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El chalet del jefe de mi marido

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Chupé su verga una y otra vez, a la vez que él me despojaba de mi parte alta del bikini y liberaba mis pechos. Luego, fue un caballero. Apartó de mi boca su polla y se agachó delante de mí, y me lamió sin descanso. Mordí mis labios, gemí, después de darme placer unos minutos, se levantó y cerró la puerta de la bodeguilla y me despojó de la braga del bikini. Volvió a besarme y lo irremediable llegó.
Mi marido tiene un jefe de lo más original. Cuando se aburre, simplemente se gasta una pasta, organiza una fiesta. Tiene un hermoso chalet a las afueras de Madrid. Le ha costado una pasta. Tiene un montón de millones dentro de el. Objetos de los más variados. Traídos de los lugares más recónditos del mundo. Y no le importa organizar esas fiestas para sus empleados y que ellos mismos campen a sus anchas por su casa. Supongo que no tendrá miedo de que le roben algo, siempre le queda la opción de despedirlos a todos en grupo, si algo le faltara. Organizó una fiesta y como era costumbre, invitó a sus empleados más afines. Mi marido lleva un año en la empresa y no habíamos asistido nunca a esas fiestas de las que tanto se hablaba. Por fin iba a organizar una y nos iba a invitar. Mi marido subía rápido. No era un trepa, pero era muy listo. Su compañero Borja, le había dicho que pasaría a recogernos a nuestra casa a eso de las 9 de la mañana. Nos pareció bien la idea y nos preparamos para no hacerle esperar. Probablemente, pasaríamos la noche en el chalet de su jefe, con lo cual preparé una maleta pequeña con una muda y unos pijamas.

Borja pasó a las nueve en punto. Borja no está casado. Borja no tiene novia. Borja es simpático. Borja es guapote y tiene buen tipo. Borja es joven, tiene 30 años. Borja cae bien. Borja es el medio ojito derecho del jefe. El otro medio ojito es una secretaria que tiene permanentemente a su lado y de la cual se rumorea que tiene líos de vez en cuando con él en el despacho. En fin, Borja es lo que mi marido quiere llegar a ser. Borja nos fue contando, bueno, me fue contando, como es la vida de mi marido y la suya propia en la oficina, dentro del departamento de contabilidad. De vez en cuando hacía comentarios graciosos y provocaba que me desternillara literalmente de risa. Mi marido también reía. El viaje hasta el Escorial, se nos pasó en un pis pas.

Cuando llegamos al chalet de D. Pedro, él andaba por allí en bañador y con una cerveza en la mano. Eran las 10 de la mañana y nos saludó como si diera una importancia extrema a nuestra presencia allí. Nos llevó hasta una habitación y le dijo a mi marido que esa era la nuestra, que dejáramos nuestras cosas y que nos pusiésemos el bañador, que la piscina estaba de lo lindo y el agua estaba caliente. A Borja, su Borja, le indicó otra habitación próxima a la nuestra y le recomendó lo mismo. Bueno casi, pues a él le dijo que a ver si era la última fiesta a la que acudía sin pareja. El protestó y respondió que otras compañeras y compañeros se encontraban en la misma situación, pero D. Pedro le dijo que eso a él no le importaba, que él necesitaba una mujer a su lado para que asentara la cabeza. Yo sonreí al encontrarme con la mirada de Borja. Nos perdimos en nuestras habitaciones no sin antes oír la recomendación de D. Pedro de que nos diéramos prisa y bajáramos a encontrarnos en la piscina con el resto de empleados que ya habían llegado.

Habríamos allí unas 40 personas, de las cuales unos 30 eran empleados de D. Pedro. Los diez restantes, éramos esposas o esposos de sus subordinados.

Nos pusimos nuestros bañadores y bajamos al encuentro del resto. Yo me había puesto un bikini azul y mi marido un bañador negro. Por las escaleras nos encontramos con Borja que llevaba un bañador algo ceñido y dejaba ver a las claras su “paquete”. Una vez al lado de la piscina, nos acercamos a una de las mesas donde se servían aperitivos y bebidas. Mi marido y yo tomamos algo y él me presentó a alguno de sus compañeros así como a sus parejas. Cerca de las 12 de la mañana, es decir, dos horas después, nos dimos el primer baño. La gente se arremolinaba alrededor de la piscina y unos eran empujados y otros reían sin cesar. Observé con cierto estupor como los allí congregados bebían más de la cuenta. Les eximí pensando que eso era debido a que se iban o nos íbamos a quedar a dormir. Mi marido se lo pasaba en grande. Parecía que quería hacer gracias para llamar la atención de los demás, en especial de Pedro. Borja hablaba con unos y con otros derrochando simpatía. Yo tuve que soportar la conversación un tanto estúpida de una mujer que era la mujer de otro compañero de mi marido. Hablaba mal de todo el mundo, excepto de D. Pedro y de Borja. Se diría que allí todo el mundo quería contentar o hacer gracias a D. Pedro. Y en cuanto a lo de Borja, me atrevería a decir que le gustaba. Aunque la verdad, creo que Borja gustaba a todas las mujeres por esa forma de ser que tenía.

