Relatos eróticos Marqueze. El Sexo que te gusta leer.

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El mejor amigo de mi hijo

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Hetero, maduras, sodomización-primera vez. Una mujer divorciada y profesora de gimnasia encuentra un excelente amante en el mejor amigo de su hijo.

Esta historia ocurrió en diciembre del 2000, cuando empezaron las vacaciones escolares.

Yo soy una mujer divorciada, de 35 años, mido 1.75, catira, de ojos verdes, soy instructora de spinning del gimnasio donde trabajo, lo que para mi suerte me mantiene con muy buen cuerpo, soy de pechos grandes y firmes, piernas duras y bien formadas, delgada y tengo un buen trasero, firme y duro.

Vivo en un apartamento pequeño (que consta de 2 cuartos, 1 baño, sala-comedor y la cocina) con mi hijo Alejandro, un joven de 17 años que cursa el último año del colegio.

Al comenzar las vacaciones escolares de diciembre, la mamá de Alfredo un amigo del colegio de mi hijo me preguntó sí Alfre podía quedarse una semana en casa ya que ella y su esposo tenían que asistir a un viaje de negocios y no lo podían llevar ni tenían con quién dejarlo, a lo cual accedí, ya que era el mejor amigo de mi hijo, lo conocía a él y a sus padres desde que entraron al colegio en preescolar y ella y yo éramos muy buenas amigas.

Alfredo llegó a la casa un lunes por la mañana, yo estaba en el gimnasio donde trabajaba hasta el mediodía, cuando llegué, Alfre y Ale ya se habían acomodado en su cuarto que tiene una cama con gaveta y estaban jugando con el play station, les preparé el almuerzo y los llamé para comer, hablamos mientras comíamos y le dije que se sintiera como en su casa, que no tuviera pena con nada y que me pidiera cualquier cosa. A lo que respondió no te preocupes Andre (que es como me dice ya que lleva muchos años conociéndome y es como el hermano que nunca tuvo Ale).

Pasaron 2 días muy bien, los chicos se la pasaban saliendo, jugando y en las noches, a veces los tenía que regañar para que se durmieran ya que hacían mucho ruido y no me dejaban dormir para ir en la mañana al trabajo.

El miércoles, recibí la llamada del papá de Ale, mi ex esposo dándonos la mala noticia que su mamá había muerto y ya le había comprado el pasaje a Alejandro para que se fuera a Madrid para que asistiera al entierro de su abuela, el cual salía ese mismo día en la noche.

Alfredo y yo llevamos a Ale al aeropuerto y después fuimos a ver una película al cine y a comer helados. Cuando llegamos a la casa, le dije a Alfre que no tuviera pena que no estuviera Alejandro que hiciera las mismas cosas que antes.

Me fui a bañar y me puse el camisón para dormir, cuando entré a la habitación donde dormía Alfredo, lo encontré jugando play station sentado en la cama solo con unos bóxer que era la ropa que usaba para dormir me puse a recoger un poco el reguero que dejó Ale por el apuro con que hizo la maleta y a ordenar un poco el cuarto y de pronto noté que Alfredo no me quitaba la vista de encima y claro como tenía el camisón que me queda un poco holgado al agacharme se me veía todo por dentro y como no llevaba sostén me podía ver mi pecho, lo que hizo que me sonrojara y saliera rápido de ahí, con la excusa que iba a llevar la ropa al lavandero. Ya más calmada, pasé otra vez pero solo para darle las buenas noches y al verlo, sin pensarlo me puse a detallarle su cuerpo, que estaba en muy buena forma, ya que asistía con mi hijo a mi gimnasio y jugaban para el equipo del colegio de football (soccer) y natación, lo que los mantenía en buena forma, tenía una espalda ancha y bien definida, al igual que el pecho y buenos brazos, debidos a la natación y piernas muy fuertes por el football, un abdomen en donde se le marcaban sus cuadritos, mide como unos 1.82, ya que es un poquito más alto que mi hijo el cual mide 1.79, de piel bronceada por el sol que agarra en la piscina y de cabello y ojos negros.

Al acostarme no podía conciliar el sueño, ya que no quitaba de la mente la forma en que me miraba y su espectacular cuerpo. Paso más de 1 hora hasta que me dormí.

