Relatos eróticos Marqueze. El Sexo que te gusta leer.

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Un encuentro virtual

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Todo mi cuerpo te desea, siento el roce de tus dedos en mi piel, respiro, suspiro, deseo besarte, tomo tu cabeza en mis manos y acerco mi boca a la tuya. Abro lentamente mis labios y lamo los tuyos, los disfruto.
Esa tarde, como otras iguales, me encontraba en el MSN, algo aburrida cuando se conectó alguien muy especial, alguien con quien compartíamos momentos virtuales muy sensuales, donde poníamos en juego todos los elementos para imaginarnos juntos. Copié tal cual la conversación para que se refleje lo que sentíamos los dos.

-  Hola, ¿cómo estás?
-   jeje me encanta tu imagen, bien con calor
- ¿te confieso algo?
-  ¿qué?
-  te deseo mucho
- mmmm
- .siiii, no sabes cuanto ¿y tú?
-  también, sos mi caballero enigmático ¿Sabes? Haces que imagine el estar con vos
-  ¿como te lo imaginas?
-  con tus labios en los míos
que lentamente bajan hasta mi mentón

-  ¿Qué más?
- bajas por mi cuello, ahora junto a tus labios, se une tu lengua lo recorres, susurras en mi oído algo suavemente para disfrutarlo
- te digo que te deseo, que mi cuerpo arde de placer por estar contigo
-  guau bajas hasta el canal entre mis pechos te alejas para admirarlos, los tocas levemente con tus dedos provocando que tu piel se erice y las puntas de tus pechos se pongan duritas
- sii
- ahora tu boca juega con el izquierdo
- mientras mi mano acaricia el derecho
- siii  disfrutándolo mis palpitaciones aumentan
-  mis manos acarician el resto de cuerpo, tu espalda, me deslizo suavemente por ella hasta llegar a tu cola, la cual aprieto con delicadeza
-  mmm si

Todo mi cuerpo te desea, siento el roce de tus dedos en mi piel, respiro, suspiro, deseo besarte, tomo tu cabeza en mis manos y acerco mi boca a la tuya. Abro lentamente mis labios y lamo los tuyos, los disfruto. Tu boca se abre lentamente y tu lengua se une a la mía, nuestras respiraciones ahora también están unidas, los cuerpos pegados.

- nuestra sangre ardiendo de deseo del uno por el otro
- solo las bocas tienen acción, aparentemente siento como algo crece desde tu cuerpo y como una humedad invade mi entrepierna
- siii, has despertado al león que dormía
- ahora es mi boca la que desea explorarte baja lentamente desde tu boca
- Siento su calor por mi cuello
- muerde levemente tu mentón
- mi pecho… en mis tetillas
- desean ser tocados por mi boca, bajo lentamente, lamo, aprieto levemente con mis dientes
descubro tus tetillas
- mmmm sabe rico
- las muerdo, las pongo duritas
- eso provoca excitación en mi león que ahora está completamente despierto creo que tu entrepierna ya lo notó
- siii
- Sigo bajando, llego a tu ombligo y cerca, muy cerca siento algo duro que se acerca a mi piel
-  mmmmm
- sigo bajando. Juego con esos pelitos sobre la pelvis, hago que te desesperes, deseas que siga, tomo entre mis manos tu pene, pero mi boca aún no lo toca, recorro tu pelvis, lamo tus huevos, levemente

- Mmmmm
- tu pene está inquieto en mis manos
- que sabroso siento como que toco el cielo
- parece tener vida. Yo arrodillada en tus pies, con tu pene en mis manos, te miro a los ojos y observo tu deseo, como te desesperas, tus manos están al costado de tu cuerpo porque yo tengo el control, deseas que siga y casi susurrando me pedís….
- no pares, me encanta seguí por favor, seguí
- te hago una sonrisa triunfal

Subo hasta tu boca, sin soltar mi tesoro, meto mi lengua en tu boca, tu cuerpo tiembla,
vuelvo a mi posición anterior, aprieto mi mano, lamo la cabeza… esa cabeza que está palpitante, recorro sus bordes, me la meto en la boca, mi lengua la sigue estimulando mientras mi mano no deja de apretar, está muy roja y palpitante.

- Ahora suelto levemente mi mano y lentamente, muy lentamente voy introduciendo tu pene en mi boca, un gemido ahogado sale de la tuya
- mmmm ese calor de tu boca y la humedad de tu lengua me estremece todo el cuerpo
- ahora mi mano toma, como conteniéndolos, a tus huevos que están sensibles y deseosos… tibios- mientras mi boca ahora sí, se acerca y se aleja…

Saboreando todo tu pene, todo lo que puede entrar en ella intento meterlo cada vez más dentro de mí pero no lo logro, llena mi boca.Ahora aumento mis movimientos

- mmmmm eso se siente delicioso, no sabes cuanto lo estoy disfrutando
- un suave líquido tibio comienza a salir de tu pene, mi lengua lo saborea
succiono la cabeza como queriendo que salga todo y vuelvo a metérmelo
ahora sí tus manos toman dulcemente mi cabeza
- comienzo a empujarla, dejando siempre que tú lleves el control, pero cuando siento placer la presiono para que no la saques y me dejes sentir esa sensación especial de tener mi pene en tu boca
.- miro tu cara, me refleja placer y sé que te gusta lo que hago
- mis manos acarician tu cuello apretándolo levemente
- la humedad de mi entrepierna aumentó mucho más
siento mis jugos entre mis labios, mi mano libre baja hasta allí, acaricio levemente mi zona íntima, empapo mis dedos en mis jugos y viéndote los lamo, eso hace que tu cuerpo reaccione más.

Me levantas de mi posición y me besas
- desesperadamente nos unimos las bocas, te pedio que me dejes lamer uno de tus dedos húmedos para disfrutar también de tu néctar
- sii y es tuyo.

Una electricidad recorre mi cuerpo al sentir mi dedo en tu boca
- a ese mismo ritmo desciendo, lamo tus pechos, los acaricio, los mordisqueo suavecito provocando dolor de placer en ti. Jugueteo un poco con ellos mientras mi mano acaricia tu conchita húmeda, mi lengua baja por tu abdomen se detiene en tu ombligo
- uff si
- para llegar hasta el lugar donde me espera un manjar de placer. Mi lengua comienza a secar esa humedad, limpio tu clítoris, tus labios vaginales
- mi cuerpo tiembla
- mis manos acarician al mismo tiempo tus glúteos, gemidos de placer inundan el aire
- sii totalmente entregada a tu ser

- Mientras mi lengua disfruta de tu clítoris el cual esta súper enojadito, lo estiro, lo muerdo suavemente, lo chupo en fin disfrutando de él a placer
- No puedo más, aprieto tu cabeza contra mi conchita y un orgasmo casi salvaje te llena de mi néctar
- mmmmmmm… mi boca está llena de ese néctar delicioso el cual saboreo
antes de tragármelo
- mm sii
- tomo entre mis manos tu cabeza, te beso para que compartas conmigo tus jugos, me acerco a tu oído y te susurro….

- quiero que entres dentro de mí, quiero que me hagas tuya
- te recuestas sobre la cama, tus pies tocando el suelo, limpio tu clítoris, hasta la última gota de néctar que te ha quedado, coloco la punta de mi pene en la entrada de tu conchita
levantas tus piernas, las tomo en mis manos, mientras tu cuerpo se arquea para que mi pene tenga espacio para deslizarse sin estorbo alguno
- siii siento como lentamente me penetras… como lentamente va llegando al lugar deseado… mis uñas se clavan en tu espalda, eso te indica el placer que me estás dando…
cuando entra todo, un gemido entrecortado de los dos se deja escuchar
- siiiii te movés lentamente

Mi mete- saca, al principio es lento para disfrutar del momento, pero la pasión es tal
que de pronto comienza un bombeo vertiginoso que estremece toda la cama y la habitación donde estamos se llena de ruido
- siiiii
- estoy a punto de venirme
siento que mis bolsitas no aguantan más, voy a explotar… ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh
.- siiiiii
- que ricoooooooooooooooooooooooooo
- ahhhhh
ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh
- uffffffffffffffffffffffffff
ricooooooooooooooooooooo
- siiiiiii
- delicioso

Me desplomo sobre tu pecho mientras tus manos me reciben con un fuerte abrazo y un susurro de… rico papito, eres lo máximo, sale de tu boca.

