echas en las tetas.
- Vale – le dije por toda respuesta, y la volví a penetrar.

Esta vez el ritmo fue frenético. Le di como loco mientras ella gemía y gritaba con cada embestida. Cuando sentí que me venía, lo saqué, ella lo agarró y terminó de pajearme mientras yo eyaculaba sobre sus tetas y su vientre plano. Hacía años no eyaculaba de esa manera. A ella, eso la excitó tanto que volvió a tener un gran orgasmo, me dijo después.

Cuando terminé, me la volvió a chupar hasta que me la dejó limpia por completo.

- Delicioso – fue todo lo que dijo, mientras se fue para el baño con paso inseguro. Voy a limpiarme. Ya vengo.

Cuando regresó cinco minutos después, yo ya me había vuelto a vestir y estaba arreglando el escritorio para marcharnos. Al fin de cuentas, era viernes y la noche era joven. Ella ya se había vuelto a acomodar la blusa, el sostén y la falda.
- ¿Mis cucos? – preguntó.
- Ya no son tuyos. Ahora me pertenecen y los voy a guardar de recuerdo. – le contesté.
- ¿Cómo? – me preguntó entre sorprendida y cómplice.
- Lo que oíste – le respondí tratando de hacerme el serio y no mirarla para no reírme.
- Muy bien. No hay problema me dijo – evidentemente divertida por la situación. Pero para que te los ganes con merecimientos, me vas a llevar a un sitio a comer, luego a bailar y por último a terminar lo que empezamos aquí ¿estamos?
- O sea, las tres erres – le dije.
- ¿Las tres erres? – preguntó intrigada.
- Rumba, Restaurante, Residencia – le respondí sin inmutarme. Solo que la residencia será la mía, es decir, mi apartamento, ¿te parece?
- Me parece – me respondió, evidentemente complacida por la perspectiva del viernes que le esperaba, cuando sonó su celular.
- Dame un minuto – me dijo mientras cogía el celular y me daba la espalda. Hola, mamá ¿Cómo estás? Sí señora, todavía estoy con Mariana y posiblemente me demoro porque tiene unos primos que llegaron de visita al país y quieren que los llevemos a conocer la ciudad. Sí, mamá, son gente seria y decente. No mamá, son casados y vinieron con las esposas. Vamos a ir los seis. No se, mami. A lo mejor terminemos tomándonos unos tragos en el Atlantis. Sí, mamá el Atlantis, el centro comercial de la ochenta y una con doce. Sí, mami. Ese. Donde compramos tus carteras. Bueno. O.K., mami yo te aviso. Pero no me esperes despierta. Si nos demoramos mucho, me quedo donde Mariana. No, no. No te preocupes. Los primos se están quedando en un hotel. Yo me quedo con Mariana en el diván del estudio. O.K. má. Te llamo. Chao. Besos.
Yo no le había perdido detalle mientras hablaba. La espalda era perfecta y el culo respingón. El pelo, ahora liso, le llegaba a mitad de la espalda y le confería un aspecto súper sexi. Cuando terminó, se volteó y me miro interrogante:
- ¿Qué? ¿Qué tengo? – preguntó mirándose las piernas y alisándose la falda.
- Nada, solo te admiraba. – le respondí. Admiraba tu cuerpazo y la forma tan extraordinaria como manejaste a tu mamá. ¡Mis respetos!
- Ja, ja, ja, ja – se carcajeó. ¡Tocaba! Primero, porque mi adorada madre es muy conservadora y retrógrada y todavía te odia, y segundo, porque luego de lo que pasó aquí, no te me escapas. Así que, caballero, a cumplir lo prometido – me dijo mientras me besaba en la boca y me volvía a agarrar el bulto que empezaba a recuperarse.
- O.K., señorita. Vamos. – le respondí, y salimos de la oficina decididos a tener el mejor viernes que hubiéramos podido tener en años.
Y lo fue. Pero lo que ocurrió esa noche, y el sábado por la mañana será tema de otro capítulo.
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