En la mañana siguiente cuando ya estaba saliendo al gimnasio, salió corriendo del cuarto y me preguntó si se podía ir conmigo ya que Ale no estaba y nos fuimos juntos, al terminar mi clase de spinning, lo encontré en las máquinas y dijo que ya estaba terminando que sólo le faltaba una y lo ayudé a terminar.

Fuimos a la casa

y mientras preparaba el almuerzo, dijo que se iba a bañar y se metió al baño, saliendo sólo en toalla y me preguntó dónde había otro jabón que se había acabado, el cual me tardé en conseguir para apreciar su cuerpo con sólo la toalla que tenía atada a la cintura. Al salir del baño, le dije que me iba a bañar, mientras me quitaba la ropa, él me gritó desde la cocina que olía a quemado y abriendo un poco la puerta del cuarto le di las instrucciones, como había dejado la puerta entre abierta sin querer, pudo ver cómo me terminaba de quitar la ropa del gimnasio y yo al ver que me estaba viendo, me hice la loca y seguí en lo que estaba, después salí con la bata del baño y le dije que iba a entrar a la ducha que estuviera pendiente y me fui al baño. Cuando entré me quité la bata, noté que me estaba espiando por las ventanitas que tiene la puerta del baño y no dije nada, me metí en la ducha y bañé pensando en lo cuanto me gustaba que un joven de 17 años me espiara, me hacía sentir que mi cuerpo todavía era sexy, al finalizar, abrí la cortina de la ducha y me puse a escurrirme el agua y a peinarme para que tuviera tiempo de verme bien y me sequé muy sensualmente, me puse la bata, lo que le dio tiempo de irse a la cocina y salí a ver cómo estaba la comida, noté que tenía un bulto en su bóxer que podía disimular y disimuladamente me aflojé la bata un poco para que se me abriera al inclinarme y permitirle ver un poco más, eso me estaba calentando y me fui a vestir, me puse un short de los que uso en la casa pero busqué los que me quedaran más apretados y una camiseta sin sostén claro está para estar cómoda y darle el gusto a mí huésped. Comimos y después me ayudó a recoger la mesa y mirarme cada vez que me agachaba lo cual hacía con mucha frecuencia para que me viera Alfre. Al terminar tuve que salir un momento a hacer unas diligencias y cuando regresé, noté que había revisado el cajón de mi ropa interior, ya que lo encontré algo revuelto y eso es algo que acostumbro tener muy ordenado y vi que la tanga hilo dental que había usado para ir al gimnasio, tenía restos de semen lo que me llevó a la conclusión de que se había masturbado con ellas, lo que me calentó al máximo y me llevó a ingeniar un plan.

En la noche había alquilado una película para verla y le pregunté si la quería ver que viniera a mi cuarto donde estaba el VHS, yo me encontraba acostada de mi lado y él se sentó en el piso y yo le dije que no le diera pena y subiera a la cama y se sentó en la esquinita, después de un rato, le dije si quería ponerse más cómodo se recostara a lo que accedió. Al terminar la película hice movimientos de molestias en mi cuello y dije en voz alta ¡qué lástima que no está Ale para que me dé unos masajes!. Y le pregunté: ¿Tú sabes dar masajes en el cuello?. Me dijo no debe de ser muy difícil, pero nunca lo he hecho. Deja la pena y dame uno por favor, se situó detrás de mí y comenzó con los masajes, me bajé los tirantes del camisón un poco para que estuviera más cómodo y busqué una crema que tengo que tiene un olor muy rico y sensual, terminó el masaje, se despidió y se fue a dormir. Ahí me quedé pensando que mi plan no había dado resultado, el muchacho no era lanzado como yo creía y tenía que facilitarle las cosas un poco.