Después de darme un par de baños, en los que mi marido ni me prestó atención, salí del agua a tomar el sol. Observé en la lejanía como se lo pasaba muy bien con otros dos compañeros. No sé que estarían hablando, pero no paraban de reír. Al rato se acercó a mí y me ofreció un cigarrillo que acepté gustosa. Hablé con él y me estuvo contando que se estaban riendo de una mujer que andaba por allí, al parecer la mujer de un oficial contable, que no paraba de decir jilipolleces, pues estaba un poco bebida. Le regañé y le dije que no se riera de nadie, que él también estaba algo pasado. Me preguntó si me lo pasaba bien y le dije que si, pero que me estaba entrando sueño. Me dijo que aguantara hasta después de comer, hora en que los hombres se iban a echar una partida de cartas y las mujeres jugaban al Brokermi, una especie de juego de cartas. Le dije que yo no quería jugar a las cartas y menos a un juego que ni conocía y él me contestó que entonces me fuera a dormir.

Con estas andábamos cuando fue reclamado por D. Pedro. El se levantó de inmediato y me dejó allí. Observé como D. Pedro le ponía una mano en el hombro y le miraba a la vez que hablaba a un grupo de gente. No le di importancia. Pensé que mi marido estaría a sus anchas ante semejante escena. Ensimismada con esa visión y con mis pensamientos, no noté la presencia de Borja a mis espaldas.

-Hola. Te veo muy sola. Dijo.-Mi marido, se ha ido con D. Pedro. Respondí señalando al grupo.-Lo sé. Le va a proponer algo. No me lo ha querido decir, pero lo imagino. Dijo él. -¿Qué le va a proponer?-No te lo puedo decir. No soy la persona indicada para hacerlo. Ten paciencia. Todo saldrá bien. Dijo y se alejó de mi lado.

Me quedé pensativa. Tal vez le iba a subir el sueldo. Tal vez le iba a ascender. Comencé a pensar en lo que le podría estar diciendo e incluso estuve tentada de ir hacia el grupo, así me enteraría. Desistí al no ver en el grupo a ninguna mujer. Llegó la hora de comer y así lo hicimos. De pie. Bajo los árboles. En plan aperitivos, donde no faltó el marisco de primera calidad. Pregunté a mi marido, que es lo que le quería D Pedro y él me dijo que nada, que había estado hablando muy bien de él, que había reconocido el buen trabajo que había hecho en ese año en la empresa y que llegaría lejos. Después de comer la gente se fue esparciendo por el césped, a la sombra unos, otros al sol, hasta que llegó la hora de la partida de cartas. Ellos se fueron a jugar a la bodega del chalet y ellas se fueron al salón de la casa a lo mismo. Decidí que era el momento para echarme un rato la siesta. Me incorporé, recogí mi toalla y cuando la estaba doblando apareció Borja.

-¿Te vas a jugar a las cartas? Me preguntó. -No. No se jugar. Iba a echarme un rato en mi habitación. Dije. -Haces bien. Estas partidas acaban a las 8 o las 9, antes de la barbacoa. Y son las 5 de la tarde. Se tomarán cuatro whiskys, se fumarán un buen cohíba y luego saldrán todos en tropel para hacer la barbacoa y demostrar a D. Pedro que se es mejor que el compañero. Es una competencia, aunque leal, alguna vez, desleal. ¡Parecen jilipoyas!

Así estuvimos cerca a de 15 minutos hablando de bagatelas. Al cabo de ese tiempo me dijo que me invitaba a tomar algo en la bodeguilla de la piscina. Acepte, pues pensé que no sería malo que me tomara algo con él. Era tan agradable, nos había traído en su coche y era tan atento…No veía razón para negarme. Al preguntarle que si él no jugaba a las cartas, él me dijo que no era su estilo. Prefería valorar otras cosas en la vida. Le pregunté…

-¿Cuáles, por ejemplo? -La belleza que desprende una mujer guapa, bella, sencilla y amable como tú. Su compañía. Esa fue su respuesta ante la cual me puse visiblemente colorada. Él rió.

Así pasamos otro cuarto de hora más. Charlando y charlando de cosas cada vez más profundas. Se diría que estaba intentado flirtear conmigo. No lo sabía, pero si era así, no me importaba. A todas las mujeres nos apetece de vez en cuando que alguien se interese por nosotras. Entonces él, al menos así lo quería hacer ver, reparó por vez primera en mi bikini. Me dijo que era muy bonito y acercando una mano a mi braga, tocó su tela. Yo no hice nada. Tampoco debía hacerlo, él no me tocó. Tomó entre dos dedos una parte de mi braga y lo examinó para ver la calidad de la tela. Luego remató el hecho diciendo que era de la misma calidad que el suyo, ante lo cual yo miré su bañador ajustado y me encontré con el paquete de Borja otra vez. Sonrió y me dijo que tal vez fuera algo escandaloso, pero que al fin y al cabo, era un bañador. Ya se daba cuenta que era llamativo, no por el color, ni la forma, si no por lo que dejaba o insinuaba que había debajo. En fin, que cada cual tenía lo que tenía y él tenía eso, y eso se notaba así como yo tenía una raja y mi bikini la delataba, pues parecía una hucha esperando monedas. Me partía de risa por la forma que tuvo de referirse a mi raja.