Un beso en el lóbulo de tu oreja, empapado en la dulce transpiración…

- me dejo entrar en un sueño, con tu cuerpo aún sobre mí
-  nos quedamos dormidos, así hasta el amanecer…
- ¿ves lo que te digo? ¿Ves porque extrañaba nuestras charlas?
- me fascinó…

Gracias Lyon por el momento tan lindo que pasamos… Gracias Lumier por tu ayuda…

Cariños a todos…

Autora: Klaudita

Mi tía maestra de sexo

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Empezó a levantarse y a dejarse caer suavemente, yo sentía que mi pija era apretada como por un guante caliente, mi tía me cabalgaba y sentía mi verga caliente, mi tía empezaba a gemir de tan excitada que estaba, ella terminó de cabalgarme y yo terminé dentro de ella, que delicia el sentir su conchita caliente y que yo la estuviera llenando con mi leche cremosa.
Quizás tendría como 18 años cuando perdí mi virginidad gracias a mi caliente tía, ella tendría en ese entonces unos 22 o 23 y ya le encantaba el sexo y a quien no si es lo más rico en esta vida.

Pues resulta que mis padres solían salir muy seguido los fines de semana y mi mamá le pedía el favor a mi tía     que viniera a cuidar a mis dos hermanos, entre ellos estaba yo, mis padres no confiaban mucho en mí ya que debía estudiar para mi ingreso en la facu, así pasaron varios viernes y la compañía de mi tía ya era común, una vez me despertaron sus caricias en mis genitales…

Era una sensación muy rara, lo cierto es que cuando me levanté tenía mi pija bien dura, mi tía se asustó y siguió acariciándome y yo me moría de risa, ella me empezó a hacer mi primer mamada, se metía mi pene una y otra vez mientras a mi me invadía un cosquilleo y empecé a orinar en su cara, mi tía me dijo que ella me iba a convertir en hombre.

Llegó el otro viernes y ahora yo era quien buscaba a mi tía para que me hiciera cosquillas y mi tía me dijo que después de que terminara de ver su serie favorita, yo estaba impaciente en la cama al lado de ella…

Ella tomó una de mis manos y la llevó a una de sus piernas, con mi mano se acariciaba hasta que llegamos a su chochito, sentí entonces en medio de sus piernas mucho pelo y además mojado debido a la excitación que ella tenia, así me enseñó a masajear su coño hasta que me dejó hacerlo por mi mismo.

Metía mis dedos hasta el fondo y esa sensación de calor que había en su interior despertaba en mi instinto el cual no sabía que era pero me gustaba tanto, además de que despedía un olor muy particular que ahora es mi delirio.

Así estuve masturbándola hasta que terminó su programa, para esto mis hermanos ya estaban dormidos, me hizo que le mamara su concha pero yo no sabía como hacerlo me guió y me dijo que sacara mi lengua y que recorriera su concha de arriba a abajo una y otra vez, me dijo que le metiera la lengua y así lo hice…

Ella se retorcía y yo sentía ese sabor saladito que al principio me dieron muchas nauseas, mi tía me dijo que me fuera a lavar la boca y ahí terminó nuestra sesión de los viernes.

Al siguiente viernes yo ya estaba impaciente pero para mi desgracia mis papás no salieron pero mi tía se fue a quedar a mi casa, yo no me quería dormir hasta recibir mi sesión de sexo de todos los viernes.

Mi tía entró en el cuarto donde yo estaba y le dije que no podía dormir, ella me dijo que no podía hacer nada por que ahí estaba su hermana o sea mi mamá, mientras me decía eso metió su mano por debajo de la sábana y acarició mi verga…

Metió su cabeza y me la empezó a mamar muy rápido varias veces hasta que se oyó un ruido y rápidamente se sacó mi verga de la boca.

Luego me dijo que me durmiera y me dio mi primer beso en la boca, sentí su lengua húmeda que entraba en mi boca que acariciaba mi lengua, yo torpemente le correspondía y así dormí satisfecho esperando mi próxima clase de sexo con mi tía.

Llegó el próximo fin de semana y ahora si mis padres saldrían y llegó la noche, yo estaba listo para lo que siguiera, empezamos a jugar con mis hermanos y mi tía y yo nos tocábamos nuestras partes sin que mis hermanos se dieran cuenta…

Le toqué sus senos que eran bien firmes, con un pezón duro y negro, luego llevó una cobija a la sala donde estábamos viendo la tele, se sentó a mi lado y me tapó con la sábana, por debajo me hizo que me quitara mi short y empezó a mamarme mi pija mientras yo le metía mis dedos en su caliente concha la cual ya estaba bien lubricada…

En una de esas me dice que me quede sentado y que se acomoda mi verga en la entrada de su coño y sin decirme agua va se deja caer de golpe, mi reacción fue de sorpresa, nunca me imaginé que así iba a perder mi virginidad.

Ella se quedó un rato sin moverse, luego empezó a levantarse y a dejarse caer suavemente, yo sentía que mi pija era apretada como por un guante caliente, mi tía me cabalgaba y me daba la espalda…

Yo hasta ahí solo sentía mi verga caliente, para esto mi tía empezaba a gemir suavemente de tan excitada que estaba y no podía explayarse tanto pues mis hermanos estaban en el suelo viendo la tele, en eso mi hermanita nos queda viendo y nos preguntó que si que jugábamos y mi tía le dijo que estaba jugando al caballito…

Mi hermanita no le tomó importancia y siguió viendo el televisor, mi tía seguía su cabalgar más de prisa y me hizo que le apretara las tetas con mis manos…  El ruido del televisor se mezclaba con sus gemidos, y así, después de un rato, ella terminó de cabalgarme y yo terminé dentro de ella, que delicia el sentir su conchita caliente y que yo la estuviera llenando con mi leche cremosa.

Me dio un beso de lengua que me llegó hasta el fondo de la garganta y quedé con mi pierna toda mojada de sus jugos debido al o los orgasmos que tuvo y yo me fui al baño a asearme para luego seguir cogiendo con mi caliente tía.

Ella, al volverme del baño, me dijo muy despacio para que no escucharan mis hermanitos, hoy no más pero tu mamá me dijo que el próximo viernes se llevaría a mis hermanos menores y que yo cuidara de la casa, y que ella me iba a enseñar todo lo que sabía del sexo, y me dijo que si la hacía gozar más que hoy, casi seguro me enseñaría como hacerlo por su culito.

Así fue como perdí mi virginidad con mi tía, mi maestra de sexo.

Autor: Carlitosperez

Necesidad de sexo constante

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Senté a Sandra sobre mí, dándome la espalda. ¡Como jadeaba!  El coito duró 15 minutos. Esta era su excusa para poder follar conmigo. Las otras dos se lo pasaban de locura masturbándose. Y viéndonos. A Sandra le dio por gritar mirando a las otras dos y estas hicieron lo mismo. Cuando se levantó, Teresa me la meneó y volví a correrme. Eso le hizo tener un espasmo y se le escapó un chillido.
Me llamo Bermúdez. Supongo que muchos de los hombres que lean esta historia pensarán que soy un hombre afortunado. Explicaré por qué. Me puedo correr casi todas las veces que quiera. Una detrás de otra. Bueno tengo un límite. Pero he podido llegar a eyacular unas 10 veces seguidas.