El viernes en la mañana no pasó nada interesante, fuimos al gimnasio y después de comer le dije que iba a salir y que llegaría un poco tarde ya que iba al cumpleaños de una amiga, estuve un rato en la fiesta y como a las 12 de la noche regresé a la casa. Él estaba despierto viendo una película en su cuarto y al sentirme salió a saludarme, yo había tomado un poco y estaba medio alegre (eso era parte de mi nuevo plan para tener un poco de iniciativa) pero cuando lo vi, me hice que estaba más borracha de lo que en realidad estaba y tambaleando, me senté en el sofá, él preguntó si estaba bien y le dije que sólo un poquito pasada de palos, que me disculpara y él sonrió, me hice la dormida por unos minutos, dejando un ojo medio abierto pero sin que se diera cuenta y él aprovechó para verme un poco, yo estaba con una minifalda de cuero muy corta

y que me quedaba muy ajustada y una camisa que tenía un gran escote en la espalda, lo que ocasionó que no me pusiera sostén. Disimuladamente me recosté para un lado abriendo un poco mis piernas y él no me quitaba la vista de encima, ya que se me veía todo, en eso me desperté y le dije que me ayudara a ir a mi cuarto, me dejó sentada en la cama y se fue cerrando la puerta pero por supuesto no por completo, me quité la camisa y la falda y me puse la ropa de dormir más sexy que tenía, él no dejaba de verme por entre la puerta y me tiré en la cama haciéndome la dormida nuevamente, sin arroparme ni apagar la luz, a los 5 minutos, sentí que entró y me habló para ver si estaba despierta, como no le respondí, supuso lo contrario. Ahí estaba él contemplando mi cuerpo tirado en la cama con solo mis diminutas tangas blancas y mi pijama blanca sexy de encajes, que dejaba ver mi pecho a través de ella. Me moví un poco lo que ocasionó que saliera una de mis tetas de la diminuta pijama y oí un ¡oh! que salió de su boca, me movió un poco y como no desperté se atrevió a tocarme con mucho cuidado mi teta al aire, la acarició con mucho cuidado hasta poner mi pezón duro y parado, luego le dio una chupadita y no aguanté más y gemí lo que hizo que retrocediera, al darse cuenta que seguía dormida, me comenzó a tocar las piernas y como un reflejo se las abrí, ya estaba bastante mojada y cuando me tocó mi concha, no aguanté más y le dije Alfredo quiero que me cojas, dio un brinco de susto que llegó a la puerta del cuarto, le dije no tengas miedo siempre he estado despierta y quiero ésta tanto como lo quieres tú. Me dijo Andre no estabas dormida, le dije no, que también había visto cuando me veía por dentro de la camisa, por la puerta del baño y que ella se ponía la ropa más pequeña y sexy que tenía para provocarte y como que lo logré y sonreí. Me paré y me quité la pijama, quedando en mis tanguitas, lo abracé y le di un largo beso, el cual correspondió metiendo su lengua en mi boca y tocando mis nalgas.

Lo llevé a la cama y lo acosté, lo puse boca arriba con los brazos abiertos y le ordené que no me tocara o besara hasta que le dijera, él me dijo: qué me vas a hacer y le dije que le iba a ser sentir lo mejor del mundo, me dijo que tenía miedo y me confesó que era virgen, y se dejó llevar por mis órdenes. Lo comencé a besar por todo el cuerpo y le restregaba el mío por el suyo, le bajé el bóxer con los dientes y salió de un salto su enorme y grueso pene, lo agarré entre mis manos y lo comencé a masturbar lentamente, él respiraba fuertemente y se retorcía de placer, luego me lo llevé a la boca y lo comencé a lamer, primero la cabeza y bajé hasta el tronco, luego sus bolas y me inspiré en la parte esa de piel que está debajo de las bolas y antes del culo. Cuando estaba en el clímax total me metí todo su miembro y se lo chupé hasta que me descargó toda su cálida leche en mi garganta. Me acosté a su lado y le dije que era su turno.

Comenzó con un beso muy cálido y apasionado, mientras me agarraba las tetas, luego bajó a ellas y las comenzó a lamer y chupar, me las masajeaba y mordisqueaba con mucha dulzura, luego bajó besándome el vientre mientras me quitaba la tanga, dejándome completamente desnuda ante sus ojos, me abrió las piernas al máximo y comenzó a besarme mi mojada y depilada conchita, luego con sus dedos, separó un poco y me metió la lengua y empezó a jugar con mi clítoris a la vez que con un dedo me penetraba, yo ya estaba muy caliente y gemía desesperada, luego metió dos y hasta tres dedos aumentando sus movimientos y a lo que sentí su lengua otra vez dentro de mí me corrí en su boca llenándosela de mis líquidos vaginales.