Lo dijo con esa cara, con esa voz, con esa simpatía que no pude molestarme ante semejante comentario impertinente. Tomó su copa en las manos, brindó conmigo por la amistad, que según  él, estaba fraguándose entre mi marido y él, porque eso le permitiría disfrutar de mi presencia de vez en cuando. Lo agradecí y choqué mi copa con la suya diciendo “un, que así sea”. Seguimos hablando y llegamos a un punto de la conversación en la que me comentó lo que era un secreto a voces, que D. Pedro tenía una secretaria, Isabel, que era una amiga o una empleada íntima. Nos reímos con sus ocurrencias y nos fumamos un cigarro. Le noté algo nervioso y le dije que si quería nos podíamos marchar con los demás. Él me dijo que estaba muy a gusto conmigo y que no le apetecía nada, respirar el ambiente de humo de los cohíbas que se estarían fumando. Me dijo que nadie nos echaría de menos, al menos a él. Yo le dije que mi marido tampoco y nos reímos otra vez, a la vez que brindábamos otro sorbo por que se yo que cosa.

Sentado a mi lado, se acercaba cada vez más a mi cara para decirme o susurrarme tonterías. Yo le dejaba pero reconozco que la situación estaba resultándome un tanto embarazosa. Me puse en pie y él también. Me preguntó que si me ocurría algo y le dije que no, que tenía calor. él accionó un mando y el aire acondicionado inundó la bodeguilla. Aprovechó que yo me senté otra vez para abrir la puerta de la bodeguilla y echar un vistazo fuera. Le oí decir algo y no presté atención. Cuando lo repitió en voz más alta, me intrigué.

-No me lo puedo creer, vaya, vaya con Manoli. Dijo. Ven, acércate y mira. Y dime que no es mi estado, dijo señalándose a su bulto que había aumentado ligeramente.

Me incorporé y me fui hasta la puerta. Allí estaba una empleada de D. Pedro, Manoli, tumbada bajo un árbol con los ojos cerrados y una mano metida dentro de la braga del bikini.

-Se está masturbando. Dijo Borja.

No dije nada. Él se giró y me sonrió.

-En fin cada cual es muy libre. Si es eso lo que la apetece…pero habiendo tanto varón suelto por aquí…..caray con Manoli. Dijo algo excitado. ¡Será el calor!

La tal Manoli estaba claro que se estaba haciendo una paja, al menos se lo estaba acariciando. Supongo que estaría desinhibida y algo ebria. Tomamos asiento de nuevo y ahora la conversación tomó unos derroteros distintos. Se hablaba de sexo. De Manoli, de las mujeres y de los hombres en general. De la libertad, de los cuernos, de porque no se había casado. Llevábamos una hora en la bodeguilla. Miré el reloj, eran las seis de tarde. él se arrimaba con su cuerpo y con su boca cada vez más. Empecé a sospechar que me quería besar, pero lo descarté, pensando que no se atrevería al ser yo la mujer de su compañero. Se puso en pie de golpe y vi el bulto de su bañador. Estaba empalmado. Muy tieso. Le oí decir algo.

-¡No joder, no! ¡No puede ser!

Al preguntarle que le ocurría, me dijo simplemente lo que no esperaba oír ¿o sí?

-Mira como estoy, dijo señalando el bulto de su entrepierna, y esto es porque estoy contigo. Y si no fueras la mujer de mi compañero de oficina, otra cosa sería, pero no puede ser. Tú estás casada y tu marido goza de mi aprecio y del aprecio de D. Pedro. Yo me he pasado de la raya. Lo lamento de veras. No me hagas caso. -¿Y en que momento has pensado que podía haber algo entre nosotros? Eso fue lo que pregunté. Nada más. -No lo he pensado. He visto que eres distinta a las demás. Eres guapa y eres una persona inteligente con la cual da gusto tener una conversación sobre cualquier tema. Tal vez debería irme y salir a ver si Manoli está con su masturbación y quién sabe, tal vez nos consoláramos los dos. Me dijo muy tranquilo. -Sí. Tal vez eso es lo que deberías hacer. Le dije mirando el bulto de su entrepierna. Te va a estallar el bañador. Le dije a la vez que me reía.

El se sentó a mi lado. Arrimó su cara a la mía y se quedó un rato escrutando mis ojos. Luego se decidió. Su boca se pegó a la mía y me besó en los labios. Un mareo me invadió. Un vértigo me devoró. No podía estar ocurriendo aquello. Era Borja, el amigo y compañero de mi marido, Sin tiempo él puso su mano en mi espalda y volvió a besarme. Y me dejé. Dejé que me besara con su lengua. Y reclinado sobre mí siguió besándome y acariciando mi espalda. Un movimiento extraño en su cuerpo al que no di importancia, pues tenía los ojos cerrados, me desmadejó por completo. Tomó mi mano en la suya y la llevó hasta su entrepierna. Allí me topé con sus huevos y su polla. Y no había bañador.