He tenido suerte porque mi vida siempre ha sido muy estable. Sin graves problemas familiares ni económicos. Desde joven y conociendo esta virtud mía me he dedicado a hacer deporte para tener un buen cuerpo y atraer a las chicas. A pesar de todo he tenido que ir a un psicólogo puesto que la necesidad lógicamente de follar es tremenda y como comprenderéis no siempre es posible. Así que mis masturbaciones son constantes. A veces y sobre todo cuando era adolescente tenía que hacerme una paja cada hora. Además luego está la gente y sus comentarios. A veces voy por la calle y me reconocen y dicen: No es aquel que va por allí el hombre ninfómano. Y eso me traumatiza.

Aún así también he de reconocer que uno puede vivir momentos que todos desearían y no pueden realizar. Por ejemplo recuerdo una despedida de soltera a la que me invitó una amiga mía llamada Sandra. Os imaginaréis como le gusta el sexo a esta chica. Se trataba de la boda de una compañera suya de clase. Una tal Teresa, un nombre castellanizado puesto que ella no se si es de Oceanía o del sudeste asiático, el caso es que es una chica oriental de ojos rasgados, pero con la piel más morena que una china o una japonesa. Eran tres chicas. Mi amiga Teresa, y una colombiana llamada María Concepción.


Las tías alquilaron un apartamento para pasar la noche.

- Ya veréis como es este tío- dijo Sandra. – ¿Que le pasa?- preguntó María Concepción. – No. Yo no voy a follar eh. Mañana me caso- dijo la asiática. – Entonces ¿Qué vas a hacer? ¿Mirar?- dijo Sandra.

- Si es que te lo hemos dedicado a ti- dijo la colombiana.

Sandra y María Concepción se desnudaron. Sus cuerpos y rostros eran agradables.

- Esperad. Bueno algo tendré que hacer- dijo Teresa.

Yo me desnudé también. Teresa me cogió la polla con su mano. Yo ya la tenía erecta.

- Mira como la tiene- dijo María Concepción- la voy a probar.

Se la metió en la boca. Teresa me la meneaba y La colombiana pasaba su lengua por mi capullo. No tardé en correrme.

- Espera y verás- dijo Sandra.

Mi amiga se sentó sobre mí besándome en la boca. Y la penetré. Las otras dos podían ver como el culo de Sandra subía y bajaba. Y así estuvimos hasta diez minutos.

Ella empezó jadeando y terminó gritando.


- Como te echaba de menos cabrón. Esa polla que tienes. – Si sólo mide 15 centímetros- dijo María Concepción. – Eso no es lo que importa-dijo la asiática. – Es lo principal-le contestó.- Las mujeres siempre decimos lo mismo.

Mientras Sandra no dejaba de berrear.

- Bueno déjanos a nosotras que tú ya llevas bastante-dijo la colombiana.

Sandra se levantó. La asiática se tiró por mi polla a pajearme y me corrí.

- No me lo jodas-dijo María Concepción. – Si no te lo jode. Te lo pone más a punto. Ahí donde le ves este hombre se corre todas la veces que quiera- replicó Sandra. – Imposible. – Prueba hija, prueba.

Mientras Teresa me la tenía cogida y no la soltaba le metí un dedo en su coño a la colombiana y ella se acariciaba el clítoris. ¡Como suspiraba! Me volví a correr.

- Increíble, increíble- dijo la asiática.

De pronto Sandra me dio un empujón.

- A mí otra vez.

Se puso a cuatro patas y se la volví a meter.

- No pares, no pares, no pares, no pares.

Vi que las otras dos se estaban masturbando.

- No la saques, no la saques, no la saques- insistía Sandra.

Noté como se corría y las otras dos sonreían y hacían movimientos extraños.

Me tumbé en el suelo y le lamí el coño a María Concepción. Teresa seguía pajeándome. Y Sandra se puso a chupármela. Una la sujetaba y la otra se la metía hasta el fondo.


Y me corría. Luego eran la colombiana y la asiática las que me pajeaban al mismo tiempo.

Una me agitaba el miembro o la otra me toqueteaba el capullo o presionaban los huevos. Y eyaculaba. Líquido transparente. Ellas se corrían al verlo, pero no decían nada.

Lo estábamos pasando fenomenal.

Me tumbé sobre Sandra y vuelta a follar.

Podía notar sus orgasmos. Se parecía a mí. Cuando se la sacaba ahí estaba la mano de Teresa.

- Déjame, déjame- dijo María Concepción. Y se la metió en la boca. Volví a correrme.

Senté a Sandra sobre mí, dándome la espalda. ¡Como jadeaba!  El coito duró 15 minutos. Esta era su excusa. Para poder follar conmigo. Las otras dos se lo pasaban de locura masturbándose. Y viéndonos.

A Sandra le dio por gritar mirando a las otras dos y estas hicieron lo mismo. Cuando se levantó dolorida, Teresa me la meneó y volví a correrme. Eso le hizo tener un espasmo y se le escapó un chillido. Ahí terminó todo.

Por cierto soy soltero y no tengo pareja. Sí, hay mujeres. Pero de esta forma. No se si me comprendéis.

Autor: Cunengundo

El polvazo de nuestras vidas

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Ana suspiró, al poco la tenía ante mí, totalmente penetrada por el culo, jugué con su clítoris, y ella mostró generosamente cuanto aquello la complacía. Al poco, me incorporé sobre ella… las sujeté firmemente por las tetas y empecé a encularla con gran vigor… ella no paraba de gemir, de gritar… de pedir más y más… y así terminé corriéndome salvajemente en su ano.
Mi nombre Jordi, tengo 33 años y vivo en Barcelona. Soy lector habitual de la sección de relatos eróticos de esta página y hoy me he decidido a escribir sobre la aventura sexual más apasionada y salvaje que yo haya vivido jamás. Todo lo que voy a escribir es real.

Trabajo en una oficina de una pequeña empresa en Barcelona, y durante el mes de agosto, transcurrieron dos semanas en las que yo era el único que acudía a mi trabajo, el resto de compañeros se hallaban disfrutando de unas merecidas vacaciones.

Cada mañana nuestra primera actividad consiste en bajar al Bar de la esquina a desayunar… yo, aunque en solitario, seguí practicando nuestra sana costumbre… pero tuve que cambiar de Bar, ya que nuestro local habitual, había cerrado también por vacaciones. Así es que entré en mi nuevo Bar y me senté en una mesa a ojear, despreocupadamente, la prensa diaria. Esa mañana era yo el único cliente.

No había mucho trabajo, así que no era urgente el volver apresuradamente a la oficina. Entró una mujer. ¡Dos clientes!… Sin poder evitarlo, sin más, empecé a seguirla con la mirada, era el tipo de mujer que sin que uno sepa muy bien porque, despierta sus más recónditos y atávicos instintos, y ahora recuerdo que desde el primer momento en que la vi, solo una palabra recorría mi cabeza: “sexo”.

Primeramente se dirigió hacia la barra, de espaldas a mí, con lo cual pude devorarla con la mirada, sin miedo a ser descubierto. Calzaba zapatos blancos de tacón, acabados en una larga punta. Vestía unos pantalones tejanos, que debo decir, le dibujaban un trasero espléndido, y añado, que ella también sabía moverlo muy bien. En la parte de arriba un jersey fino de color negro, bastante ceñido. Su cabello era rizado de color castaño con mechas más claras. Pidió en la barra, se volvió y vino a sentarse en una mesa justo enfrente de la mía. Ahora si podía ser descubierto, pero sinceramente, no me importó, volví a estudiar su cuerpo, sus movimientos, realmente ella me excitaba.