Esta sensacional chupada que me había dado le provocó una nueva erección, lo que sin pensarlo le pedí que me penetrara que deseaba sentir su enorme pene dentro de mí me quedé acostada con las piernas abiertas y él se acomodó encima y apuntó su enorme y parado miembro a la entrada de mi mojada y caliente conchita y de un empujón me lo metió de una sola vez, lo que provocó un chillido de dolor en mí, ya que tenía muchos meses sin novio y no tenía

relaciones hace mucho tiempo, comenzó lentamente con el mete y saca y el dolor y desapareciendo y se transformaba en gemidos de placer, fue acelerando mientras me chupaba las tetas cuando de repente soltó un grito y se corrió llenando mi concha de su tibia leche que provocó mi inmediato orgasmo, cuando sacó su ya flácida polla se la lamí hasta dejarla bien limpia, pero al ver que con mi limpieza ya se le estaba poniendo dura otra vez, me puse en cuatro patas y le pregunté que si estaba cansado, a lo que respondió empujándome todo su trozo dentro de mi dilatada concha y comenzó con el meneo otra vez, mientras lo hacía, con el dedo medio lleno de saliva, lo comenzó a meter en el hueco de mi virgen culito a lo que le dije que no, pero no me hizo caso y me dijo que quería probar cómo se sentía y yo accedí ante la misma curiosidad, luego de haberlo dilatado un poco, me empezó a meter la cabeza y yo llorando le suplicaba que no, al oír mi llanto, lo excitó más y me empujó otro poco, dejándolo para que se abriera mi estrecho culito, me sujetaba por las caderas mientras yo forcejeaba para que lo sacara y besándome el cachete me metió el resto de una sola embestida produciendo un grito de mi parte por el inmenso dolor que sentía a la vez que se me salían las lágrimas. Cuando me calmé un poco, empezó con su suave movimiento, y empecé a cambiar mis quejidos y llantos por gemidos de placer, lo que le provocó un aumento en la velocidad y mi primer orgasmo gracias a la penetración anal, él mientras agarraba mis tetas bamboleantes por el movimiento cuando noté que incremento su velocidad al máximo y entre nuestros gritos de placer se corrió dentro de mi culito provocándome otro orgasmo sensacional. Quedamos muertos de cansancio y nos quedamos dormidos abrazados.

En la mañana siguiente cuando me desperté, busqué un pote de miel que tenía en la cocina y se lo eché por todo el cuerpo mientras dormía, lo comencé a lamer lo que provocó que se despertara y me hiciera el amor otras dos veces más antes de meternos a bañar juntos para terminar haciéndolo enjabonados en la ducha. Nos desayunamos y fuimos juntos a buscar a mi hijo Alejandro que regresaba a Venezuela.

Cuando llegamos a la casa no perdíamos ninguna oportunidad para besarnos y tocarnos a escondidas de mi hijo, lo cual nos excitaba muchísimo y cuando se metía bañar hacíamos el amor en cualquier sitio del apartamento.

Alfredo sigue siendo el mejor amigo de Ale mi hijo, ahora se queda a dormir con más frecuencia que antes y cada vez que puede se va de viaje con nosotros. Ahora no sólo es el amigo de mi hijo sino que pasó a ser mi amante y compañero sexual.

Espero que les haya gustado mi relato, esto que les conté, no es mentira y es algo real y espero que continúe por mucho tiempo más, para cualquier comentario, favor mandarlo a mi e-mail: andrearenas (arroba) latinmail.com.

Gracias, Andrea.

Una madura muy follable

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La senté frente a mí, con una mano le junté los tobillos y le levanté las piernas, quedando al descubierto su conchita rosada con los labios muy salidos y justo cuando la iba a penetrar preferí hincarme y ante su mirada de entre asombro y lujuria contenida, le di sólo tres lamidas a lo largo de toda la rajita, eso la hizo estremecerse, de pronto se vino sin avisar y sus ojos parecieron juntarse.
Estoy en la oficina y acabo de leer un relato que me recordó una experiencia. Soy periodista, actualmente tengo 22 años, y hace tres, mientras estudiaba la carrera, estuve realizando prácticas profesionales en el área de comunicación social de una dependencia gubernamental; mi jefa, una señora de 36 años que a simple vista parecía de 20, y no porque estuviera bien conservada, sino porque era pequeña de estatura y delgada como un fideo, rubia, apenas pesaba unos 55 kilogramos, y para serles muy franco tiene un par de orejas grandes, los ojos juntos (parece bizca), y unos senitos escurridos… sin embargo es inteligente y tiene buena charla.