Abrí los ojos y miré. Los últimos vestigios de su bañador, descendían por sus piernas hasta sacarlo de su cuerpo. Quise decir algo pero con sus besos lo impidió. Solté aquello que había cogido en mi mano, y la retiré sin que él acusara el menor impacto. Siguió aplicándose en los besos. Besos que yo no negaba por otra parte. Luego su mano se hizo más solicita y se posó encima de la braga de mi bikini. Mis piernas abiertas fueron el camino fácil que él esperaba encontrar. No es que las tuviera excesivamente abiertas, pero si lo suficiente para que él posara un dedo sobre mi raja. Con el dedo encima del surco que se vislumbraba debajo del bañador, él susurraba cosas muy bajito y me besaba. Me reclino hacia atrás y comenzó a frotar cada vez más intensamente su dedo.

Mi mano solita, sin que nadie la guiara, se fue a su polla y la amarró por el tallo. Me sorprendí iniciando los vaivenes de subida y bajada de su prepucio. Estaba dura. Fuerte, él seguía sondeándome por encima de la braga. Abrí mis piernas más. Debió pensar que era la contraseña para acceder a más. Separó un lado de mi braga y dejo mi coño al descubierto. Ahora su dedo se impregnó de mis flujos y el tacto fue más suave debido a la lubricación.  A todo esto seguía besándome con ardor. Introdujo un dedo dentro de mí y me hundí en mis miserias.

Traté de incorporarme para protestar o para chupársela. ¡Que sabía yo! Yo estaba nerviosa y viciosa a la vez. No me podía imaginar allí sentada haciéndole una paja a Borja. No podía ni sospechar una hora antes que ahora él estaría metiendo un dedo en mi coño. Atiné a decir algo entre beso y beso.

-No debemos hacer esto, no está bien Borja. Soy una mujer casada. Eres el compañero de mi marido. -Chisssss, todo está bien si se hace a gusto. Replicó él aplicándose otra vez en mi boca y sondeando más en mi interior con su dedo. -No….Borja…no está bien…dejémoslo estar….no está bien…Mis palabras iban perdiendo fuerza cada vez más. -Borja, por favor, no, déjame te lo ruego…Estoy casada.  -No importa. Es lo que nos gusta. Dijo.

El muy hábil, había dado con mí clítoris y lo masajeaba provocando en mí un deseo ya irrefrenable. Se puso en pie ante mí y me ofreció su verga dura e hinchada para que yo la tomara con mi boca. Lo hice sin esfuerzo. Chupé su verga una y otra vez, a la vez que él me despojaba de mi parte alta del bikini y liberaba mis pechos.

Luego, fue un caballero. Apartó de mi boca su polla y se agachó delante de mí, y aún con mi braga puesta, separándola más, me lamió sin descanso. Mordí mis labios, gemí, y apreté mis pechos con mis manos. Después de darme placer unos minutos, se levantó y cerró la puerta de la bodeguilla y me despojó de la braga del bikini. Volvió a besarme y lo irremediable llegó.

-Follemos. Me dijo. -No Borja, por favor, no hagamos más. Dije sin fuerza alguna y deseosa de que su polla se incrustase en mi. -No podemos quedarnos así. -Terminemos. Yo te la chupo hasta que te corras.

Ni puto caso. Se arrimó a mi cuerpo. Se pegó a el. Noté su pene en mi vientre. Percibí como se abría paso en mi interior hasta metérmela toda. Luego el vaivén acompasado y deseoso, dio paso a una serie de gemidos de ambos, solo interrumpidos por una pregunta.

-¿Te proteges de alguna manera? -Siiii. Fue todo lo que dije dejada llevar por el placer que me estaba proporcionando el polvo con Borja.

No tardamos demasiado en corrernos, tal vez por los nervios de la situación. Yo aguantando todo el ruido que emergía de mi garganta y él apretado contra mí hasta acabar de soltar todo su semen en mí interior. Terminado el polvo, me besó, cosa que agradecí y rápidamente nos vestimos. Yo me limpié con unas servilletas y él me miro preguntándome que si tomaba pastillas.

-Tranquilo Borja, si las tomo. No me puedo quedar embarazada. Dije relamiéndome aún por el polvo, que por inusual e inesperado, me dejó tremendamente corrida.

Cuando íbamos a salir de la bodeguilla giré mi cabeza hacia la única ventana que había en ese cuarto. Allí me encontré el rostro de Manoli tan sorprendida como yo. Se lo dije a Borja.

-¡Joder, nos ha visto Manoli! -¡Y que importa, no dirá nada! Dijo él. -Pero ¿Y si lo larga por ahí? Nos ha visto. Nos ha visto follar. No sabemos el tiempo que llevara mirando por la ventana.-No dirá nada. Tranquilízate. Sólo tú y yo, sabemos lo que ha ocurrido aquí. De Manoli, ya me encargaré. Ella no dirá nada.

Claro que no iba a decir nada. Esa noche estuvo toda la noche en la cama de Borja. Era el silencio. Era el precio que hubo de pagar Borja por mí y por mi estabilidad matrimonial.

Al día siguiente, nos regresamos a Madrid muy temprano. Borja tenía cosas que hacer y aunque le había dicho a mi marido que nos quedáramos, que nos regresaríamos con alguien o incluso en taxi que él muy justamente pagaría, decidimos irnos de regreso a Madrid en su coche. Nos dejó en la puerta de casa.