Le calculé unos cuarenta años aproximadamente, eso sí, muy bien llevados, pero tenía esa cara de mujer experimentada en la vida, que al menos a mí, me da mucho morbo. Ojos despiertos y mirada, diría yo, divertida, alegre, de mujer desenfadada. Tez morena, marcadamente bronceada. Llamaron también poderosísimamente mi atención sus pechos. Eran de un tamaño bastante considerable, muy bien puestos para su edad, alzados, y tal como he dicho antes llevaba un jersey ceñido, sin sujetador, que le marcaba notoriamente los pezones. Os digo, que me puse tieso en ese mismo instante.

Hago un inciso para deciros sobre mí, que aunque más joven, he vivido lo mío, estoy rodado vaya, curtido, y leo bastante bien entre líneas. Tengo novia aunque actualmente reside en el extranjero y nos vemos unos pocos días cada dos meses. Soy de carácter abierto, bastante seguro, decidido, afable, simpático, es fácil entablar conversación conmigo y físicamente normal, no muy alto, de complexión fuerte, me gusta mucho practicar deporte. Cara de bueno y ojos claros…

Así es, que ella se sentó delante de mí, de lado, ofreciéndome enteramente su exquisito perfil. Contemplé, disfruté, de sus zapatos de tacón, de sus piernas, de sus pechos, de sus erguidos pezones, de sus finas manos…A esas alturas ella ya se había percatado de que había llamado mi atención, y yo de que ella me había fichado. El camarero le sirvió un zumo de frutas y se retiró.

Sin más ella se dirigió a mí, para comentarme lo vacía que estaba la ciudad y la poca gente que quedábamos en el centro, rápidamente entablamos animada conversación. Hablamos de vacaciones, de trabajo … en media hora ya sabía cómo se llamaba, que era divorciada, tenía 42 años, estaba de vacaciones, pero en dos días se iba de viaje a la islas con una amiga, tenía un hijo de 15, que estaba veraneando con su ex-marido. Debo admitir que a medida que me iba hablando, los ecos de la palabra “sexo” iban resonando a lo largo y ancho de mi cabeza, y de que me costaba horrores no desviar mi mirada hacia sus atributos delanteros. Ella lo sabía. Yo le conté que estaba trabajando, que era el único esos días en mi oficina, y que mis vacaciones debían esperar hasta setiembre.

Ella, a la que llamaremos Ana, me escuchaba con atención, sabiéndose excitante y sensual. Me siguió el hilo, así que a esas alturas ya ambos sabíamos que es lo que había. Yo me hallaba completamente erecto, el problema iba a ser mío a la hora de levantarme, por suerte, mi camisa estaba por fuera del pantalón.

Le pregunté sobre sus planes para el día, y vi claramente que no tenía mucho que hacer, o al menos, nada que no pudiera hacerse en otro momento. Así que me decidí a atacar, educado, correcto, pero decidido…

- Ana, sabes perfectamente que desde que has entrado en el Bar, no he podido dejar de mirarte. – Sí, lo sé. ¿Te gusto? – Sabes que sí. Desde el primer momento me has atraído. – Tú también (me confesó)

Pedí la cuenta.

- Acompáñame Ana.- ¿A dónde? – Ven conmigo mujer y sonreí.

…y vino, y yo me la subí a la oficina.

- ¿Seguro que estás solo? Me preguntó ella. – Seguro Ana.

La hice pasar a una sala de reuniones que se haya únicamente amueblada con una mesa redonda y unas pocas sillas.

Me acerqué a ella, en esos momentos, creo que mi erección era patente a todas, todas… la cogí por la cintura y la atraje suavemente hacía mí. No se resistió. En ese momento ya tuvo que notar mi verga, totalmente tiesa… sin más demora bajé mi mano y la posé en su excitante trasero, y volví a atraerla hacía mí… ella estaba tan excitada como yo… busqué su boca con mis labios, y nos besamos, apasionadamente, mezclamos nuestras lenguas. Sin dejar de besarla, empecé a desabrocharle sus pantalones y se los bajé, lucía unas bragas tipo tanga de color negro que dejaba al aire un culo respingón impresionante. Mis manos gozaron de ese culo en toda su amplitud.
- ¿Tienes preservativo? Inquirió ella.

Yo hombre precavido (vale por dos), siempre llevo uno en la cartera. Empecé a juguetear con ella. Ana estaba completamente mojada, tan excitada o más que yo.

Le acaricié los labios de su vagina, y mis manos se deslizaron, por debajo de su ceñido jersey, hacia sus más que deseadas tetas, comencé a pellizcarle suavemente esos pezones, que en esos momentos se encontraban izados, duros, tiesos. Me entretuve largamente sobando esos hermosos pechos, ella no paraba de gemir, suspirar y jadear suavemente.

La imagen era la siguiente, Ana de pie con las manos apoyadas en la mesa, con los zapatos de tacón puestos, los pantalones bajados, el tanga en su sitio, ligeramente ladeado, el jersey levantado en su parte delantera, mostrando sus dos generosas tetas con sus más que ardientes pezones, la espalda arqueada, sus ojos entrecerrados, y su boca jadeante, suplicante. La chupé y la sobé sin tregua, las tetas, el trasero, el ano, las piernas, su vagina, introduciendo mi lengua hasta lo más profundo, jugando, mordisqueando su clítoris.

- Hazme lo que quieras me susurró.

Esa simple frase, nos hizo entrar en una segunda fase de nuestro polvo. Vi claramente el tipo de juego al que quería jugar. Ana deseaba fervientemente, que yo pasara a ser el claro dominador. Entendí el mensaje… y el juego siguió…

La tomé por los cabellos y la arrodillé. Ella no hizo ademán de resistencia en ningún momento.
- Chúpamela, Ana.

Escuché, un simple ‘Sí’, que repitió varias veces con la respiración entrecortada, mientras con su lengua recorría mis huevos, cogí mi verga con las manos y la introduje entre sus labios. La aceptó con patente excitación, placer y ansia.

Empezó a mamármela muy enérgicamente. Reconozco que es algo que me da mucho morbo hacer, sujetar a mi compañera por los cabellos, y empujar su cabeza hacia mi pene, follarle fuertemente su boca y no permitir que se zafe de mis movimientos. Así lo hice con Ana, y eso a ella también la excitó. Me ponía a mil, contemplar su cara, que a su vez, me miraba viciosa, mientras, hambrienta, me la comía. Fue una mamada maravillosa, pero no permití que terminara…

Saqué mi pene de entre sus labios, y la ayudé a levantarse, la situé exactamente en la misma posición, en pie, apoyada con las manos en la mesa, deslicé su tanga hacia abajo, y empecé a lamer, a chupar, a comerla entera, entre las piernas, el culo, su ano, su vagina estaba completamente mojada, chorreaba… y Ana no paraba de gemir, de jadear… de forma ahora, bastante, bastante escandalosa…

- Te voy a penetrar.

Entre gemido y jadeo, me pareció escuchar un ‘Por favor’, así es que lo más rápidamente que pude, me coloqué el condón… y me situé detrás de Ana. Mi polla estaba tiesa y dura como un bastón, la tengo bastante gruesa, pero Ana estaba muy dilatada por la excitación y la penetré de un solo y enérgico empujón… ¡Como gimió!

Empecé a bombear muy fuerte, muy rápido, Ana no paraba de gemir, cada vez más fuerte, me pedía más y más, yo deslizaba mis manos hacia sus pechos y mientras me la follaba, no paraba de sobarle las tetas y pellizcar sus pezones, estábamos ambos disfrutando, sin duda, de un polvo increíble.