Puesto que estudié en una escuela que ella consideraba fenomenal, la relación entre nosotros fue más estrecha a diferencia de los otros practicantes, de hecho todas las cuatro horas que duraba el turno, me la pasaba junto a Queta en su computadora conversando sobre libros, y cosas de ese tipo, mientras ella trabajaba gustosamente.

Terminó el servicio. Intercambiamos números personales y prometimos llamarnos. Pasaron algunos meses y decidí saber de Queta, me invitó a tomar una cerveza en su departamento, fui, platicamos de política mientras sus tres hijas dormían en las habitaciones. Nada fuera de lo normal, pero al momento de despedirnos me dio un beso en los labios, me sorprendió, incluso me dio miedo, vaya que era fea, sin embargo, tuve mucha curiosidad por conocer su cuerpo.

Salí del departamento y me hizo prometerle volver. El suceso me dio risa, pero no podía dejar de pensar en las posibilidades de regresar algún día.

Una noche que andaba con mis amigos echando la copa, no fue novedad que me pusiera hasta la madre de borracho, así que el valor del alcohol me hizo tratar de llevar a la cama a una de las primas de ellos, no se dejó, y sólo me quedé con las bolas muy hinchadas. Alrededor de las 3 de la madrugada, frustrado y caliente, decidí llamar a Queta, adormilada aceptó recibirme. Menos de veinte minutos y ya estaba frente a la puerta de su departamento tocando. Me recibió con un pijama bastante feo, camisón largo y pantalón de franela a cuadros. ¿Quieres café?, me dijo, asentí con la cabeza (que me daba muchas vueltas), y la miré en la cocina desde el recibidor, respiré profundo y me decidí.

Mientras llenaba la cafetera de agua, llegué por detrás, y sin pedirle permiso comencé a acariciarle los senos flácidos, pero sabrosísimos por debajo del camisón. Queta trató de zafarse ante la inminente sorpresa, pero al sentir mi verga dura que comencé a frotar en sus diminutas nalgas, mejor se dio vuelta y comenzamos a besarnos al estilo porno, sólo con lengua. No pesaba nada, yo soy muy alto y levanto pesas, así que con un solo brazo la cargué prensada a mí, y con el otro le bajé la parte inferior del pijama con todo y tanga blanca que vestía esa noche. La senté en la estufa y ella me bajó el zipper del pantalón, le presenté a la señora verga, y cuando me disponía a metérsela, me pidió lubricarla para que no le doliera tanto.

Entonces se hincó frente a mí y apenas pudo entrarle un cuarto de verga en la boca, le dije que me lastimaba con los dientes y se disculpó como si hubiera llegado tarde a una entrevista con algún funcionario, me reí y se la volví a meter. Tuvo que usar su lengua para mojarla toda. Entonces decidí cargarla y al aire, como un balero haciendo capirucho, se la metí en la concha y se resbaló como en agua. Me abrazó con fuerza mientras mordía los labios para no gritar, puesto que sus hijas estaban dormidas.

Soy fuerte, pero no soy Sansón, así que regresamos al comedor, ella aún con el palo adentro, y me senté en una silla, entonces la volteé con facilidad debido a su tamaño e intenté dejarle ir el pito por el chimuelo (para los menos vulgares), por el ano, pero me resultó difícil y aunque la estaba lastimando, no dijo nada, así que mejor desistí y la llevé al sillón individual, donde la senté frente a mí, con una mano le junté los tobillos y le levanté las piernas, quedando al descubierto su conchita rosada con los labios muy salidos, y justo cuando la iba a penetrar preferí hincarme y ante su mirada de entre asombro y lujuria contenida, le di sólo tres lamidas a lo largo de toda la rajita, eso la hizo estremecerse.