El camino de regreso ya no fue como el de ida. Ya no hubo bromas de Borja. Ya no era o no se mostró simpático y agradable. Fue todo el camino mirándome por el espejo retrovisor mientras escuchaba la sarta de jilipolleces que hablaba mi marido del día de antes. Mi marido no paraba de reírse de Manoli, de la otra compañera borracha, e incluso se permitió criticar a D, Pedro con lo que eso podía suponerle, pues delante de él estaba su brazo derecho.

Un beso por despedida y subimos a casa. Mi marido se sentó en el salón, y yo me fui a la habitación. Me dispuse a ducharme y detrás mío él.

Pasó el mes y no me bajaba la regla. No le di importancia. Pasó el segundo mes y me tocaba descansar. El tercer mes fui a por la primera píldora, y mi sorpresa fue mayúscula cuando descubrí en un cartoncillo aquella pastilla que me tenía que haber tomado el sábado del chalet y por la excitación de la fiesta, no lo había hecho.

Después de acudir al médico, se que estoy embarazada de tres meses. Mi marido no da crédito. No quería hijos ahora. Su trabajo era lo más importante. Pero lo peor es que yo no se quien es el padre, si Borja o mi marido. No puedo abortar, pero algo me dice que el padre de esta criatura que llevo dentro es Borja.

Por cierto, Borja ha anunciado que se casa con Manoli. Aquella noche debió ser muy prometedora para él. Tenía cara de puta y se comportaba como tal.

Que cosas tiene la vida, Manoli tiene a Borja en su cama y yo tengo a su hijo en mi vientre. No tengo dudas.

La jefa de departamento

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En esta ocasión les voy a contar algo que me sucedió recientemente mientras asistía a un curso de actualización organizado por la empresa donde trabajo.

Todo pasaba con normalidad ese día, saludar a viejos amigos y colegas que hacia rato que no veía y quedar bien con los jefes asistiéndoles en la medida de los posible. En estas actividades estaba, saludando a algunos de mis superiores, al director general, a los administrativos (especialmente a las chicas de de informática y administración) sin olvidar a la jefa de departamento. Ella es una mujer madura muy guapa que se ha sabido conservar de muy buena manera, de carácter fuerte y firme, una de esas mujeres que saben bien lo que quieren, claro sin dejar de ser amable. La saludé de forma normal y ella me respondió de la misma manera, aunque algo en el tono de su voz no se me hizo normal, seguí en mis actividades sin darle mayor importancia.