En la cima de la excitación, introduje un dedo suavemente en su ano. Observé que eso aumentó sus gemidos, así es que seguí jugando con su hermoso culo…

A ella la excitaba aquello, si cabe todavía más, cada vez que metía un dedo en su ano, gemía y jadeaba más… no era un ano virgen, eso me pareció claro, así es que le saqué mi pene, y sin dejar a que terminara un suspiro de frustración, de desesperación, apunté con mi glande hacia su ano, ella lejos de resistirse, se dejó ir completamente sobre la mesa, y con ambas manos se abrió las nalgas.

Eso ya me puso frenético, aunque intenté frenar mi acometida para no dañarla. Después de un par de intentos fallidos, penetré con mi glande extremamente duro, su ano.

Ana suspiró, pero no mostraba signos de dolor, empujé de nuevo, al poco la tenía ante mí, totalmente penetrada por el culo, y yo empujaba con movimientos lentos y rítmicos… pero aquello funcionaba de maravilla…

Así es que poco a poco, mi ritmo se acrecentó, mientras la enculaba, jugué con su clítoris, y ella mostró generosamente cuanto aquello la complacía. Al poco, me incorporé sobre ella… las sujeté firmemente por las tetas y empecé a encularla con gran vigor… ella no paraba de gemir, de gritar… de pedir más y más… y así terminé corriéndome salvajemente en su ano.

En nuestra breve conversación posterior, ambos admitimos, que había sido el polvo de nuestras vidas.
Al rato, nos despedimos sin más, de eso hace dos semanas, y no he vuelto a saber nada más de ella.

Autor: KdS

Luis y yo I

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Sentía como esa vara de carne se abría paso dentro de mí y me partía de dolor. Aguanta un poco me dijo. Llegó hasta el fondo y su cuerpo se apoyó en el mío. Apreciaba su pecho velludo apoyarse en mi espalda y sus labios junto a mi oído.  El dolor había disminuido mucho convirtiéndose en placer. Le digo: cógeme.  Comenzó a moverse lentamente en un mete y saca, con su pija dura como un garrote.
Conocí a Luis en el colegio secundario que era exclusivamente de varones. Al principio nuestra relación era solo de amigos y participábamos de salidas y fiestas con otros amigos. En septiembre de 1970 nos invitaron a pasar el día del estudiante en una quinta donde jugamos al fútbol y nadamos en la pileta.

Al final de la jornada llegó el momento de bañarnos para volver a nuestros hogares. Fue la primera vez que vi desnudo a Luis y me gustó su cuerpo delgado y el color de su piel quemada por el sol y… ese pene colgando junto a sus testículos. Al notar que me miraba, me di vuelta disimulando.

Nada ocurrió esa vez, pero a partir de ese momento se despertaron las mejores fantasías con Luis en mis masturbaciones. Luis es morocho de ojos castaños de 1,80 metros de estatura, delgado con unas piernas musculosas.

Pasaron algunos meses y volvíamos desde el colegio a nuestras casas en el mismo bus ya que vivíamos en el mismo barrio. Durante el viaje Luis abrió una carpeta de matemáticas y me mostró la foto de una pareja donde ella le estaba chupando la enorme pija a un negro. ¿Te gusta? me preguntó, es buena le dije, y agregué: en mi casa tengo algunas revistas pornográficas, ¿quieres verlas? le pregunte. Vamos me respondió.

Mis padres trabajaban hasta tarde en la noche, por lo que yo siempre llegaba primero del colegio y tenía toda la casa a mi disposición. Lo mismo le pasaba a Luis. Fuimos a mi cuarto y en el escritorio empezamos a mirar juntos las revistas. Yo miraba disimuladamente su bulto entre las piernas y veía algo de excitación.

Entre todas las revistas había una de relaciones entre hombres y eso provocó su comentario que cambió nuestra relación a partir de entonces. Me dijo: Yo no tendría problemas en cogerme a un hombre, pero tendría que ser una persona conocida y satisfacerme en todo. A lo que respondí: ¿Quieres hacerlo conmigo? Hubo un silencio y me respondió: si.

Lo tomé de la mano y lo llevé a mi cama. Nos desvestimos y me acosté boca abajo, con las piernas separadas ofreciéndole mi culo.

Él se puso detrás de mí entre mis piernas abiertas y comenzó a pasar la cabeza de su pija por la raya de mi culo. ¿Tienes algo de lubricante? me preguntó. Si, en la mesa de noche. Sacó un poco de lubricante del pote y la puso en mi orto, introduciendo un dedo hasta llegar a mi esfínter. ¿Estás listo? me preguntó. Desvírgame, le contesté.

Metió la cabeza de su pene levemente y al llegar al esfínter hubo un poco de dolor y resistencia. Siguió empujando, metiéndola hasta abrirme totalmente el orto. Sentía como esa vara de carne se abría paso dentro de mí y me partía de dolor. Aguanta un poco me dijo. Llegó hasta el fondo y su cuerpo se apoyó en el mío. Sentía su pecho velludo apoyarse en mi espalda y sus labios junto a mi oído. Me dijo: Quiero que seas mi hembra. A lo que respondí: seré tu putita, todas las veces que quieras.

El dolor había disminuido mucho convirtiéndose en placer. Le digo: cógeme.  Comenzó a moverse lentamente en un mete y saca, con su pija dura como un garrote. Sacaba su cabeza fuera de mi orto y la volvía a meter separando mis glúteos, siempre hasta el fondo.  Con cada embestida sus huevos pegaban contra mis glúteos.

El movimiento era cada vez más rápido y noté que estaba por acabar. Sus gemidos eran cada vez más fuertes y en eso dijo:

-Voy a terminar dentro de ti. -Dámela le dije, quiero toda tu leche.

Su cuerpo se estremeció y acabó con espasmos.  Ahhhh… ahhhh… ahhh… ahhhh… ahhhhhh… ahhh. Con cada eyaculación su pija se agrandaba y volcaba dentro de mí su semen caliente. Fueron como siete veces de tremendo placer para él.

Al acabar, su pene perdió su erección, lo sacó y retirándose hacia un costado se acostó boca arriba junto a mí. Miré su flácido pene reposar y pensé en lo mucho que gozaría de ahora en más.

Creo que me quedé dormido junto a Luis. Me desperté cuando su mano acariciaba mi culo y me decía:

-Quiero más.

Yo todavía estaba muy caliente y quería acabar. Al mirar su pija parada como un obelisco de 20cm x 5 cm. y con Luis boca arriba, me pongo sobre él y comienzo a sentarme sobre su pene duro mirándolo de frente.

Esta vez la introducción fue sin dolor y hasta el fondo. Me dijo:

-Cabalga sobre mi pija, putita. -Soy tu hembra le decía, quiero tu lechita.

Yo subía y bajaba sobre él. Subía y me dejaba caer haciendo que mi orto se abriera cada vez más.
Le decía:

-Quiero tener mi orto abierto con la medida de tu pija.

Fue en aquella oportunidad cuando tuve mi primer orgasmo anal. Acabé sobre su pecho con gran cantidad de leche, y unos segundos después él terminaba otra vez dentro de mí.

Quedamos abrazados un tiempo, agotados, pero felices de haber tenido dos orgasmos juntos.

-Estuvo bueno, ¿no? me dijo. -Es solo el comienzo, le respondí.

Me levanté dándole un beso a su flácida pija. Fui al baño a limpiarme y sentado sobre el inodoro vuelco su “enema de semen”.

Era increíble la cantidad de leche que tenía dentro de mí.

Cuando volví, Luis ya se estaba vistiendo y me dijo: la seguimos otro día, hoy ya es tarde y mañana debemos ir al cole.

Continuará…

AUTOR: Alexis5322

alex-y-luis@hotmail.com

La pasión y el amor son ciegos

Relatos eróticos Marqueze. El Sexo que te gusta leer.