Comencé de nuevo la embestida, lo que me encanta de cogérmela es que se le va hasta adentro sin oponer resistencia, mientras veía su cara nada agraciada y con más fuerza se la metía, ella sólo susurraba sus gemidos, de pronto se vino sin avisar y sus ojos parecieron juntarse más, el apretón que le dio a mi verga cuando arqueó la espalda me excitó tanto que también quise hacerlo, ella lo notó y me pidió hacerlo adentro ya que no tenía matriz.

Debió sentir el chisguete dentro de su árido vientre, puesto que hizo un gesto de alivio y aún con las piernas arriba y juntas, me comenzó a frotar la parte trasera de las piernas. El orgasmo fue muy placentero, acto seguido comenzó a darme vueltas la cabeza otra vez. Queta corrió a vestirse y me trajo una taza de café.

Desde aquella madrugada voy a verla cada vez que ando borracho, hemos hecho de todo, pero siempre en silencio porque nunca estamos solos. Moraleja, no importa la cara ni las tetas, sino lo rico que les resbale la verga…

El polvazo de nuestras vidas

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Ana suspiró, al poco la tenía ante mí, totalmente penetrada por el culo, jugué con su clítoris, y ella mostró generosamente cuanto aquello la complacía. Al poco, me incorporé sobre ella… las sujeté firmemente por las tetas y empecé a encularla con gran vigor… ella no paraba de gemir, de gritar… de pedir más y más… y así terminé corriéndome salvajemente en su ano.
Mi nombre Jordi, tengo 33 años y vivo en Barcelona. Soy lector habitual de la sección de relatos eróticos de esta página y hoy me he decidido a escribir sobre la aventura sexual más apasionada y salvaje que yo haya vivido jamás. Todo lo que voy a escribir es real.

Trabajo en una oficina de una pequeña empresa en Barcelona, y durante el mes de agosto, transcurrieron dos semanas en las que yo era el único que acudía a mi trabajo, el resto de compañeros se hallaban disfrutando de unas merecidas vacaciones.

Cada mañana nuestra primera actividad consiste en bajar al Bar de la esquina a desayunar… yo, aunque en solitario, seguí practicando nuestra sana costumbre… pero tuve que cambiar de Bar, ya que nuestro local habitual, había cerrado también por vacaciones. Así es que entré en mi nuevo Bar y me senté en una mesa a ojear, despreocupadamente, la prensa diaria. Esa mañana era yo el único cliente.

No había mucho trabajo, así que no era urgente el volver apresuradamente a la oficina. Entró una mujer. ¡Dos clientes!… Sin poder evitarlo, sin más, empecé a seguirla con la mirada, era el tipo de mujer que sin que uno sepa muy bien porque, despierta sus más recónditos y atávicos instintos, y ahora recuerdo que desde el primer momento en que la vi, solo una palabra recorría mi cabeza: “sexo”.

Primeramente se dirigió hacia la barra, de espaldas a mí, con lo cual pude devorarla con la mirada, sin miedo a ser descubierto. Calzaba zapatos blancos de tacón, acabados en una larga punta. Vestía unos pantalones tejanos, que debo decir, le dibujaban un trasero espléndido, y añado, que ella también sabía moverlo muy bien. En la parte de arriba un jersey fino de color negro, bastante ceñido. Su cabello era rizado de color castaño con mechas más claras. Pidió en la barra, se volvió y vino a sentarse en una mesa justo enfrente de la mía. Ahora si podía ser descubierto, pero sinceramente, no me importó, volví a estudiar su cuerpo, sus movimientos, realmente ella me excitaba.

Le calculé unos cuarenta años aproximadamente, eso sí, muy bien llevados, pero tenía esa cara de mujer experimentada en la vida, que al menos a mí, me da mucho morbo. Ojos despiertos y mirada, diría yo, divertida, alegre, de mujer desenfadada. Tez morena, marcadamente bronceada. Llamaron también poderosísimamente mi atención sus pechos. Eran de un tamaño bastante considerable, muy bien puestos para su edad, alzados, y tal como he dicho antes llevaba un jersey ceñido, sin sujetador, que le marcaba notoriamente los pezones. Os digo, que me puse tieso en ese mismo instante.