Después de algunas horas dentro de las conferencias ya me sentía algo aburrido, decidí salir un momento para despejarme un poco, mirar los stands de los patrocinadores que nunca faltan a ese tipo de eventos, sin darme cuenta salí con el gafete aun colgado al cuello, casi al salir escuche a alguien que decía
“usted debería verse aun mejor, eso es solo para identificarse licenciado, no es un accesorio”
era una voz femenina llena de autoridad que me hizo sentir pequeño, recordé que tenia el gafete puesto y sin decir nada me lo quite y lo guarde en el bolsillo de mi saco, con disimulo mire quien había dicho eso, vi a la única mujer que estaba en esa zona, era la jefa del departamento, al notar mi mirada solo esbozó una cara sobria, continúe mi camino sin dejar de pensar en esas palabras, era extraño para mi pues normalmente no suele dirigirse de forma tan personal pues por la naturaleza de mi trabajo solo la llego a ver ocasionalmente o cuando asisto a uno de estos cursos, de hecho suele ser indiferente a cualquier comentario extra concretándose a el asunto que deba tratar, ni mas ni menos, pero después de todo lo mas seguro es que solo fuera mi calenturienta imaginación que esta activa permanentemente. Tome un café, mire por ahí un rato y regrese a las conferencias, al pasar por la sala de patrocinadores la vi nuevamente sentada en un stand que estaba desocupado, frente a su laptop, aunque no se veía que estuviera revisando algo precisamente, mas bien se le notaba aburrida y no era para menos pues el curso no tenia mucho que ver con su área de desempeño, la salude a la distancia con una seña y pase a las conferencia.
Así transcurrió el resto del día sin ninguna novedad, al finalizar el curso, me despedía de los colegas y los amigos cuando vi a la jefa de departamento platicando con los organizadores, noto mi mirada y volteo la cara hacia mi, yo solo pude decir amablemente
“hasta luego”
Ella respondió de la misma manera, algo raro pues no suele interrumpir sus conversaciones por saludar a alguien de un rango menor, continuaba con mi camino y la escuche que me llamaba
“licenciado, ¿puede venir un momento por favor?”
Me acerque
–“dígame, ¿en que le puedo servir?”-
“¿podrías ayudar a recoger el equipo de computo que se uso en conferencias por favor?, mira esta al fondo, ahí ya hay algunos de tus compañeros almacenándolo”
–“claro, voy enseguida”-
Por dentro pensé (ya se me hacia demasiada atención de su parte, para lo único que me dirigiría la palabra es para pedirme algo, debo de dejar de pensar en estupideces). Cuando llegué al lugar ya habían cargado casi todo en el ascensor de servicio, tome una caja que aun faltaba cargar y me apresure a entrar al ascensor, este nos llevo a el sótano del lugar donde subimos las cosas a una camioneta de la empresa, solamente dejaron una laptop y una impresora que me pidieron cuidara unos minutos mientras que pasaba Giménez en otro vehículo a recogerla, pues ese equipo había sido prestado por el y no pertenecía a la empresa.
Me quede esperando a que pasaran a recogerlo, estuve en el lugar cerca de 15 minutos, la mayoría de los asistentes ya se habían retirado pues había empezado a llover y el trafico suele complicarse en esa zona de la ciudad. Se acercó un auto y era la jefa de departamento, se detuvo donde yo estaba, bajo su ventanilla, me miro y dijo
“licenciado, ¿que hace aquí?”
–“cuidando este equipo mientras viene Giménez que debía recogerlo”-
“hay no puede ser con este tipo, tiene mas de media hora que salió de aquí, ya debió olvidar que tenia que recogerlo, no te preocupes, súbelo a mi auto y yo mañana se lo entregare”
Tome la laptop y la impresora y la coloque en la cajuela de su auto,
-“gracias, ahora debo irme”-
“espere licenciado, suba a mi auto, lo llevare cerca de su hotel, queda de paso a mi casa, además está lloviendo a cantaros allá afuera”
Me contesto.
Subí al auto inmediatamente, al entrar no pude dejar de notar sus lindas piernas saliendo por debajo de esa falda, su blusa blanca se pegaba a las formas de su cuerpo por que estaba mojada por la lluvia, eso hacia que se marcaran bellamente sus senos; al notar mi mirada dijo
“¿todo bien licenciado?”
–“si, es solo que note que esta completamente mojada”- Pensé de inmediato (maldita suerte ahora solo falta que me reporte por acosarla)
“ni lo menciones, salí a tomar un café al terminar el evento y de regreso camino al estacionamiento me tomó por sorpresa este aguacero”
me decía esto mientras se sacudía un poco del agua de su blusa que no hiso mas que adherir la delgada tela aun mas a su hermosa piel blanca, condujo algunas calles mientras platicaba de cosas triviales, yo le respondía casi en automático mientras que mi mente no dejaba de recordar lo que había visto hace escasos momentos y como ya lo mencione antes ella es una mujer madura que a pesar de los años se ha sabido conservar en excelente forma, es alta, delgada, de piel clara, tiene el cabello largo y rizado, un rostro lindo que siempre luce bien maquillado, tiene piernas bien formadas y su manera de vestir resaltan mucho sus atributos, definitivamente no le pide nada a el cuerpo de alguna de las mujeres mas jóvenes, esto para mi era una escena incómoda, pues mi mente continuaba con esas imágenes morbosas, aun sabiendo que esa mujer seguía a mi lado apenas a unos centímetros. Su voz interrumpió aquellos pensamientos,
“eres muy callado o es que te estoy molestando”
–“no para nada, es que soy algo tímido en ocasiones”-
“entiendo, no deberías ser así, la gente suele crearse una imagen equivocada de las personas que hablamos poco, yo igual soy muy reservada en el trabajo, pero fuera de él suelo ser un poco mas extrovertida”
Llegamos a mi hotel y entro con su auto hasta el estacionamiento subterráneo,
“oye, podría pasar un momento a tu habitación para secarme un poco y cambiarme esta ropa, si no te molesta”
–“si claro, debería hacerlo pues ya esta haciendo bastante frio”–
“tengo una muda de emergencia en el maletero para ocasiones como esta”