Sentía como esa vara de carne se abría paso dentro de mí y me partía de dolor. Aguanta un poco me dijo. Llegó hasta el fondo y su cuerpo se apoyó en el mío. Apreciaba su pecho velludo apoyarse en mi espalda y sus labios junto a mi oído.  El dolor había disminuido mucho convirtiéndose en placer. Le digo: cógeme.  Comenzó a moverse lentamente en un mete y saca, con su pija dura como un garrote.
Conocí a Luis en el colegio secundario que era exclusivamente de varones. Al principio nuestra relación era solo de amigos y participábamos de salidas y fiestas con otros amigos. En septiembre de 1970 nos invitaron a pasar el día del estudiante en una quinta donde jugamos al fútbol y nadamos en la pileta.

Al final de la jornada llegó el momento de bañarnos para volver a nuestros hogares. Fue la primera vez que vi desnudo a Luis y me gustó su cuerpo delgado y el color de su piel quemada por el sol y… ese pene colgando junto a sus testículos. Al notar que me miraba, me di vuelta disimulando.

Nada ocurrió esa vez, pero a partir de ese momento se despertaron las mejores fantasías con Luis en mis masturbaciones. Luis es morocho de ojos castaños de 1,80 metros de estatura, delgado con unas piernas musculosas.

Pasaron algunos meses y volvíamos desde el colegio a nuestras casas en el mismo bus ya que vivíamos en el mismo barrio. Durante el viaje Luis abrió una carpeta de matemáticas y me mostró la foto de una pareja donde ella le estaba chupando la enorme pija a un negro. ¿Te gusta? me preguntó, es buena le dije, y agregué: en mi casa tengo algunas revistas pornográficas, ¿quieres verlas? le pregunte. Vamos me respondió.

Mis padres trabajaban hasta tarde en la noche, por lo que yo siempre llegaba primero del colegio y tenía toda la casa a mi disposición. Lo mismo le pasaba a Luis. Fuimos a mi cuarto y en el escritorio empezamos a mirar juntos las revistas. Yo miraba disimuladamente su bulto entre las piernas y veía algo de excitación.

Entre todas las revistas había una de relaciones entre hombres y eso provocó su comentario que cambió nuestra relación a partir de entonces. Me dijo: Yo no tendría problemas en cogerme a un hombre, pero tendría que ser una persona conocida y satisfacerme en todo. A lo que respondí: ¿Quieres hacerlo conmigo? Hubo un silencio y me respondió: si.

Lo tomé de la mano y lo llevé a mi cama. Nos desvestimos y me acosté boca abajo, con las piernas separadas ofreciéndole mi culo.

Él se puso detrás de mí entre mis piernas abiertas y comenzó a pasar la cabeza de su pija por la raya de mi culo. ¿Tienes algo de lubricante? me preguntó. Si, en la mesa de noche. Sacó un poco de lubricante del pote y la puso en mi orto, introduciendo un dedo hasta llegar a mi esfínter. ¿Estás listo? me preguntó. Desvírgame, le contesté.

Metió la cabeza de su pene levemente y al llegar al esfínter hubo un poco de dolor y resistencia. Siguió empujando, metiéndola hasta abrirme totalmente el orto. Sentía como esa vara de carne se abría paso dentro de mí y me partía de dolor. Aguanta un poco me dijo. Llegó hasta el fondo y su cuerpo se apoyó en el mío. Sentía su pecho velludo apoyarse en mi espalda y sus labios junto a mi oído. Me dijo: Quiero que seas mi hembra. A lo que respondí: seré tu putita, todas las veces que quieras.

El dolor había disminuido mucho convirtiéndose en placer. Le digo: cógeme.  Comenzó a moverse lentamente en un mete y saca, con su pija dura como un garrote. Sacaba su cabeza fuera de mi orto y la volvía a meter separando mis glúteos, siempre hasta el fondo.  Con cada embestida sus huevos pegaban contra mis glúteos.

El movimiento era cada vez más rápido y noté que estaba por acabar. Sus gemidos eran cada vez más fuertes y en eso dijo:

-Voy a terminar dentro de ti. -Dámela le dije, quiero toda tu leche.

Su cuerpo se estremeció y acabó con espasmos.  Ahhhh… ahhhh… ahhh… ahhhh… ahhhhhh… ahhh. Con cada eyaculación su pija se agrandaba y volcaba dentro de mí su semen caliente. Fueron como siete veces de tremendo placer para él.

Al acabar, su pene perdió su erección, lo sacó y retirándose hacia un costado se acostó boca arriba junto a mí. Miré su flácido pene reposar y pensé en lo mucho que gozaría de ahora en más.

Creo que me quedé dormido junto a Luis. Me desperté cuando su mano acariciaba mi culo y me decía:

-Quiero más.

Yo todavía estaba muy caliente y quería acabar. Al mirar su pija parada como un obelisco de 20cm x 5 cm. y con Luis boca arriba, me pongo sobre él y comienzo a sentarme sobre su pene duro mirándolo de frente.

Esta vez la introducción fue sin dolor y hasta el fondo. Me dijo:

-Cabalga sobre mi pija, putita. -Soy tu hembra le decía, quiero tu lechita.

Yo subía y bajaba sobre él. Subía y me dejaba caer haciendo que mi orto se abriera cada vez más.
Le decía:

-Quiero tener mi orto abierto con la medida de tu pija.

Fue en aquella oportunidad cuando tuve mi primer orgasmo anal. Acabé sobre su pecho con gran cantidad de leche, y unos segundos después él terminaba otra vez dentro de mí.

Quedamos abrazados un tiempo, agotados, pero felices de haber tenido dos orgasmos juntos.

-Estuvo bueno, ¿no? me dijo. -Es solo el comienzo, le respondí.

Me levanté dándole un beso a su flácida pija. Fui al baño a limpiarme y sentado sobre el inodoro vuelco su “enema de semen”.

Era increíble la cantidad de leche que tenía dentro de mí.

Cuando volví, Luis ya se estaba vistiendo y me dijo: la seguimos otro día, hoy ya es tarde y mañana debemos ir al cole.

Continuará…

AUTOR: Alexis5322

alex-y-luis@hotmail.com

Reencuentro

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La follafamosos



Hacía un par de años que no la veía. Pero el día que me la encontré en el puente peatonal a la salida de una estación del Transmilenio (el sistema de transporte masivo en Bogotá), me saludó de tal manera que no parecía que hubiera pasado el tiempo. Me saludó como siempre lo había hecho. No. Me equivoco. No fue como siempre. Fue saludo de beso en la mejilla, pero esta vez fue tan cerca a los labios que fue lo que podríamos llamar un esquinero ¡y qué esquinero!
Hablamos durante unos minutos, intercambiamos números de celular y nos despedimos. Nuevamente, el beso fue “esquineado”.

Seguí mi camino a la oficina con el firme propósito de llamarla en la tarde con dos objetivos claros: comprobar que el número celular que me había dado era el correcto, y el segundo, cuadrar una cita para vernos y reactivar la relación. Sin embargo, ese día estuvo muy atareado. Mi jefe, un hombre muy estricto que no vivía en Bogotá sino en Miami, estaba en la ciudad y ese día por la tarde tenía vuelo de regreso. Como siempre, al final de la jornada, lo llevé al aeropuerto en su carro y luego dejé el vehículo en el garaje de su apartamento.

Al día siguiente, por la mañana, desde la oficina la llamé. Me contestó con voz adormilada. ¡Qué rica la vida de los ricos!, pensé. Mientras yo tenía que trabajar todo el día, ella estaba de descanso. Conversamos un rato mientras ella se terminaba de despertar y convinimos en vernos ese día por la tarde. Como su casa quedaba cerca a mi oficina, ella pasaría por la oficina e iríamos a tomarnos algo mientras nos poníamos al día en los últimos acontecimientos en nuestras respectivas vidas.