Hago un inciso para deciros sobre mí, que aunque más joven, he vivido lo mío, estoy rodado vaya, curtido, y leo bastante bien entre líneas. Tengo novia aunque actualmente reside en el extranjero y nos vemos unos pocos días cada dos meses. Soy de carácter abierto, bastante seguro, decidido, afable, simpático, es fácil entablar conversación conmigo y físicamente normal, no muy alto, de complexión fuerte, me gusta mucho practicar deporte. Cara de bueno y ojos claros…

Así es, que ella se sentó delante de mí, de lado, ofreciéndome enteramente su exquisito perfil. Contemplé, disfruté, de sus zapatos de tacón, de sus piernas, de sus pechos, de sus erguidos pezones, de sus finas manos…A esas alturas ella ya se había percatado de que había llamado mi atención, y yo de que ella me había fichado. El camarero le sirvió un zumo de frutas y se retiró.

Sin más ella se dirigió a mí, para comentarme lo vacía que estaba la ciudad y la poca gente que quedábamos en el centro, rápidamente entablamos animada conversación. Hablamos de vacaciones, de trabajo … en media hora ya sabía cómo se llamaba, que era divorciada, tenía 42 años, estaba de vacaciones, pero en dos días se iba de viaje a la islas con una amiga, tenía un hijo de 15, que estaba veraneando con su ex-marido. Debo admitir que a medida que me iba hablando, los ecos de la palabra “sexo” iban resonando a lo largo y ancho de mi cabeza, y de que me costaba horrores no desviar mi mirada hacia sus atributos delanteros. Ella lo sabía. Yo le conté que estaba trabajando, que era el único esos días en mi oficina, y que mis vacaciones debían esperar hasta setiembre.

Ella, a la que llamaremos Ana, me escuchaba con atención, sabiéndose excitante y sensual. Me siguió el hilo, así que a esas alturas ya ambos sabíamos que es lo que había. Yo me hallaba completamente erecto, el problema iba a ser mío a la hora de levantarme, por suerte, mi camisa estaba por fuera del pantalón.

Le pregunté sobre sus planes para el día, y vi claramente que no tenía mucho que hacer, o al menos, nada que no pudiera hacerse en otro momento. Así que me decidí a atacar, educado, correcto, pero decidido…

- Ana, sabes perfectamente que desde que has entrado en el Bar, no he podido dejar de mirarte. – Sí, lo sé. ¿Te gusto? – Sabes que sí. Desde el primer momento me has atraído. – Tú también (me confesó)

Pedí la cuenta.

- Acompáñame Ana.- ¿A dónde? – Ven conmigo mujer y sonreí.

…y vino, y yo me la subí a la oficina.

- ¿Seguro que estás solo? Me preguntó ella. – Seguro Ana.

La hice pasar a una sala de reuniones que se haya únicamente amueblada con una mesa redonda y unas pocas sillas.

Me acerqué a ella, en esos momentos, creo que mi erección era patente a todas, todas… la cogí por la cintura y la atraje suavemente hacía mí. No se resistió. En ese momento ya tuvo que notar mi verga, totalmente tiesa… sin más demora bajé mi mano y la posé en su excitante trasero, y volví a atraerla hacía mí… ella estaba tan excitada como yo… busqué su boca con mis labios, y nos besamos, apasionadamente, mezclamos nuestras lenguas. Sin dejar de besarla, empecé a desabrocharle sus pantalones y se los bajé, lucía unas bragas tipo tanga de color negro que dejaba al aire un culo respingón impresionante. Mis manos gozaron de ese culo en toda su amplitud.
- ¿Tienes preservativo? Inquirió ella.

Yo hombre precavido (vale por dos), siempre llevo uno en la cartera. Empecé a juguetear con ella. Ana estaba completamente mojada, tan excitada o más que yo.

Le acaricié los labios de su vagina, y mis manos se deslizaron, por debajo de su ceñido jersey, hacia sus más que deseadas tetas, comencé a pellizcarle suavemente esos pezones, que en esos momentos se encontraban izados, duros, tiesos. Me entretuve largamente sobando esos hermosos pechos, ella no paraba de gemir, suspirar y jadear suavemente.