Me ofrecí a cargar el bolso donde llevaba su muda de ropa y subimos hasta mi habitación, entramos, coloque mis cosas sobre el tocador de la habitación, ella me dio la espalda, caminó justo al centro de la habitación:
“¿podrías ayudarme a bajar el cierre de la falda?”
Tarde un momento en asimilar esas palabras, por un instante pensé que eran solo de mi excitada imaginación, volví a la realidad y vi que era verdad lo que había escuchado cuando soltaba el broche primario de su falda, reconecte mi cerebro y mi mente a mi boca.
-“claro, permíteme”-
Me acerqué con timidez, baje el cierre, sus manos comenzaron a bajar la falda lentamente, ante mi estaba una imagen impresionante de su precioso trasero decorado solo por una panti negra muy elegante, la falda resbalo suavemente como si no quisiera despegarse de sus caderas… y quien podría querer dejar de sentir tan lindo trasero…. finalmente la falda llego hasta sus piernas y cayó hasta el suelo donde fue recibida por unos costosos zapatos de tacón muy pronunciado, estaba atónito con tan insinuante situación, se giro, dio un paso hacia atrás para quedar frente a frente, su mirada estaba fija en mi rostro, su mano derecha soltó el primer botón de la blusa mientras que la otra repetía la operación en el segundo, era una escena que pasaba en cámara lenta ante mis ojos, poco a poco los botones de su blusa se agotaron, su mirada era maliciosa, solo oculta bajo el marco de sus anteojos, abrió su blusa por completo y esta tuvo la misma suerte que su falda, su fino bra negro era el único sobreviviente sobre sus bien formados pechos, se quito los anteojos y los arrojó hasta el tocador, su rostro lucia aun mejor de esta manera, sus pestañas largas y rizadas ahora eran lanzas que parecían me matarían ante la primer mirada directa, me quede petrificado, mi miembro estaba sufriendo el mismo efecto; por fin mi cerebro pudo conectarse con mi boca y articular algunas palabras:
-“usted en verdad que es muy distinta de lo que creí”-
“¿a que te refieres?”
Esbozó una cara seria, tal vez se había sentido ofendida
-“no creí que estuviera tan guapa, bueno eso es lo que puedo ver desde aquí”-
“gracias “
Sonrió, su semblante cambio nuevamente, ahora se veía un poco sonrojada y un extraño brillo se notó en sus ojos, lentamente se acerco a mí izquierda me tomo la mano y la puso sobre su cintura
“¿y así de cerca me sigo viendo guapa?”
-“así de cerca no solo es guapa, es muy sensual”-
Dio un paso al frente, colocó su brazo alrededor de mi cuello quedando prendida de el y recargo todo su lindo cuerpo contra el mío, sin duda pudo sentir la erección que crecía bajo mis pantalones.
La tomé con delicadeza por la cintura y espalda, ella me beso en los labios de una forma muy apasionada, se notaba la gran experiencia y la decisión de obtener siempre lo que desea, sus labios eran deliciosos, húmedos, cálidos, su lengua inmediatamente fue al fondo de mi boca, lo hacía con movimientos hábiles que yo no había experimentado nunca antes, su aliento era exquisito se mezclaba con el aroma de su cuerpo que se hundía a través de mi nariz llegando a mi cerebro y anulando cualquier otro pensamiento que no fuera ella.
Me tomo de la mano y me llevo hasta la cama, entre besos y caricias hiso que me recostara, tenia una forma dominante y muy sexy de recorrer mi cuerpo con sus manos, su boca me excitaba al máximo mientas recorría mi cuerpo y mis labios. Mis manos recorrían su cuerpo con delicadeza alcanzando sus piernas, nalgas y su espalda, ella permanecía montada en mí, asediándome con el calor de su vagina que traspasaba su elegante panti y frotaba mi miembro con ella, sabía muy bien lo que estaba provocando en mí.
En cuanto sintió el bulto que se forma en mi pantalón lo acomodó con una de sus manos sobre mi vientre en dirección a mi ombligo para después acomodar nuevamente su caliente vagina sobre el y reiniciar sus rítmicos movimientos, asiendo que yo disfrutara de una paja excitante, pude notar como esta situación le excitaba, hábilmente me saco la camisa y esta vez fue su lengua quien me erizaba al contacto, recorrió mi pecho lenta y deliciosamente y regreso a mi cuello, sus manos desabrocharon mi pantalón y en unos cuantos movimientos se había despojado del resto, yo no podía dejar de recorrer su espalda, alcance el broche del bra que cedió fácilmente, el tiempo parecía detenerse nuevamente; brotaron dos preciosos senos bien formados, blancos como las nueves coronados por dos ángeles que eran sus pezones, se despojo de esa prenda y dirigió mi rostro contra ellos, bese suavemente al primero que tuve a mi alcance, su cuerpo dio un diminuto salto que recorrió su espalda en una descarga, sus pezones se pusieron firmes en respuesta, volví a besarlos con la misma suavidad, sus pezones estaban ya totalmente turgentes, la punta de mi lengua roso a esos ángeles, escuche sus suspiros, su cadera se restregó con mayor fuerza e intensidad sobre mi verga en esta ocasión, el tiempo volvió a marchar, sus caderas se movían deliciosamente sobre mi, besaba sus pechos alternadamente con sus hombros y su cuello que tenia un aroma desquiciante, ella contoneaba su cuerpo de modo tal que mis caricias fueran directamente a donde ella lo estaba deseando, sin duda era dueña de la situación.