Yo la esperaba sobre las 4 y media, pero llegó un poco antes de lo que yo pensaba. Venía hermosa. Aunque Bogotá casi siempre es muy fría, en esa época del año –junio, julio- hacía bastante calor, de manera que ella venía con una minifalda en tela de jean desteñida y una camisetica roja tipo esqueleto muy ceñida que resaltaba su buen cuerpo y montada sobre un par de zapatos de tacón alto; luego me di cuenta que no llevaba medias. Buena señal.

Sin ser una belleza despampanante y tampoco muy alta –mide apenas 1.60-, siempre lograba que la miraran dos veces. Ese día su pelo ensortijado lo llevaba liso y llamaba más la atención.
- ¡Hola! – la saludé con un beso en mejilla; esquineado, desde luego. ¡Sigue, siéntate! Te toca esperarme a que termine lo que estoy haciendo porque me llegaste antes de lo que esperaba.
- No te preocupes – me dijo, con una sonrisita picarona – Me siento aquí juiciosita y espero que termines.
- O.K., no me demoro, entonces – le contesté.

Y se sentó en el “sofá de los aumentos” lo que me hizo esbozar una sonrisa mientras me escondía detrás del monitor de la computadora para que no fuera a creer que me reía de ella. Quedó ubicada de tal manera que mientras continuaba con mi tarea, por el rabillo del ojo podía detallarla mejor. Allí sentada, a pesar de no ser muy alta, las piernas se le veían maravillosas y larguísimas. Como era minifalda, al sentarse se le subió casi ocho o diez centímetros. En otras palabras, escasamente y con dificultades le tapaba los cucos. Cogió una de las revistas que había en la mesilla auxiliar y se concentró en los chismes de farándula.

Cuando por fin terminé, apagué la computadora y me paré de mi escritorio. Cuando me puse de pie, levantó la mirada y preguntó:
- ¿Terminaste?
- Sí, ¡por fin! ¿Me demoré mucho? – le pregunté.
- No, al contrario, te rindió. Me faltan un par de chismes por leer.
- Ah, bueno, entonces termínalos mientras me sirvo un café ¿quieres?
- ¿Café? Sí, bueno, muchas gracias.

Traje las dos tazas de café y la azucarera, deposité la bandeja en la mesilla y me senté a su lado, casi tocando su pierna izquierda con mi rodilla derecha.
- ¿Cuánta azúcar? – le pregunté.
- Una, pequeña, gracias. – me respondió sin levantar la vista de su entretenida lectura de chismes.

Le preparé el café asegurándome que le quedara bien revuelto. Al mío no le puse azúcar porque lo tomo sin dulce. Tiene mejor sabor y es más estimulante, aunque en esos momentos no necesitaba mucho estímulo. La sola visión de sus maravillosos pechos como luchando por liberarse del sostén y la camisetica, pero sobre todo, la erótica visión del medallón escondiéndose entre sus senos, me tenía ya con bastante adrenalina corriendo por mi cuerpo.
- Aquí tienes – le dije mientras le acercaba la taza de café.
- ¡Gracias! – respondió alegremente, mientras dejaba la revista de lado y tomaba la taza y el plato con ambas manos.

Bebimos café y conversamos por un buen rato. Poco a poco y rapándonos la palabra nos dimos a la tarea de ponernos al día en los acontecimientos ocurridos en el tiempo que no nos habíamos visto. Desde luego hubo risas, carcajadas, “inocentes” toques de mano en el antebrazo, la mano o la rodilla del otro y momentos de silencio sonriente mirándonos fijamente a los ojos.

Como era de esperarse, la conversación derivó hacia temas más íntimos. Le conté que yo me había separado de mi esposa hacía casi dos años, lo que pareció alegrarla, y ella me contó que había terminado con su novio hacía un par de meses, lo que evidentemente me alegró a mí.

Seguimos con los temas cada vez más íntimos, lo que necesariamente llevó a que los “inocentes” toques fueran más seguidos y más prolongados. Hasta que hubo una anécdota que nos hizo reír mucho a ambos; tanto que nuestras caras quedaron muy cera una de la otra. Tanto que sin pensarlo me acerqué y la besé suavemente en los labios. Ella reaccionó positivamente. Abrió levemente su boca y me permitió explorarla con mi lengua. Primero con cautela y luego, cuando ella hizo lo mismo, con mayor osadía. Nuestras manos empezaron a explorarnos al igual que nuestras lenguas: primero con cautela, casi con timidez y luego con un deseo irrefrenable de palpar, de conocer con los dedos como lo haría un ciego.

Por la posición en el sofá, mi mano derecha llegó a su nuca y me permitió tomarle la cabeza manteniéndola pegada a mí. Entretanto, con la mano izquierda empecé a explorar sus piernas. Primero sus suaves rodillas y luego sus maravillosos muslos. Poco a poco fui subiendo hasta llegar al borde de su falda y seguí adelante. Primero me dirigí a su cadera derecha y luego me fui al centro. Toqué sus cucos de tanguita y estaba empapada. Eso me puso a mil. Desde luego, para ese momento, mi pene estaba ya bien crecido y pidiendo libertad. Como si lo supiera, ella llevó su mano hasta mi bulto y exhaló un pequeño suspiro cuando lo sintió. No se si porque la sorprendió o la decepcionó el tamaño y la dureza. Ya sabría cuál habría la razón.

Cuando mi mano llegó a su tanguita, ella, como sin querer, casi imperceptiblemente, abrió lentamente las piernas y arqueó hacia adelante sus caderas. Era evidente que quería que continuara.”¡Vamos bien!” pensé. Y seguí adelante. Inicialmente la acaricié por encima de la tanguita, pero al sentir que se arqueaba, fui más audaz y metí mis dedos detrás de la tela de los cucos. Estaba depilada por completo. Busqué y encontré sus labios. Primero los exteriores y luego los interiores. Estaba empapada. No tardé en encontrar su clítoris y cuando lo toqué estaba palpitante. El roce le hizo dar un respingo.
- Perdón, ¿te hice daño? – le pregunté, mientras retiraba la mano.
- No – jadeó – sigue – me exigió. Luego me enteraría que esa parte de su cuerpo es especialmente sensible y que con solo tocarla en un momento de excitación le hace sentir corrientazos por todo el cuerpo.

Continué con mi tarea haciéndola brincar varias veces por los espasmos. A la vez, ella refregaba mi pene por sobre la ropa cada vez con mayor fuerza. Me tenía a mil. Las huevas me estaban empezando a doler por la excitación. Saqué mi mano de bajo su falda, medio me incorporé en el sofá, y sin dejar de besarla en la boca, el cuello y las orejas, también la enderecé un poco para poder utilizar mi otra mano. De esta manera, con una mano ataqué su entrepierna y con la otra fui directo a sus senos. Primero por encima de la blusa y luego por debajo de ella. Subí la mano y toqué sus pechos. Estaban duros. Deliciosos. Los pezones parecían un botón deseando ser oprimidos. Retiré como pude el brasier y sus maravillosas tetas quedaron en mi mano.