La imagen era la siguiente, Ana de pie con las manos apoyadas en la mesa, con los zapatos de tacón puestos, los pantalones bajados, el tanga en su sitio, ligeramente ladeado, el jersey levantado en su parte delantera, mostrando sus dos generosas tetas con sus más que ardientes pezones, la espalda arqueada, sus ojos entrecerrados, y su boca jadeante, suplicante. La chupé y la sobé sin tregua, las tetas, el trasero, el ano, las piernas, su vagina, introduciendo mi lengua hasta lo más profundo, jugando, mordisqueando su clítoris.

- Hazme lo que quieras me susurró.

Esa simple frase, nos hizo entrar en una segunda fase de nuestro polvo. Vi claramente el tipo de juego al que quería jugar. Ana deseaba fervientemente, que yo pasara a ser el claro dominador. Entendí el mensaje… y el juego siguió…

La tomé por los cabellos y la arrodillé. Ella no hizo ademán de resistencia en ningún momento.
- Chúpamela, Ana.

Escuché, un simple ‘Sí’, que repitió varias veces con la respiración entrecortada, mientras con su lengua recorría mis huevos, cogí mi verga con las manos y la introduje entre sus labios. La aceptó con patente excitación, placer y ansia.

Empezó a mamármela muy enérgicamente. Reconozco que es algo que me da mucho morbo hacer, sujetar a mi compañera por los cabellos, y empujar su cabeza hacia mi pene, follarle fuertemente su boca y no permitir que se zafe de mis movimientos. Así lo hice con Ana, y eso a ella también la excitó. Me ponía a mil, contemplar su cara, que a su vez, me miraba viciosa, mientras, hambrienta, me la comía. Fue una mamada maravillosa, pero no permití que terminara…

Saqué mi pene de entre sus labios, y la ayudé a levantarse, la situé exactamente en la misma posición, en pie, apoyada con las manos en la mesa, deslicé su tanga hacia abajo, y empecé a lamer, a chupar, a comerla entera, entre las piernas, el culo, su ano, su vagina estaba completamente mojada, chorreaba… y Ana no paraba de gemir, de jadear… de forma ahora, bastante, bastante escandalosa…

- Te voy a penetrar.

Entre gemido y jadeo, me pareció escuchar un ‘Por favor’, así es que lo más rápidamente que pude, me coloqué el condón… y me situé detrás de Ana. Mi polla estaba tiesa y dura como un bastón, la tengo bastante gruesa, pero Ana estaba muy dilatada por la excitación y la penetré de un solo y enérgico empujón… ¡Como gimió!

Empecé a bombear muy fuerte, muy rápido, Ana no paraba de gemir, cada vez más fuerte, me pedía más y más, yo deslizaba mis manos hacia sus pechos y mientras me la follaba, no paraba de sobarle las tetas y pellizcar sus pezones, estábamos ambos disfrutando, sin duda, de un polvo increíble.

En la cima de la excitación, introduje un dedo suavemente en su ano. Observé que eso aumentó sus gemidos, así es que seguí jugando con su hermoso culo…

A ella la excitaba aquello, si cabe todavía más, cada vez que metía un dedo en su ano, gemía y jadeaba más… no era un ano virgen, eso me pareció claro, así es que le saqué mi pene, y sin dejar a que terminara un suspiro de frustración, de desesperación, apunté con mi glande hacia su ano, ella lejos de resistirse, se dejó ir completamente sobre la mesa, y con ambas manos se abrió las nalgas.

Eso ya me puso frenético, aunque intenté frenar mi acometida para no dañarla. Después de un par de intentos fallidos, penetré con mi glande extremamente duro, su ano.

Ana suspiró, pero no mostraba signos de dolor, empujé de nuevo, al poco la tenía ante mí, totalmente penetrada por el culo, y yo empujaba con movimientos lentos y rítmicos… pero aquello funcionaba de maravilla…

Así es que poco a poco, mi ritmo se acrecentó, mientras la enculaba, jugué con su clítoris, y ella mostró generosamente cuanto aquello la complacía. Al poco, me incorporé sobre ella… las sujeté firmemente por las tetas y empecé a encularla con gran vigor… ella no paraba de gemir, de gritar… de pedir más y más… y así terminé corriéndome salvajemente en su ano.

En nuestra breve conversación posterior, ambos admitimos, que había sido el polvo de nuestras vidas.
Al rato, nos despedimos sin más, de eso hace dos semanas, y no he vuelto a saber nada más de ella.

Autor: KdS
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