Quito la ultima prenda que seguía aferrada a tan hermoso cuerpo, su vagina bellamente depilada con solo un poco de vello delineado con precisión reclamaba su parte del botín, asumió la misma posición montada sobre mi, volvió a poner mi verga dura recostada sobre mi vientre apuntando el glande hacia mi ombligo, sin dejarse penetrar hábilmente coloco su húmeda vagina sobre el cuerpo mi verga, sus labios vaginales quedaron a cada lado de mi verga, reinicio el tortuoso masaje sobre mi verga que me estaba matando deliciosamente, el calor de su vagina era directamente vertido sobre todo el cuerpo de mi verga gracias a los abundantes jugos que emanaba su cuerpo, pronto lubricaban abundantemente y hacían que viviera la paja mas extraña y deliciosa de mi vida, miro mi cara de excitación, subió el ritmo del movimiento, el dominio la excitaba a ella tanto como a mi, la fricción de nuestros sexos me tenia en la sima del éxtasis, apreté sus nalgas para tratar de deterla un poco, yo no quería terminar sin penetrarla primero y ella no pretendía ser penetrada aun, al presionar sus caderas solo logre que la presión y la fricción sobre mi verga fuera mayor, sus ojos se abrieron un poco mas, su rostro expresaba la excitación, un fin sudor brotaba de su rostro, aprovechó el aumento de la fricción para aplicar también su castigo en su clítoris con la misma pasión, su respiración estaba agitada, no pude notar nada mas en su rostro por que m i boca regreso a sus deliciosos pechos, una mano en mi nuca me decía que ese era el camino correcto, mientras que ella seguía restregándose con mi verga y castigando su clítoris en mi; mi rostro se perdía en sus pechos que para este momento estaban comenzando a sudar, podía escuchar su corazón agitado, su piel era deliciosa y tersa, la mas suave que había probado, con facilidad se sonrojaba al hacer una leve succión o al morderla, mis manos alternaba sus caricias en sus nalgas y su espalda, en parte para evitar despegarme de su cuerpo, sus nalgas se podrían haber fundido a mis manos por lo calientes que estábamos, se contraían rítmicamente los músculos de esas preciosas y firmes nalgas, se notaba que el gym era uno de sus pasatiempos, los muslos bien formados que me rodeaban me confirmaban mis suposiciones, me tenia súper excitado, casi suplicaba por que me dejara penetrarla pero su posesiva forma de hacerlo me tenia atrapado y me tenia a una sacudida del orgasmo, yo quería depositarlo en su vagina pero lo que sentía era tan delicioso que si asía lo quería ella yo no podía pedir nada mas, con sus manos en mi nuca dirigía mi rostro para indicarme en que lugar deseaba sentirme, así lo hice hasta que algo nuevo sucedió, sus manos e aferraron con mayor firmeza a mi, su cuerpo parecía contraerse intermitentemente, era claro que la excitación que yo estaba sintiendo estaba teniendo la misma intensidad en ella, seguramente ya se habría dado cuenta que no tardaría mucho en venirme, el poder de seducción que ejercía en mi la ponía cerca del éxtasis, su cuerpo se levanto ligeramente, tomo mi verga y la coloco justo a la entrada de su vagina, sentí un inmenso calor sobre la punta de mi verga, ella soltó un largo suspiro, la cabeza de mi verga en su raja le provocaba la misma excitación que a mi, después se dejo caer sobre mi, encajándose de un solo golpe todo el grueso de mi, su raja se abrió de par en par para mi, facilitándose mas por la abundante lubricación en su interior, el calor de su interior era casi intolerable, quería venirme en ese momento, pero la violencia con que se dio esa penetración también me causo un poco de dolor que calmó mis ansias, su cara era de completo éxtasis un gemido ahogado en su boca me decía que estaba ella tan cerca del orgasmo como yo, sin parar un solo momento comenzó a mover sus caderas ahora en forma circular, apoyando sus manos en mi abdomen para tener un mejor apoyo, en esta posición clavaba sus uñas en mi abdomen cuando la verga en su interior rozaba las zonas mas sensibles de su cuerpo, al tener sus brazos juntos hacia que sus pechos se apretaran uno contra el otro, el volumen de esos celestiales pechos parecía haber aumentado, era una imagen divina, me tenia engolosinado, comenzó a mover mi pelvis hacia arriba, esto levanto un poco su cuerpo, sus caderas en mis manos se contrajeron y nuestros sexos hicieron un pequeño sonido entre liquido y chasquido, repetí la operación con mas fuerza, la reacción se repitió ahora acompañada de un nuevo rasguño en mi abdomen, me miro fijamente a los ojos, sonrió y mordió su labio inferior, lo estaba disfrutando mucho, esa era la señal para continuar, ahora combinábamos su movimiento circular de caderas con mi movimiento ascendente y descendente de mi pelvis, sus jugos escurrían abundantemente sobre mi verga llegando a mojar mis testículos, el chasquido liquido de nuestros sexos se mezclaba con el sonido de gemidos y suspiros de placer, los movimientos subían de tono, las caricias se volvían mas fuertes llegando casi al punto de la violencia que desfrutábamos abiertamente, las respiraciones eran muy agitadas en este punto, la tortura previa había menguado mis fuerzas, no podría durar mucho y no quería dejar de disfrutar tan magnifica hembra, su vientre se agitaba repentinamente, su blanca piel se puso enrojecida, un leve sudor llenaba su cuerpo, la tención en sus músculos se presentó, su rostro tenia un gesto muy particular, su cadera se movió con tremenda violencia, gemía intensamente pero de forma ahogada, las intensas contracciones de su vagina en mi verga confirmaban el diagnostico, se estaba viniendo, yo ayude su objetivo con fuertes arremetidas que llegaban hasta el fondo, continúe así aunque ella pedía que fuera mas lento, no hice caso, tanto que su cuerpo saltaba en ocasiones sobre mi, sus pechos saltaban ante cada embate, su cuerpo intentaba separarse del mío pero mis manos en sus caderas evitaban se librara de las embestidas, su orgasmo continuo, gemía casi como si quisiera llorar, se puso totalmente tensa y sus uñas se encajaron firmemente en mi abdomen, esta maniobra hizo que chorros ardientes de semen brotaran de mi verga llegando a chocar justo con el fondo de su vagina, sus entrañas debieron calentarse con mi jugo en su interior, la sensación logro que por fin se desinhibiera por completo soltando un gemido de placer intenso….
…Descanse las acometidas y ambos regresamos a nuestros movimientos pero esta ves de forma mas lenta, se podría decir que ahora eran movimientos tiernos, así continuamos un momento entre leves caricias y besos abrazados uno al otro se quedo dormida sobre mi, continúe acariciando su espalda por un tiempo, miro su reloj…. Lo inevitable tenia que suceder… regresamos a la realidad de los deberes. No nos hemos visto nuevamente en semejante situación, pero no pierdo la esperanza de repetir la hermosa experiencia que me hizo vivir.

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