Cuando sintió el contacto se agitó un poco, y en respuesta, con sus manos buscó mi bragueta, la abrió y metió la mano. Primero se agarró a mi pene por sobre el calzoncillo pero rápidamente metió la mano más adentro y agarró mi pene con sus ágiles dedos y comenzó a masajearlo con destreza.
- Quiero chupártelo – me dijo jadeando.
- ¡Adelante, es todo tuyo! – le respondí encantado.
- Párate – me ordenó.
Yo me puse de pie delante de ella y saqué mi pene que de inmediato le apuntó directo a la cara. Ella lo miró golosa, con lujuria, soltó mi cinturón y terminó de abrirme el pantalón que se escurrió y cayó al suelo. Cuando el celular que estaba en un estuche del cinturón golpeó el suelo, se sobresaltó.
- Oye ¿y si alguien nos encuentra? – me preguntó alarmada, agarrando mi pene con una mano y las bolas con la otra.
- No te preocupes – la tranquilicé. Como el jefe, que es tan estricto, viajó ayer y hoy es viernes, les di la tarde libre para que se relajen.
- ¡Muy conveniente! – me dijo sonriendo y metiéndose mi pene en la boca.
No le pude responder. Su forma de chupármelo me dejó sin habla. Escasamente podía respirar entrecortadamente. “¡Carajo! ¡Es una mamadora espectacular!”, pensé. Nunca nadie me lo había mamado en esa forma. Su mano subía y bajaba mientras ella se entretenía con el glande. Lo lamía, lo chupaba y lo succionaba. Lo soltaba y recorría todo el palo con su lengua. Chupaba mis huevas y con su mano acariciaba mi periné. Con la otra mano, me agarraba la nalga y la estrujaba mientras trabajaba con su boca. Sus suaves gemidos me indicaban que se lo estaba gozando. ¡Y yo sí que lo estaba gozando!

Después de casi quince minutos de chuparme y acariciarme el pene y las bolas por todos los lados, como si nunca hubiera visto uno, se dio cuenta que yo estaba a punto de llegar, de manera que se lo sacó de la boca y se puso de pie. Me besó como queriéndome arrancar los dientes. Como si quisiera asegurarse que yo me diera perfecta cuenta que era esa la boca que había estado chupando, lamiendo y succionando mi verga durante un cuanto de hora.
Entretanto, mis manos se metieron debajo de su falda. La tanguita era un hilo dental que dejaba completamente libres sus deliciosas nalgas, las cuales me dediqué a acariciar con fuerza. Luego, mientras una mano se encargaba de ese culo maravilloso, la otra se fue directa a su cuquita que estaba absolutamente empapada. Mientras con una mano me encargaba de su clítoris y su empapada cuca, con la otra busqué y encontré su ojete. Cuando sintió que mis dedos se encargaban de sus huecos se estremeció.
- Métemelo, por favor – rogó jadeante. Quiero que me lo metas…
Me agaché y con las dos manos le quité la tanguita. Aproveché la ocasión para devolverle el favor y mi lengua se dirigió como un misil hacia su cuca. Estaba deliciosa. Húmeda. Con un sabor particular que no había probado en ninguna cuca. Estuve entretenido en su concha unos cinco minutos.
- ¡No aguanto más! – dijo casi gritando. ¡Métemelo o te lo arranco!
- Recuéstate – le dije.

Y se acostó en el sofá con sus piernas abiertas, la falda alrededor de la cintura y la blusita a manera de bufanda. Los ojos vidriosos y las pupilas dilatadas. La visión era maravillosa. La cuca húmeda y las tetas sonrosadas por mis apretones.

Me incliné, y guiando mi pene con una mano, acerqué la cabeza a su cuca, golpeándole los labios externos como quien toca a una puerta pidiendo entrar.
- Adelante, ¡mételo! – ordenó.
Y empecé a meterlo despacio, con cuidado. Ella jadeaba y pedía: “¡Hasta el fondo! ¡Quiero sentirte!” De manera que me dejé ir de un solo jalón y se lo metí hasta la empuñadura.
- ¡Aaaahhhhhh! – gritó, como si le faltara la respiración.

Empecé mi movimiento de mete y saca y rápidamente ella se empezó a mover al compás. Podía sentir las paredes de su vagina en la punta de mi pene. Estaba absolutamente encharcada. Era una delicia. Para no venirme tan pronto, alterné el ritmo varias veces. Ahora rápido, ahora lento. Eso la enloqueció, y si no estoy mal, con el sistemita logré que se viniera unas dos o tres veces.

De pronto sentí que me venía y caí en cuenta que en el afán no me había puesto el condón y se lo dije mientras me retiraba.

Se quitó rápidamente la falda y me dijo:
- Sigue, y cuando vayas a llegar me lo echas en las tetas.
- Vale – le dije por toda respuesta, y la volví a penetrar.

Esta vez el ritmo fue frenético. Le di como loco mientras ella gemía y gritaba con cada embestida. Cuando sentí que me venía, lo saqué, ella lo agarró y terminó de pajearme mientras yo eyaculaba sobre sus tetas y su vientre plano. Hacía años no eyaculaba de esa manera. A ella, eso la excitó tanto que volvió a tener un gran orgasmo, me dijo después.

Cuando terminé, me la volvió a chupar hasta que me la dejó limpia por completo.

- Delicioso – fue todo lo que dijo, mientras se fue para el baño con paso inseguro. Voy a limpiarme. Ya vengo.

Cuando regresó cinco minutos después, yo ya me había vuelto a vestir y estaba arreglando el escritorio para marcharnos. Al fin de cuentas, era viernes y la noche era joven. Ella ya se había vuelto a acomodar la blusa, el sostén y la falda.
- ¿Mis cucos? – preguntó.
- Ya no son tuyos. Ahora me pertenecen y los voy a guardar de recuerdo. – le contesté.
- ¿Cómo? – me preguntó entre sorprendida y cómplice.
- Lo que oíste – le respondí tratando de hacerme el serio y no mirarla para no reírme.
- Muy bien. No hay problema me dijo – evidentemente divertida por la situación. Pero para que te los ganes con merecimientos, me vas a llevar a un sitio a comer, luego a bailar y por último a terminar lo que empezamos aquí ¿estamos?
- O sea, las tres erres – le dije.
- ¿Las tres erres? – preguntó intrigada.
- Rumba, Restaurante, Residencia – le respondí sin inmutarme. Solo que la residencia será la mía, es decir, mi apartamento, ¿te parece?
- Me parece – me respondió, evidentemente complacida por la perspectiva del viernes que le esperaba, cuando sonó su celular.
- Dame un minuto – me dijo mientras cogía el celular y me daba la espalda. Hola, mamá ¿Cómo estás? Sí señora, todavía estoy con Mariana y posiblemente me demoro porque tiene unos primos que llegaron de visita al país y quieren que los llevemos a conocer la ciudad. Sí, mamá, son gente seria y decente. No mamá, son casados y vinieron con las esposas. Vamos a ir los seis. No se, mami. A lo mejor terminemos tomándonos unos tragos en el Atlantis. Sí, mamá el Atlantis, el centro comercial de la ochenta y una con doce. Sí, mami. Ese. Donde compramos tus carteras. Bueno. O.K., mami yo te aviso. Pero no me esperes despierta. Si nos demoramos mucho, me quedo donde Mariana. No, no. No te preocupes. Los primos se están quedando en un hotel. Yo me quedo con Mariana en el diván del estudio. O.K. má. Te llamo. Chao. Besos.
Yo no le había perdido detalle mientras hablaba. La espalda era perfecta y el culo respingón. El pelo, ahora liso, le llegaba a mitad de la espalda y le confería un aspecto súper sexi. Cuando terminó, se volteó y me miro interrogante:
- ¿Qué? ¿Qué tengo? – preguntó mirándose las piernas y alisándose la falda.
- Nada, solo te admiraba. – le respondí. Admiraba tu cuerpazo y la forma tan extraordinaria como manejaste a tu mamá. ¡Mis respetos!
- Ja, ja, ja, ja – se carcajeó. ¡Tocaba! Primero, porque mi adorada madre es muy conservadora y retrógrada y todavía te odia, y segundo, porque luego de lo que pasó aquí, no te me escapas. Así que, caballero, a cumplir lo prometido – me dijo mientras me besaba en la boca y me volvía a agarrar el bulto que empezaba a recuperarse.
- O.K., señorita. Vamos. – le respondí, y salimos de la oficina decididos a tener el mejor viernes que hubiéramos podido tener en años.
Y lo fue. Pero lo que ocurrió esa noche, y el sábado por la mañana será tema de otro capítulo.
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